FICHA TÉCNICA



Título obra Antes del desayuno

Autoría Eugene O’Neill

Notas de autoría Juan Carlos Cuéllar / adaptador

Dirección Juan Carlos Cuéllar

Notas de dirección Luly Garza / asistencia de dirección

Elenco Itari Marta, Ammel Rodrigo

Escenografía Roberto López Rodríguez

Iluminación Roberto López Rodríguez

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Notas de productores Luly Garza / producción ejecutiva

Referencia Alegría Martínez, “Tragedia sin intermedios”, en Laberinto, núm. 369, supl. de Milenio, 10 julio 2010, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Tragedia sin intermedios

Alegría Martínez

Antes del desayuno es una invitación a ver muy de cerca la vida de un matrimonio hecha jirones, es la posibilidad de respirar el poco oxígeno dentro de un departamento donde la desesperación y la impotencia sustituyen al pan y la mantequilla.

Un equipo muy joven de teatristas elige un acto de la obra de Eugene O’Neill para presentarla ante una veintena de espectadores sentados a corta distancia, la que puede haber en una habitación común dispuesta a lo largo, donde la mitad del espacio cumple la función de un escenario con poco más de dos metros de fondo.

Las certeras frases de este dramaturgo estadounidense nacido en 1888 y muerto en 1953, se escuchan hoy con una nueva y contundente fuerza, como si además de los personajes, la audiencia compartiera a diario la misma tragedia sin intermedios.

El límite es donde están el hombre y la mujer de esta historia, sólo que ella expulsa rabia y dolor mediante palabras y él a través de silencios.

En esta versión, adaptada por el grupo y el director, el marido es una presencia que tose, mira, calla y ejecuta una acción.

El autor, por su parte, escribe un monólogo, en el que la esposa le habla a un hombre que el espectador nunca ve.

Divididas las opiniones entre sí, resulta más efectiva la ausencia del marido que su presencia, en este trabajo, el hecho de poder verlo se traduce en un acierto porque quien no ha leído el texto dramático, espera cada segundo que el hombre responda, lo que ubica al que aguarda, al borde del desasosiego.

Por su parte, Ammel Rodrigo, lleva a cabo un buen trabajo de contención y de proyección, que mientras aporta al montaje la dosis necesaria de expectativa, apoya a la actriz con el estímulo que requiere su iracundo personaje.

La sórdida estancia contiene un gastado antecomedor de dos sillas, un esquinero con dos panes, café instantáneo, una maceta, un perchero y un pequeño baño, elementos que toman lugar en el espacio del reproche desgarrado; ahí la protagonista se mueve entre el rechazo a su circunstancia, a su marido y a la ilusión desmayada de recuperar una pizca de lo perdido.

Se trata de un texto dramático fundamental, un análisis exhaustivo de las relaciones en picada, del cierre de rutas al interior de una pareja, de la incapacidad humana para el diálogo y la propensión al vómito verborréico; del derrumbe de las expectativas, de la destrucción del nosotros en la absoluta ponderación del yo.

El adaptador y director Juan Carlos Cuéllar, la actriz Itari Marta, el actor Ammel Rodrigo, Luly Garza en la asistencia de dirección y producción ejecutiva, Roberto López Rodríguez como responsable de la iluminación y escenografía, y Bruno Bichir, director del Foro, nos proponen volver los ojos a un dramaturgo indispensable.

Premio Pulitzer en cuatro ocasiones –una póstuma– y Nobel de literatura 1936, autor de obras como Deseo bajo los olmos, Más allá del horizonte, El mono peludo, Todos los hijos tienen alas y Largo viaje hacia la noche, por mencionar sólo algunas, O’Neill quien fuera buscador de oro en Honduras, marinero y habitante de Buenos Aires, pone en boca de su personaje femenino las palabras que una vez dichas se vuelven botín del arrepentimiento, pero que, automáticamente, son vueltas a decir.

Como si cada desdicha tuviera un culpable fuera del que la sufre, la mujer de esta obra clama por un bienestar devastado y por un amor que ha perdido a golpe de carencias, motor de insultos y humillaciones.

El montaje tiene más aciertos que errores. Se construyó bien el espacio escénico, se dotó a los personajes de un vestuario desgastado que puede ser de cualquier época y se trabajó en el significado de cada parlamento, en los subtextos y en la actuación, que supera los grandes retos del texto en la mayoría de las ocasiones.

Sin embargo, en esos momentos en que no se mantiene el tono que la obra exige, el desequilibrio arroja al personaje a un melodrama que abre un abismo del que sin embargo, la actriz Itari Marta resurge en breve como si nada hubiera pasado.

La dirección de Juan Carlos Cuéllar podría hacer unos leves ajustes, un trabajo quirúrgico para impedir esas cuarteaduras en un montaje tan complejo y de tanta exigencia que en este caso son más notorias por la eficacia de la puesta en escena.

De detectar, pese a su juventud, esa pequeña falla, se mantendría intacta la burbuja invisible que contiene a todos los seres humanos instalados en el llamado Espacio Urgente 2, donde cada espectador es tocado internamente en un lugar diferente sin posibilidad de escapatoria.

Antes del desayuno es una obra que planta al espectador en el desasosiego, el coraje, la impotencia, la rabia, la melancolía e irremediablemente, en la incomodidad de compartir con ella o con él ese desgarre que se siente interminable antes del jalón definitivo.