FICHA TÉCNICA



Título obra Cocinando con Elisa

Autoría Lucía Laragione

Notas de autoría Jaime Chabaud / adaptación

Dirección Enrique Singer

Notas de dirección Daniela Parra / asistencia de dirección

Elenco María del Carmen Farías, Marisol Castillo

Escenografía Enrique Singer y Patricia Rozitchner

Notas de escenografía Manuel Ayala y Luz Alicia Briones / adaptación escenográfica; Jorge Siller / realización de los animales

Iluminación Enrique Singer y Patricia Rozitchner

Notas de Música Xicoténcatl Reyes / escenofonía

Vestuario Enrique Singer y Patricia Rozitchner

Espacios teatrales Sala Xavier Villaurrutia

Notas de productores Patricia Rozitchner / producción ejecutiva

Referencia Alegría Martínez, “Mujeres en contrapunto”, en Laberinto, núm. 424, supl. de Milenio, 30 julio 2011, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Mujeres en contrapunto

Alegría Martínez

Huacales, frascos, cuchillos, ollas y un contundente tesoro en especias que pende de barras colgantes con chiles, hierbas y animales en vías de ser banquete con buqué francés, es el laboratorio donde se descubren los secretos de los platillos y la esperanza de dos mujeres en contrapunto que se soportan mientras llega el momento de conseguir su objetivo.

Una lucha de contrarios detrás de la mesa y las hornillas donde se planean y ejecutan los más deliciosos manjares, a golpe de cuchillo, hervores y vino, es lo que propone Lucía Laragione, narradora y dramaturga argentina, autora de Cocinando con Elisa, obra ganadora del Premio María Teresa León para Autoras Dramáticas que otorga España, adaptada para su puesta en escena por Jaime Chabaud, bajo la dirección de Enrique Singer.

Nicole, cocinera de años en una rica casa de campo, que aprendió con los mejores chefs de Francia, debe enseñar a una joven inexperta cómo preparar y servir la mesa a Madame y su hijo, antes de tomar sus vacaciones. Este punto de partida abre paso a la violencia, la humillación y el maltrato hacia la novata que sufre discriminación, entre otros motivos, por ser de raza negra, como lo destaca Chabaud en esta versión.

Aunque en el texto la autora no especifique el color ni la raza de la actriz joven que interpreta a Elisa, este montaje añade tal elemento de reflexión al perverso juego de poder mediante el que la mujer madura con alma de militar establece relación con su subordinada.

La ayudante impuesta a la conocedora culinaria, es a un tiempo su pasaporte de salida, y la pesa que frena su avance raudo en el enigmático laboratorio de alimentos, al tener que guiarla por cada uno de los pasos y misterios que implica preparar las exquisitas viandas que perfecciona para cada ocasión, sin que su aprendiz muestre interés, concentración, ni talento para este arte.

Por su parte la joven y asustadiza –repelente a animales muertos para su transformación en platillo–, sumisa pero firme en sus convicciones, obedece y actúa bajo órdenes que son estrictamente instrucciones a seguir, pero jamás serán parte de su expresión ni de su creatividad.

Interpretadas por María del Carmen Farías en el rol de Nicole, la indispensable experta en gastronomía, y por Marisol Castillo como la aprendiz Elisa, los personajes de esta metáfora culinaria reviven en la memoria del espectador las diversas dictaduras sufridas en países como Argentina, donde nació la autora de la obra, sin hacer referencia explícita a lugares y fechas.

Con ese cúmulo de contradicciones que esconden los empleados de opulentas residencias, entre el orgullo de conocer los misterios de sustancias, aromas, texturas y sabores y la rabia de un encierro que construye acantilados de soberbia, la mujer grande va de la confesión a la tortura psicológica contra la joven que sueña, confía y busca su futuro sin pausa.

Los personajes, en la piel, los gestos, en el andar pausado pero decidido de Nicole y en la fragilidad expuesta de Elisa que se transforma ante la represión de la experta, exhiben sus contradicciones al ritmo en que se pica una cebolla, que de pronto puede volverse una danza violenta para manos y utensilio.

La exposición de un faisán colgado, de pieles de conejo, de breves aves desplumadas y salpimentadas; el ruido de las patas de cangrejos a punto de ser lanzados al agua en ebullición y el silencio de un mugido, se ciernen como amenaza envuelta en francés y en sorbos de vino.

Enrique Singer, junto con Patricia Rozitchner, diseña la escenografía, la utilería, el vestuario y la iluminación que en este montaje conducen al espectador a una verdadera cocina rústica donde se puede aspirar el aroma de las especias y caer en la tentación de probar algo de lo que ahí se prepara, por más que sea parte de una ficción a la que Jorge Siller hace una muy buena aportación mediante la realización de los animales.

Los sonidos que nutren la escenofonía de Xicoténcatl Reyes, colaboran positivamente a crear en la mente del espectador el campo que se abre tras las puertas de la cocina y a sugerir los peligros que asechan aún más allá del territorio de batalla delimitado por quien se ha adueñado del reino de los alimentos.

La adaptación escenográfica de Manuel Ayala y Luz Alicia Briones, el profesionalismo de Daniela Parra en la asistencia de dirección, y la producción ejecutiva de Rozitchner, completan el equipo artístico de esta obra que apela a las emociones generadas por un sabor evocador en una atmósfera híbrida entre exquisiteces y asfixia.

Cocinando con Elisa nos lleva a un pasado que se repite con nuevas herramientas, nos lanza a la cueva impenetrable de una mandamás gastronómica que aún encontramos hoy en otro entorno con ropajes distintos, mientras la discriminación racial es todavía un obstáculo que se traduce en palabras y actos inadmisibles.