FICHA TÉCNICA



Título obra En el centro del vientre

Autoría Medardo Treviño

Dirección Medardo Treviño

Notas de dirección Víctor Carpinteiro / dirección adjunta

Elenco Alberto Estrella, Cecilia Toussaint, Ferdinando Valencia, Édgar Adrián, Martín Reynaldo, Larisa López, Mónica Gómez, Rosy Balderas

Escenografía Artuo Nava

Notas de Música Rodney Steve / musicalización y pista sonora

Vestuario Cristina Sauza

Espacios teatrales El Círculo Teatral

Referencia Alegría Martínez, “Sin falsos gestos”, en Laberinto, núm. 426, supl. de Milenio, 13 agosto 2011, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Sin falsos gestos

Alegría Martínez

Un mezquite viejo con sus ramas petrificadas resume la vida de Alberto, hombre de balazos, mujeres, hijos y cerveza; personaje seguro de ser un verdadero hombre. Epicentro de una familia extendida dentro de un poblado a orillas del río Bravo, desde donde resiste lo más que puede entre contradicciones y matices.

Medardo Treviño, laureado dramaturgo tamulipeco, escribe y dirige En el centro del vientre, obra elegida por Alberto Estrella para celebrar 25 años sobre el escenario, envuelto en la riqueza poética y la densidad de este texto.

En una atmósfera que evoca el universo rulfiano, los acontecimientos de esta obra quedan sueltos sobre la escena, como si fueran libres de transitar el no tiempo, de ser habitados por personas que ya no están vivas, pero siguen ahí, vigilantes, presentes, prendadas a la férrea raíz que mantiene parte de su esencia.

La historia de un hombre del campo que quiere prolongarse en sus hijos y tener presencia en todos los rincones de su pueblo, toma caminos universales cuando deja expuesto el interior de un ser humano que exige no temer mientras es presa de temores, que se comunica mediante órdenes, pero desea ser comprendido, que suple su infidelidad con devoción hirviente por su esposa, y que no tolera la idea de que uno de sus once hijos sea escritor.

Medardo Treviño, autor de 42 obras de teatro, director, actor y Premio Nacional de Dramaturgia Emilio Carballido en 2009, expande el universo de su personaje central, donde caben los sueños de sus hermanas, el espejismo de la modernidad y el consumo, el abuso del monopolio norteamericano, la impotencia de permanecer donde se ha nacido y la necesidad infinita de mantener la unión de una familia que desde su inicio separó la inercia de la voz rectora.

Con la colaboración de Víctor Carpinteiro como director adjunto, la puesta en escena de En el centro del vientre –obra que ha sido traducida al inglés y al croata–, es la oportunidad de escuchar la poesía de un lenguaje evocador y cotidiano a un tiempo, que traslada al espectador, mediante la interpretación de los actores, a ese campo explotado, como el interior de sus habitantes, que no hallan cómo conservar intacto lo que se resquebraja.

Ante un mezquite seco como centro escenográfico diseñado e iluminado por Artuo Nava, que preside un espacio posterior cubierto por un ligero telón que puede ser la alambrada fronteriza, o el límite de lo que protege la memoria, la obra de Treviño desnuda las palabras y expone la capacidad de humillación y violencia que poseen las personas en los pliegues de su debilidad.

Cristina Sauza diseña un vestuario para Alberto y su hermana que carga la aridez del entorno, mientras que a los jóvenes personajes femeninos los dota de una soltura expectante que seduce en su sencillez.

La musicalización y pista sonora de Rodney Steve, apuntalan la llegada franca del público a ese lugar de donde nadie debe salir y en el que la posibilidad de quedarse exige demasiado.

Ocho personajes son suficientes para que el dramaturgo se interne por parajes íntimos y lacerados, como lo hace mediante Delia, la hermana interpretada a fondo por Cecilia Toussaint, cuyo personaje deja su existencia aparte para volcar su amor en su hermano y sus sobrinos, sin poder liberarse de una ausencia que la dejó mutilada.

Ferdinando Valencia representa al hijo escritor acosado por un padre que le exige ser su espejo, mientras el joven se debate entre su postura, opuesta a la de su guía y el amor que le profesa a su tirano.

Édgar Adrián, es el niño actor que invita al espectador a presenciar la indefensión del hijo escritor a una edad en que la sombra de su padre es una red de la que sólo se puede escapar si se empieza a correr a la imposición primera.

Martín Reynaldo, quien personifica al gringo, apoya con su impenetrabilidad la amenazadora presencia del país del norte en todas las gamas de naturaleza dual en que se nos presenta.

Larisa López, Mónica Gómez y Rosy Balderas, quienes interpretan a Ninfa, Irene y Güera, respectivamente, hacen que sus personajes, a ratos etéreos y después corpóreos, tengan presencias sólidas en escenas complejas en las que sólo la honestidad actoral puede, como sucede, abrirles paso.

Alberto Estrella, en las botas de su personaje Alberto y bajo su saco de piel, conduce al público por el rechazo al machismo infinito de su personaje, para llevarlo más tarde a la ingenuidad del niño crecido que pide a la estrella fugaz un deseo.

El actor hace que su personaje muestre vulnerabilidad, cinismo, alegría, intolerancia, pavor al ridículo y, entre esta amplia gama, se exponga como ser humano, sin falsos gestos, en un acto de desnudez interior que conmueve por esa absoluta indefensión en la que irremediablemente se coloca el que se piensa más fuerte.