FICHA TÉCNICA



Notas La autora hace una semblanza de Václav Havel, a propósito de su fallecimiento

Referencia Alegría Martínez, “La risa de Václav Havel”, en Laberinto, núm. 446, supl. de Milenio, 31 diciembre 2011, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

La risa de Václav Havel

Alegría Martínez

La composición del drama es una de las similitudes que encontró Václav Havel entre el teatro y la política. Tímido y parco de palabras, eligió el teatro como expresión literaria para poder esconderse detrás de sus personajes. Tras haber servido en el ejército entre 1957 y 1959, fue tramoyista y asistente de dirección. Privado de estudios superiores por el régimen comunista checoslovaco, debido a su origen burgués, estudió por correspondencia en la Facultad de Teatro de la Academia de Artes Escénicas.

Dramaturgo, primer mandatario elegido democráticamente después de casi medio siglo y primer presidente de la República Checa tras la separación de Eslovaquia en 1993, intentó imprimir una actitud estética a su mandato y reconoció haber concedido importancia a todo tipo de símbolos y a la política de gestos.

Nacido en 1936, murió de cáncer de pulmón el 18 de diciembre de 2011. Tuvo un cortejo fúnebre multitudinario, en el que se le rindieron honores militares y se escuchó el repicar de campanas, así como el sonido de los llaveros, una reminiscencia de las protestas contra la dictadura comunista.

Para 1968, el momento de la Primavera de Praga, el reconocido director Joseph Papp estrenaba El memorándum, escrita por Havel en 1956, en el Public Theatre de Nueva York. Havel expuso así su propuesta a la disidencia estadunidense y ganó un Premio Obie a la mejor obra extranjera, mientras en su país, a la llegada de los tanques soviéticos, se prohibió representar y publicar su teatro que sin embargo se publicó de forma privada y circuló en Europa Occidental.

Este texto sobre la naturaleza de los puestos de trabajo generados por el comunismo y la vigilancia implacable de los espías gira en torno al director de una oficina de gobierno preocupado por regenerar a una burocracia fuera de control, para lo cual introduce un lenguaje oficial que intenta mejorar la comunicación oficinesca pero termina por empeorar la situación cotidiana. Saltan a la vista la lucha de poder entre los directivos por implantar el nuevo lenguaje y los vicios burocráticos. Como en el caso de varias obras sobre el tema, El memorándum fue considerada subversiva por las autoridades.

La estructura narrativa que implica el teatro, el necesario sentido del espacio, del tiempo y del ritmo, atraían poderosamente a Havel, riguroso en su escritura satírica, en su obsesión por decir la verdad, por la movilización de la conciencia ciudadana y por mantener la identidad del hombre; un cúmulo de premisas que debía concentrar en las dos horas que dura una función para exponer las historias que quería contar.

Considerado una excepción entre los políticos por sus puntos de vista, disidente cuya estrategia se basó en el principio humanista de la antiviolencia, Havel participó en 1970 en el Comité para la Defensa de los Injustamente Acusados (VONS), surgido del proceso judicial al grupo de música The Plastic People of the Universe, por lo que fue condenado a casi cinco años de prisión –entre 1979 y 1984–, acusado de traición a la patria.

Obligado a trabajar en una fábrica de cerveza, escribió en 1975 Audiencia, sobre el abismo que separa a los intelectuales de los obreros. Cuatro años más tarde, con el permiso de escribir una carta por semana a su primera esposa Olga Splichavlóva, Havel redactó algunos textos que eludían la censura de la prisión mediante una escritura abstracta en la que hablaba de su pasado, sus esperanzas, temores, aficiones y el teatro, recopilados más tarde en Cartas a Olga.

Havel fue también portavoz de la Carta 77, un documento firmado por intelectuales que disentían con el régimen comunista y por lo cual también fue hecho prisionero. Padre de la Revolución de Terciopelo que consiguió el desmantelamiento de la dictadura sin derramar sangre, instaurador de un régimen democrático, Havel reclamó la discusión abierta de los problemas económicos y políticos que el régimen comunista ocultaba.

“Sólo se puede vivir plenamente sirviendo a la verdad a propósito y articuladamente”, dijo el presidente filósofo, de quien recordamos también las palabras que pronunció al recibir el Premio Sociedad Abierta otorgado por la Universidad Central Europea en 1999: “No existe una guía exacta. Quizá no hay directrices en absoluto. Lo único que puedo recomendar en este momento es un sentido del humor, la capacidad de ver las cosas en su dimensión ridícula y absurda para reírse de los demás y de nosotros mismos, un sentido de la ironía con respecto a todo lo que dicen en voz alta para parodiar este mundo. En otras palabras, sólo puedo recomendar la perspectiva y la distancia. La conciencia de todos los tipos más peligrosos de la vanidad tanto en los demás como en nosotros mismos. Una buena mente. Una modesta certeza sobre el significado de las cosas. Gratitud por el don de la vida y el coraje de asumir la responsabilidad por ello. Vigilancia de espíritu”.

Llamado el primer presidente surrealista del mundo por el dramaturgo Arthur Miller, Havel, quien en 1989 se dirigió a la multitud presente en la Plaza de Wenceslao para hablarle del Foro Cívico –del que fue líder–, durante las entrevistas con el primer ministro Adamec, portavoz del gobierno, pidió un minuto de silencio y un minuto de risa, lo que hizo reír a quienes se encontraban en el lado opuesto de la mesa.

Fiesta en el jardín, Dificultad de concentración, La inauguración –estrenada este año en la UNAM y protagonizada por Hernán Mendoza y Nailea Norvind bajo la dirección de David Psalmón–, Protesta, Largo desolato, La tentación, El error, son alguna de sus piezas. Convencido de que “La verdad y el amor prevalecerán sobre la mentira y el odio”, Havel, también escribió Meditaciones estivales, El poder de los sin poder, La responsabilidad como destino y Sea breve, por favor, un libro de memorias. Dejó al final La retirada, un texto dramático, autobiográfico e irónico, sobre la pérdida del poder y la ansiedad por recuperarlo.

El primer presidente moral de su país –como lo llamó Milán Kundera– para quien la política es un servicio que nace de la ética, se quedó dormido a la edad de 75 años. “A veces pienso que estoy soñando mi vida –llegó a decir– y en un momento dado me despertaré”.