FICHA TÉCNICA



Título obra Gallina vieja

Autoría Juan Carlos Vives

Dirección Juan Carlos Vives

Notas de dirección Cecilia Ramírez / regidora de escena

Grupos y Compañías Búho Grande Teatro

Elenco Saandra Cobián Bichir, Sergio Bátiz, Ginés Cruz

Iluminación Raúl Castillo

Música Paco Vives

Vestuario Paula Villalba

Espacios teatrales Foro Quinto Piso

Notas de productores Martha Ladrón de Guevara / producción ejecutiva

Referencia Alegría Martínez, “Caldo de cultivo humano”, en Laberinto, núm. 405, supl. de Milenio, 19 marzo 2011, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Caldo de cultivo humano

Alegría Martínez

En el quinto piso del edificio marcado con el número 74 de la calle de San Jerónimo, en el Centro Histórico, hay un teatro donde el grupo Búho Grande ofrece funciones de una obra titulada Gallina vieja, que escribió y dirige el también actor Juan Carlos Vives.

El traslado en ascensor, desde la poblada y ruidosa calle, hasta un estrecho pasillo donde la productora ejecutiva Martha Ladrón de Guevara, da la bienvenida y entrega el programa de mano, es algo gratamente inusual, sobretodo si recordamos la llegada a algunos teatros conocidos, donde lo que menos importa es el espectador.

Una vez dentro, la escenificación tampoco se inserta en lo cotidiano. Sobre el escenario pende un candil y en el piso hay una alfombra y una silla, es todo. Lo que haga falta durante el avance de la acción, como un teléfono de disco, una mesa, cubiertos, platos, sopera, licorera y copas, serán evocados por las manos de los actores, quienes emitirán los sonidos que le son propios a cada objeto.

Mediante un lenguaje culto, crítico e inteligente, siempre nutrido de humor, Gallina vieja da inicio cuando un senador dispone, una vez terminada la guerra en su país, que su mujer cocine un exquisito caldo de gallina para invitar a cenar a un militar de alto rango.

La historia de este matrimonio en que el hombre no desea tener contacto físico con su mujer y ella anhela encuentros eróticos diversos, da pie a un juego de espejos de feria en el que dos actores se visten de su opuesto, lo que abre paso a tomar la actitud del otro por parte de uno de ellos, mientras que más tarde, ambos encarnarán a más visitantes.

En el complejo texto escrito por Vives, permeado por el significado del conocido dicho sobre la gallina vieja y el caldo, los personajes entran y salen del foro como si fueran las figuras de un juego de mesa en el que cada intervención implica un avance en sus antecedentes, un desafío de identidad a resolver ante el marido de la señora, así como un reto para avanzar en su objetivo y salir avante de una circunstancia desventajosa.

Como director, Juan Carlos solicita de los actores una amplia capacidad de transformación a un ritmo vertiginoso que ante la exageración de los sucesos, sea notorio como en efecto sucede, de modo que los personajes se vuelvan otros interpretados por los mismos y aquí reside buen parte de la virtud de la propuesta que establece vínculos entre lo que cada personaje requiere aparentar.

El reto de Saandra Cobián Bichir, que bien cumple, reside en parte en mantener la solidez de su personaje, en el vaivén incesante de alguien que colecciona historias secretas a punto de ser expuestas conforme avanza el tiempo.

Su personaje de La Señora es en este caldo de cultivo humano, receptor y emisor de deseos que se fracturan en la sala de su casa, entre persecuciones, falsa apariencia, balbuceos y ansia masculina de venganza.

Por su parte, Sergio Bátiz, quien encarna al senador y dueño de la casa, así como al Mayor, se vuelca como lo exige el texto, en los extremos conductuales de los admiradores del caldo de gallina, al que todos están convocados, lo que evidencia las fisuras de la rigidez debilitada que su personaje central debe proyectar.

Por su parte, Ginés Cruz, quien también resuelve con eficacia los objetivos de cada uno de sus personajes, se enfrenta sin embargo a un obstáculo en el manejo de su voz que requiere de pronta atención para evitar que sus logros actorales se estrellen contra un inconveniente de índole técnico.

El diseño de vestuario de Paula Villalba, propone atractivas prendas bien realizadas de finales del siglo XIX y principios de XX en telas ligeras para la indumentaria femenina y de mayor peso para los personajes masculinos, en una buena combinación de colores, que en conjunto crean el marco visual adecuado dentro de un contexto en el que la ropa se vuelve un importante referente de época que sin embargo transita por todas los ecos de guerra y las costumbres añejas al borde de la trasgresión.

Con música original de Paco Vives, que enfatiza la ausencia de paz en la celebración de la concordia; iluminación de Raúl Castillo, que amplía o delimita el lugar de la acción como si tuviera éste esa capacidad de manera propia y natural y con Cecilia Ramírez como regidora de escenaGallina vieja proporciona una buena experiencia de un teatro que recupera el latido de este arte y de un género desdeñado.

Búho Grande Teatro, es un grupo de profesionales de la escena, que ofrece una programación hasta el mes de mayo de cinco diferentes montajes, cuya propuesta parte desde la creación de una dramaturgia distinta, surgida de la pluma de Juan Carlos Vives a quien le gusta la provocación escénica, bajo su dirección y continúa con la aportación de diseñadores e intérpretes que buscan a un espectador dispuesto a no apoltronarse.