FICHA TÉCNICA



Título obra El último sábado de junio

Autoría Jonathan Tolins

Notas de autoría Cristóbal García Naranjo / adaptación

Dirección Cristóbal García Naranjo

Elenco Emmanuel Morales, Francisco Rubio, Alberto Garmassi, Héctor Berzunza, Juan de la Loza, Francisco Cardoso, Eduardo Quintana, María del Carmen Félix

Espacios teatrales Teatro Julio Prieto

Referencia Alegría Martínez, “La inútil búsqueda de certezas”, en Laberinto, núm. 438, supl. de Milenio, 5 noviembre 2011, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

La inútil búsqueda de certezas

Alegría Martínez

Como si anduvieran por la vida con el pecho abierto, expuesto a toda lastimadura, los personajes homosexuales de El último sábado de junio, reunidos en el departamento de dos que son pareja el día de la marcha del orgullo gay, abren la posibilidad de mirar dentro de sí mismos desde diversos ángulos.

La obra, escrita por Jonathan Tolins y dirigida por Cristóbal García Naranjo, hace confluir a distintas generaciones de gays en un mismo lugar: desde el joven de poses excedidas, fascinado por el universo de experiencias excitantes, hasta el hombre mayor resignado y sarcástico, pasando por la pareja establecida a punto de un cambio, el enamorado de su cuerpo que exhibe su torso desnudo, el que elige una nueva actitud para seguir adelante y el amigo de antaño que opta por transformar su vida.

Todos, bajo el microscopio escénico, externan su punto de vista en un día de festejo, mientras observan desde lo alto de un edificio la marcha de sus pares. En ese espacio aislado en torno al magno evento, la convivencia, el reencuentro y algunas verdades desatadas ponen al descubierto los secretos y las posturas de cada uno frente a la infidelidad, el cibersexo, el matrimonio, el desacuerdo con la comunidad o el rechazo al sistema gay y su lucha contra la opresión heterosexual.

Desde la voz de sus personajes, el dramaturgo cuestiona con valentía el sentido de ser gay y las aristas que esto conlleva, incluida la autoaceptación y, como algo ya asumido, los obstáculos que debieron vencerse.

El hecho de que una obra de esta naturaleza –con una buena producción– pueda ser vista en un teatro como el Julio Prieto (antes Xola), y no dentro de un foro independiente de mínimas dimensiones con algunas sillas y un tapete, es un logro en tanto se sale del circuito cerrado de los asiduos a este tipo de montajes para abrirse a un espectro más amplio de espectadores. Por otra parte, no se trata de ese etiquetado teatro gay en el que sólo hay excesos, parodias y escasa calidad artística, sino de una obra interpretada acertadamente que plantea con seriedad asuntos que preocupan a todos en tanto seres humanos y desarrolla no sólo un tema que parte de la sexualidad para incidir en todas las áreas vitales, sino que expone las contradicciones, los temores y las necesidades de personajes tomados de la realidad en que vivimos.

El último sábado de junio, adaptada por el director, que ubica la acción en Avenida Reforma y no en Nueva York, da paso a que los personajes bromeen sobre la posibilidad de disfrazarse de Beatriz Paredes, Brozo, o Peña Nieto, y prosigue mediante diálogos ácidos sobre la cresta de un juego denso, que después se incrusta en bromas más allá de los límites, como las alusiones sarcásticas al caso de la extinta niña Paulette que, en voz de otro personaje, llama a “dejar de convertir todo en putería”.

El juego, propuesto por uno de los personajes, de que la situación planteada como un hecho real en la obra fuera vista como una ficción sobre un escenario, le da recursos a Tolins para hacer observaciones, acotaciones y subrayados sobre el contradictorio modo de ser de la multicultural comunidad gay, que se vuelven una crítica feroz y veraz.

El humor, la naturalidad, la crudeza con que de pronto se tratan los personajes –como el hombre mayor, quien expresa que si los allí reunidos estuvieran en una obra gay “habría personajes mordaces y conmovedores pretendiendo reírse del dolor que les causa ser vilipendiados”– es parte del valor de esta obra que expone abiertamente lo que necesita exponer.

Los actores y la única actriz establecen el entorno necesario para que una tarde que, en teoría, iba a ser tranquila y placentera para la pareja que planeaba mudarse al campo en pocos días se vuelva un área fértil para la pérdida y el desencuentro o la autoafirmación y el desafío.

García Naranjo conduce a buen puerto este coro de voces disímbolas. El espectador podrá experimentar una buena gama de emociones, concordancias y rechazos ante la compleja exposición de un mundo al que por lo general se etiqueta desde la superficie y la ignorancia.

Emmanuel Morales, Francisco Rubio, Alberto Garmassi, Héctor Berzunza, Juan de la Loza, Francisco Cardoso, Eduardo Quintana y María del Carmen Félix conforman el elenco de esta puesta en escena. Finalmente, lo que está en juego en la pareja, bien gay o buga, es el amor, la confianza, la generosidad y la madurez para seguir unida o separarse, aunque esto implique el duelo de la pérdida y la vuelta a empezar sobre una ruta desafiante que nos remita una vez más a la inútil búsqueda de certezas.