FICHA TÉCNICA



Título obra Tangram

Autoría Hugo Wirth

Eventos Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea

Referencia Alegría Martínez, “Nueve versiones de miseria humana”, en Laberinto, núm. 395, supl. de Milenio, 8 enero 2011, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Nueve versiones de miseria humana

Alegría Martínez

El inconfesable deseo de matar a la madre enferma para liberarse de una rutina agobiante inundada de sábanas sucias, pañales para adulto, medicamentos, quejidos y la obtención del hábitat materno en su ausencia, por parte de sus descendientes, es lo que el dramaturgo Hugo Wirth plantea mediante nueve versiones de esta historia en su obra Tangram, un texto múltiple con humor negro, dolor y giros de tuerca, en los que se aprecia con crudeza la miseria humana.

Paradójicamente, esta obra de temática estridente que lacera a partir de su lectura por la honestidad pedestre con que reaccionan sus personajes, propone con brillantez un juego dramatúrgico complejo e interesante, al permitirle al espectador la elección de una o más de sus variantes, así como la oportunidad de vislumbrar el todo, para profundizar en la infinidad de probabilidades que esconde nuestra conducta.

El dramaturgo comenta que durante cuatro años le obsesionó la idea de escribir una obra con la estructura del tangram, antiguo juego chino compuesto de cinco triángulos de distintos tamaños, un cuadrado y un paralelogramo romboide; piezas con las que el jugador puede formar diversas figuras dependiendo de cómo las acomode.

La intención era que su obra ofreciera varias posibilidades de desarrollar una historia de modo que el espectador pudiera participar, al tener la libertad de elegir la que quiera ver, a la espera de las consecuencias de esa decisión en el mundo ficcional.

Cuando Wirth halló la historia que le permitía esta estructura, encontró la mayor dificultad en conseguir que cada una de las escenas tuviera su función dramática en el desarrollo general de la anécdota, pero que por sí mismas ofrecieran complejidad y variaciones en el comportamiento de los personajes; una especie de ecuación dramática que al final lograra lógica y progresión en cada una de las nueve variaciones de la trama.

A sus 29 años de edad, el autor de obras como Mondoyonki (Premio Nacional de Dramaturgia Teatro Nuevo 2002), La fe de los cerdos, (Premio Nacional Manuel Herrera 2003), El día de la intolerancia y Constantino no estaba, Los ositos y el misterio del culo, La nena del abuelo, Fotograma e Intervenciones, logra su propósito con Tangram al conseguir la verosimilitud de cada circunstancia y conservar la solidez del perfil de cada personaje.

Se trata de una obra escalofriante en términos realistas, debido a la anécdota central y a la poca estatura de los personajes –carentes de valores e insatisfechos–, más preocupados por el modo de ocultar su crimen, que por evitar cometerlo.

Tangram posee un gran magnetismo debido al asombro y la sorpresa en progresión que genera cada distinta versión, misma que nos otorga una información más profunda sobre la hija hastiada y su hermano desesperado a causa de su situación de pareja y su oculto amor travesti, al tiempo que nos enteramos de la muerte de un tercer hermano idolatrado por la agonizante madre.

La presencia de un aparato transmisor de sonido, designado como el monitor, así como un bat de beisbol y un teléfono celular, son objetos clave en esta obra, en la que cada uno juega su gran potencialidad en la duda permanente de los protagonistas.

En el caso del aparato eléctrico, éste juega un papel de gran trascendencia al fungir como voz de la conciencia, coro griego, juez, parte, transmisor de recuerdos, impulso y además, el medio a través del que se escucha lo que sucede en el cuarto donde se encuentra la madre, a quien sólo veremos una ocasión –si elegimos ver esa versión–, como un bulto envuelto.

La situación en la que se encuentran estos dos hermanos, Alfonso y Olivia, invita al espectador a observar las consecuencias, según la decisión que toman, esto es, mientras planean deshacerse de su progenitora ahogándola con la almohada, o cuando se deciden por el envenenamiento con gas, o cuando optan por el golpe con el bat de beisbol, incluso al preferir dejarla a su suerte, por mencionar algunas posibilidades.

Todo lo anterior, según sea la escena que el espectador vea, entreverada con las preocupaciones de cada uno, sus anhelos, sus rencores, los secretos familiares, de pareja, su eterno fracaso, los torpísimos chistes que a manera de fuga cuenta el hermano y el humor negro de cada sentencia o grito que brotan del monitor, conforman un complejísimo juego dramatúrgico que enriquece esta obra de lo abominable por lo que de verdad encierra.

Tangram hace hablar a los personajes sobre lo que callan quienes han vivido una situación similar; de la impotencia, el hartazgo, la falta de horizonte del cuidador y del enfermo, circunstancia que trasladada al extremo del asesinato, como en este caso, deja al descubierto la eterna desconfianza entre estos hermanos, la falta de humanidad, de solidaridad, de cariño, pero sobre todo, un vacío que se intenta diluir con chistes baratos, rondas infantiles, engaños, viajes, deseos, bienes inmuebles y traslado de culpas.

Tangram de Hugo Wirth es un espejo con moho sobre la dualidad vida-muerte, un juego perverso sobre el infortunio y la incapacidad para afrontarlo. El próximo mes de marzo se le dará lectura en Monterrey, dentro de la Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea.