FICHA TÉCNICA



Título obra Las tandas del Centenario

Autoría Carlos Pascual

Dirección Carlos Pascual

Elenco Pedro Kóminik, Pilar Boliver, Eugenio Bartilotti, Dalia Rodríguez, Olinca Velázquez, Verónica Alvarado, Nelly Martínez

Notas de Música Trío Coghlan: Patricia Hernández, Luz María Frenk, Teodoro Gálvez y Jesús Topete

Espacios teatrales Teatro Julio Castillo

Referencia Alegría Martínez, “Ecos del recuerdo”, en Laberinto, núm. 375, supl. de Milenio, 21 agosto 2010, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Ecos del recuerdo

Alegría Martínez

Las tandas del Centenario nos recuerda que puede haber diversión en el teatro, buen rato, canciones, música y carcajadas, pero corrupción y violencia, todo envuelto en la irremediable doblez de nuestra idiosincrasia.

Escrita y dirigida por Carlos Pascual, esta obra retoma aquella tradición del teatro de revista mexicano, sujeto al apapacho hostil del poder que políticos y artistas ejercían desde la segunda década del siglo XX.

Planteada la acción al interior del Teatro del Gallo, el público observa tanto lo que ocurre a los miembros de una compañía durante los descansos y ensayos tras el telón, como los fragmentos de revista que disfrutaban o repelían los espectadores de 1910.

Esta conmemoración escénica del Centenario de la Revolución desde la añoranza de un México cursi, romántico, político y alburero, entre la pugna porfirista-maderista, el hambre, la censura y la falta de principios, le quita la cáscara solemne al falso orgullo patrio que se traduce sólo en fiesta y algarabía.

Carlos Pascual escribe una obra en la que destaca la vida de los artistas del género chico sitiada por la falta de libertad creativa, de reconocimiento, de dinero y al acecho continuo de la corrupción y el chantaje en todas sus presentaciones.

El dramaturgo, que recrea atinadamente fragmentos de lo que fuera este género, al menos como lo vimos representado por Enrique Alonso hace ya varias décadas, apela sin embargo a un espectador actual que acepte de buen grado el cambio de una tiple principal en los números musicales por un actor, que en este caso es Pedro Kóminik.

Kóminik canta, baila y actúa los números que hicieran María Conesa, la Rivas Cacho o La Montalbán, desde su rol de actor y director de una compañía mexicana en cuyos números musicales se puede ver al cura Hidalgo, a Iturbide, a Leona Vicario representada por Bartilotti y al Pípila, corretear alrededor del Ángel de la Independencia.

La mancuerna artística Pascual-Kóminik que desde hace años se dedica a la escena músico-satírico-política, se arroja a un arduo trabajo de investigación, escritura, dirección y realización incluida la restauración de vestuario.

El resultado, es un montaje ameno en el que Kómink y Pilar Boliver desempeñan los roles principales, junto a Eugenio Bartilotti, Dalia Rodríguez, Olinca Velázquez y Verónica Alvarado o Nelly Martínez, quienes alternan funciones, todos acompañados por el Trío Coghlan formado por Patricia Hernández (viola), Luz María Frenk (violoncello), Teodoro Gálvez (violín) y Jesús Topete (piano).

Las tandas del Centenario propone una vuelta de tuerca, un guiño a este género desde la desalentadora experiencia de los errores sexenales, de la censura que ha cambiado estrategias, del arte de abusar y encontrar el modo de aferrarse al teatro como posibilidad única de supervivencia.

Se trata de un montaje que hace al espectador sentirse cómodo ante un modo familiar de conducirse, de hablar, de reaccionar, de quejarse, de cantar y de reírse en compañía, frente ese infortunio social al que diariamente le engrasamos los goznes.

Ahí, ante lo que llamaban los mentideros teatrales como lo dejó escrito Enrique Fernández Talleche, mejor conocido como Cachirulo, los personajes de estas tandas ponen anzuelos al eco del recuerdo y nos remontan a la leyenda de las empresarias y hermanas Moriones desde la avidez de La Genara que construye Pilar Boliver en una insaciable habitante de los desahogos escénicos.

La exposición que los actores de revista hacen de sus preocupaciones, de sus angustias, su clandestina postura política y algún amorío, así como la interpretación de los números musicales en una pequeña muestra de lo que viven los integrantes de una compañía ante los reflectores y fuera de éstos, es parte del atractivo del montaje.

Pascual y Kóminik apuestan su trabajo al poder de la actuación, a la música y las canciones, más que a la escenografía o a cuestiones técnicas y si bien es cierto que se requiere una revisión puntual en esta área, así como mayor trabajo en la interpretación de las canciones cuyas letras no acaban de entenderse, también lo es que en ese doblez de nuestra idiosincrasia, cabe esa gratitud que el espectador externa por sentirse atendido.

Las tandas del Centenario nos remiten a las leyendas del teatro Arbeu, a la historia del fakir llamado Blackamán, que además de hipnotizar espectadores, ejercía sus dones con leones, serpientes y cocodrilos, hasta que olvidó a uno de estos reptiles en el foso del teatro que se convirtió en su tumba.

Este montaje nos recuerda también aquella temporada de Chin Chun Chán y Las musas del país, que Cachirulo presentó en este teatro en el que hoy se hace un agrio recuento de nuestros gobernantes pero cantado y con humor, donde las mismas notas de antaño se adaptan con tersura al nombre de Felipe y detonan una gran carcajada que nos reitera lo que bien decía Enrique Alonso: “Dios no olvida a los cómicos”.