FICHA TÉCNICA



Título obra La línea del coro

Notas de Título A Chorus Line

Autoría James Kirkwood y Nicholas Dante

Notas de autoría Edward Kleban / letras; Álvaro Cerviño / traducción y adaptación

Dirección Michael Gorman

Notas de dirección James Kelly / director residente

Elenco María Fillipinni, Paco Morales, Cecilia de la Cueva, Estibalitz Ruiz, Marcia Peña, Rogelio Suárez, Gilberto Recoder, Jacobo Toledo

Coreografía Michael Gorman

Notas de coreografía James Kelly / coreógrafo residente

Música Marvin Hamlish

Notas de Música Isaac Saúl / dirección musical

Referencia Alegría Martínez, “Para los amantes de la comedia musical”, en Laberinto, núm. 411, supl. de Milenio, 30 abril 2011, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Para los amantes de la comedia musical

Alegría Martínez

¿Qué dejó insatisfecho al espectador de la Ciudad de México de La línea del coro (A Chorus Line), que a seis meses de su estreno culmina temporada sin haber tenido el éxito de otros espectáculos producidos por la misma empresa, cuya duración en cartelera ha rebasado en ocasiones los diez años de representación continua?

¿Cómo es que ha dejado de ser conmovedor observar el esfuerzo de jóvenes bailarines con su historia de obstáculos a cuestas y cuya estabilidad emocional depende de ser aceptado o rechazado en una audición para conformar el ensamble de baile que acompaña a una estrella que nunca veremos pisar el escenario?

Quizá, a la vuelta de más de 36 años de su estreno en off Broadway, la crudeza de los reality shows televisivos nos hace percibir como historias blancas aquellas que en la obra deben narrar los bailarines al implacable juez que les exige escuchar delante de todos los aspirantes al coro los secretos que a nadie le gustaría revelar.

Un ciclorama de espejos o la caja negra del escenario, desprovista de carros escenográficos que entren y salgan con las luces encendidas y trastos ocultos que desciendan del telar, tal vez sean echados de menos por un sector de público al que le falta algo cuando se trata de ver al ser humano enfundado en ropa de trabajo bajo la que ostenta lo único que en verdad posee: su cuerpo.

Esta es una oportunidad de asomarse, como espectador invisible, a la prueba eterna que deben pasar quienes quieren ser parte de un espectáculo.

El auditorio es testigo en La línea del coro de la zozobra que implica estar siempre presto a la elección o al rechazo artístico-laboral, sin importar los antecedentes, los logros, las placas, las representaciones, los roles protagónicos; cada audición es nueva, como cada función y cada espectador que ve por primera vez una obra.

Contemplar las rutinas de danza una y otra vez, escuchar a más de veinte aspirantes acicateados por un director dictador que también puede enternecerse y prestar oído a trece números musicales con orquesta en vivo bajo la dirección musical de Isaac Saúl, es una experiencia gozosa.

La obra, concebida, coreografiada y dirigida originalmente por Michael Bennett, con libreto de James Kirkwood y Nicholas Dante, música de Marvin Hamlish y letras de Edward Kleban, tuvo en este montaje la dirección y coreografía original reproducida por Michael Gorman, la traducción y adaptación de Álvaro Cerviño y a James Kelly como coreógrafo y director residente, entre una infinidad de creativos más.

El historial de esta obra en México es corto a nivel profesional, aunque haya sido montada por grupos amateurs con muy buenos resultados, como cuando se escenificó en el teatro Carlos Lazo de la Facultad de Arquitectura de la UNAM bajo la dirección musical Antonio Cortés Araóz, actual maestro de la Escuela Nacional de Música, en la década de los 80.

En 1978 fue representada bajo el título de Un gran final en el teatro de Los Insurgentes con dirección y coreografía en México de Roy Smith, dirección musical de Jorge Neri, traducción de José Luis Ibáñez y Cristina del Castillo, y con Olivia Bucio –que en ésa época se ponía Buzzio–, Julieta Bracho, Guillermo Méndez y Tomás Gorós –que se ponía Gorostieta–, entre muchos actores más.

La línea del coro hoy, aunque respeta el original, intenta tener un sabor actual que se puede percibir en la traducción de las letras de las canciones y de sus títulos que al paso de más de treinta años muestran diferencias en el manejo del lenguaje y su significado, quizá más explícito en los 70 y, paradójicamente, más arrojado en algunos números.

La primera canción interpretada por la compañía, que en el 2011 se titula “Que a mí me elija”, en 1978 era: “Necesito que me contraten”. “Puedo bailar” en la traducción de Ibáñez, hoy es “Ya le agarré”. “No sentí nada”, actualmente se titula “Nada” y “Desafinar”, pasó a ser “¡Canta!”

Curioso, aunque efectivo, a pesar de que en la versión actual que ofrecerá su última función el domingo 1 de mayo, la escena de la chica que, según el original, se hizo un cuerpo de silicón –material hoy en desuso– para poder triunfar, parece haber sido regulada en su lenguaje para proteger algunos oídos castos de modo que “tetas” y “culo” que son las dos palabras clave de su número musical, quedaron reducida sólo a tetas y a señalamientos gazmoños hacia el trasero del personaje reconstruido.

No obstante, para los amantes de la comedia musical, es bueno ver esta versión a cargo de un grupo de actores que se han empeñado en ir contracorriente para especializarse en este género querido por pocos pero fieles espectadores.

También resulta interesante ver cómo al cabo de años de entrega por parte de los actores y bailarines a una empresa que en sus inicios no veía al intérprete como parte esencial de sus montajes, ésta reconoce y rinde homenaje hoy a actrices como María Fillipinni, o al actor español Paco Morales, mientras les permite abrirse espacio a actrices y bailarinas como Cecilia de la Cueva, Estibalitz Ruiz, Marcia Peña y actores bailarines como Rogelio Suárez, Gilberto Recoder, Jacobo Toledo, integrantes de un elenco de 26 artistas.