FICHA TÉCNICA



Título obra Elsa y Fred

Notas de Título Versión teatral de la película homónima

Autoría Marcos Carnevale y Marcela Guerty

Dirección José Solé

Elenco Ignacio López Tarso, Beatriz Aguirre, Aarón Hernán, Luis Couturier, José Elías Moreno, Juan Antonio Edwards, Cecilia Gabriela, Lucero Lander, Ernesto Godoy, Francisco Avendaño, Marco Zetina, Ian Edwards y Robin Vega

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Centro Cultural Telmex

Referencia Alegría Martínez, “Travesía por la nostalgia”, en Laberinto, núm. 371, supl. de Milenio, 24 julio 2010, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Travesía por la nostalgia

Alegría Martínez

La dolce vita (1960) de Federico Fellini impulsa, 28 años después, a Marcos Carnevale, guionista y espectador fascinado por el arte del director italiano, a crear el personaje de una mujer obsesionada por vivir la fabulosa escena interpretada por Anita Ekberg y Marcello Mastroianni en la Fuente de Trevi, anécdota que lleva al cine con su cinta Elsa y Fred y que más tarde adapta, junto a Marcela Guerty, al lenguaje teatral.

La obra podemos verla hoy con Ignacio López Tarso y Beatriz Aguirre bajo la dirección de José Solé. Observar a estos dos primeros actores sobre el escenario, equivale a una travesía por la nostalgia, por ese ímpetu del deseo que no se esfuma, pero también nos da la oportunidad de recordar a los personajes que atesoramos gracias a la interpretación que de éstos han hecho cada uno individualmente.

Elsa y Fred es un espectáculo que viaja en más de tres bandas: hacia el infinito fellinesco con sus acercamientos al rostro de Anita y del divino Marcello, rumbo a la ternura de los viejos actores argentinos de la cinta original –Manuel Alexandre y China Zorrilla– impregnada en la cinta de Carnevale y en espiral ascendente a nuestra memoria que nos lleva a reconocer la voz, los gestos, el ritmo, la tesitura, el color y los matices de Aguirre y López Tarso, actores que desde hace ya mucho tiempo son parte de nuestra vida.

Como si se tratara de un viaje en el tiempo, la escenografía de David Antón toma de nuevo su lugar sobre el escenario dividido en dos partes, de modo que el espectador pueda ver la estancia del departamento del hombre viudo y de la dama pizpireta.

El público puede apreciar de nuevo esos escenarios que han dejado de construirse para el teatro, a veces por el costo de su producción y en ocasiones porque hoy los escenógrafos prefieren insinuar, ofrecer uno o dos elementos, o crear un multiespacio donde todo pueda terminarse con la imaginación mediante luces y proyecciones, también presentes en este espectáculo pero como recurso cinematográfico de flashback o de franca alusión a la obra fellinesca.

Cada hábitat se oculta o aparece, se ilumina o se oscurece a partir de la acción que deba ser vista. La reproducción de un elegante restaurante con comensales y meseros, un antro-galería con toques extravagantes o un consultorio con tecnología médica, conducen al público a esos lugares de ficción donde cada objeto nos remite a una realidad y a una época por donde se asoma la ilusión de dos personajes con experiencia.

En Elsa y Fred el diseño de David Antón, escenógrafo de larga trayectoria, tiene un espacio especial en la persecución del deseo.

El trabajo realizado por Aguirre y López Tarso, da la impresión de que no requiere más actores ni personajes a su lado porque la pareja llena el escenario, incluso los meseros y comensales que de pronto parecen figuras de revista, esbozan intenciones y movimientos huecos en la escena del restaurante donde forman parte del cuadro con movimiento.

El lento andar de >Elsa y Fred se equilibra con la velocidad que los urge a evitar el desperdicio de sus últimos días; la actriz, el actor y sus personajes se comunican sin obstáculos con el público a la espera de compartir un anhelo permanente.

El encuentro de estos dos personajes incluye a su alrededor la familia de ambos, que ya sea en actitud sobreprotectora o de abuso económico, interfiere a ratos en el encuentro de los dos destinos.

Aarón Hernán, Luis Couturier, José Elías Moreno, Juan Antonio Edwards, Cecilia Gabriela o Lucero Lander –en alternancia–, Ernesto Godoy, Francisco Avendaño, Marco Zetina y los niños Ian Edwards y Robin Vega –que alternan funciones–, conforman el elenco de esta puesta en escena en la que definitivamente los mayores tienen la palabra y el dominio de las tablas.

Los espectadores no esperan sorpresas, quienes no han visto las películas que dieron origen a esta obra teatral, intuyen el curso de la anécdota y aquellos que las conocen, van a ver ahí, en el momento, cómo es que todo sucede de nuevo para que en esta ocasión le puedan encontrar un sabor familiar, un par de rostros queridos, el recuerdo de distintos pasajes con voces conocidas.

Elsa y Fred es una historia que no puede dejar de tocarnos, es ese teatro con olor a loción de nuestros abuelos que nos traslada a hogares del pasado, es también la prueba de que quienes sienten tener papeles secundarios, hacen en realidad personajes de papel y es el pellizco que evoca a personas de la familia, situaciones que disgustan, problemas irremediables, pero finalmente, se vuelve un homenaje a estos dos grandes actores de nuestro teatro.

Sobre este escenario se puede ver el trabajo de dos artistas que han entregado su vida a la profesión de construir personajes de ficción sin fecha de caducidad.