FICHA TÉCNICA



Título obra Dos mujeres y la otra

Autoría Javier Dualte

Dirección Natalia Traven

Notas de dirección José Cremayer / asistencia de dirección

Elenco Fernanda Borches, Alejandra, Claudia Nin

Iluminación Michel Cerón Rendón

Vestuario Emilio Rebollar

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Notas de productores Adriana Sánchez / asistencia de producción

Referencia Alegría Martínez, “Boicot a la esperanza”, en Laberinto, núm. 407, supl. de Milenio, 2 abril 2011, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Boicot a la esperanza

Alegría Martínez

Un pequeño escenario con espejos de diversos tamaños en la pared del fondo, una mesita y una silla, abren lugar al desencuentro de cuatro mujeres; personajes de dos obras del mismo autor, que se vinculan en la ansiedad femenina de extinguir la soledad por la vía de un hombre, que en la ilusión pueda dar cauce a una carencia diversificada e infinita.

El dramaturgo argentino Javier Dualte escribe Dos mujeres, título de una obra y es autor también de La otra, segunda obra, que la directora Natalia Traven une para proponer una visión intensa del universo en el que naufragan cuatro mujeres distintas.

En La otra, el diálogo de dos hermanas entre las que una es dominante y la otra dominada, el juego se revierte cuando la hermana en apariencia débil, cobra venganza a través de una acción contundente que pone al descubierto parte de la relación punzocortante que puede generarse entre dos mujeres a las que les hace falta todo lo que no puede verse.

En Dos mujeres, éstas se citan para tener un encuentro, concertado con un hombre que se anuncia en una revista resaltando sus virtudes físicas, pero la ansiedad y la espera, conforman una mezcla destructora que boicotea la esperanza.

Fernanda Borches interpreta a Ana y Alejandra, Claudia Nin desempeña el rol de un personaje llamado Mujer y de Clara; ambas jóvenes actrices, traducen sobre la escena esa inmensidad de detalles que a primera vista pueden parecer algo pueril, por lo que las dos obras son catalogadas como comedias dramáticas. Sin embargo, ese humor que escurre entre el drama, es como una plasta infame y pegajosa, que muestra más allá de una gran soledad, una infinita postración, una autodegradación casi hereditaria, de la que actualmente, por fortuna, cada vez más mujeres se salvan.

Qué sucede cuando una mujer adulta se conduce como si la falta de un hombre en su vida la despojara de todo valor propio, la desdoblara de sí para estar a la espera del macho y poder entonces dar rumbo a su existencia.

Hacia dónde va la relación de dos hermanas que han aprendido a vivir en constante pugna, con el temor de una por el robo latente de su hombre a manos de la otra y ésta por su parte, vive en pie de alerta para devaluar cada logro de aquélla.

La paradoja abierta entre las mujeres juntas que para perseguir a un varón se alían en el proyecto, la emoción, la ansiedad y el visto bueno mientras el horizonte esté vacío, hasta que una mínima señal de la presa, las transforma en enemigas acérrimas y descarnadas, es parte también de este juego.

Las contradicciones están en el aire del breve escenario, donde las actrices cambian de mirada dos veces sobre su propio rostro, de actitud, de soledad y de optimismo.

No obstante hay algo que huele a pasado en la propuesta escénica, que quizá tenga que ver con plantear a los personajes como si fueran unas señoritas de antaño, solteronas formales de faldas a la rodilla, tacones y medias, ansiosas de soltarse el pelo pero incapaces de hacerlo.

El vestuario de Emilio Rebollar es un diseño bien hecho, pero los personajes así vestidos invitan a pensar que su sufrimiento es parte de esos seres rancios y reprimidos que se autodestruyen, cuando en realidad, lo que los personajes dicen y hacen es asunto de un presente que nos empobrece como género, nos aleja y enemista sin sentido.

El problema es hondo y complejo aunque quiera verse como algo ridículo y fatuo. Una de las furias mayores que se puede dar entre mujeres, está relacionada con el “robo” de hombres, si así se le puede llamar.

Entre los peores abatimientos está la desaprobación de la imagen femenina por parte de una amiga o de una hermana. Mientras que la complicidad mayor está en la preparación a la caza de hombres en pareja femenina.

¿Qué pasaría si los personajes no fueran unas jóvenes rancias, sino unas profesionales atoradas en el mismo dilema? El conflicto va más allá de la clase social, la educación y las viejas costumbres. Tiene que ver con una autovaloración denegada desde hace siglos que aún nos engancha.

Sin embargo, Dos mujeres y la otra es una buena puerta al debate, a la posibilidad de escuchar y ver esta dificultad en serio, aunque provoque risa.

El trabajo riguroso de este equipo artístico, en el que Michel Cerón Rendón realizó el diseño de iluminación, las actrices llevaron a cabo la producción y Borches hizo también el diseño gráfico, mientras que José Cremayer asistió a la directora y Adriana Sánchez a la producción, propone un montaje sencillo y bien hecho que siembra las ganas de seguir la ruta de su trabajo.

Las dos obras de Dualte, dramaturgo multipremiado y reconocido internacionalmente, encuentran en esta versión una lectura honesta y minuciosa de lo que sus personajes transitan en este interminable penar hacia el encuentro de un varón que jamás podrá completar, aunque llegara, lo que cada una no pueda hacer por sí misma.