FICHA TÉCNICA



Título obra Víctimas del pecado neoliberal

Autoría Carlos Monsiváis

Dirección Jesusa Rodríguez

Notas de dirección Ximena Cuevas / dirección cinematográfica

Elenco Tito Vasconcelos, Jesusa Rodríguez, Regina Orozco, Rosario Zúñiga

Música Liliana Felipe

Espacios teatrales Teatro-bar El Hábito

Referencia Alegría Martínez, “Cambalache”, en Laberinto, núm. 367, supl. de Milenio, 26 junio 2010, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Cambalache

Alegría Martínez

Carlos Monsiváis escribió una obra de teatro gracias a un cambalache: Jesusa Rodríguez le pidió durante mucho tiempo que escribiera un texto para representarlo en su teatro-bar El Hábito, a lo que el autor de Amor perdido se resistió, hasta que le pidió a la actriz que acudiera a la presentación de su libro A través del espejo. Ella accedió, a cambio de que él escribiera una obra para cabaret, que entregó para ser estrenada en junio de 1995: Víctimas del pecado neoliberal.

Transformado el escenario de 20 metros de largo por metro y medio de profundidad en un cabaret con pista de baile al centro, al estilo de los años cuarenta, hasta donde llegaban Ninón Sevilla interpretada por Tito Vasconcelos y Jesusa en el papel de María Victoria, El Hábito convocó a un público atraído por el texto de Carlos Monsiváis que asociaba –recuerda Jesusa– fragmentos de películas mexicanas con lo que ocurría en ese momento en la escena política nacional.

“Si revisáramos hoy ese espectáculo, estoy segura de que nos sorprendería la vigencia de sus comentarios y planteamientos dramáticos porque era genial cómo, además de las asociaciones entre el cine mexicano de esa época y la actualidad, Monsiváis hacía una proyección al futuro mediante un manejo de símbolos absolutamente portentoso”.

La actriz piensa que Monsiváis no aguantaba la estupidez de frente, por eso cree que el escritor no se acercaba tan a menudo al teatro, o quizá –dice– entendía el bajísimo nivel de este arte en México, en donde para ver una buena obra tienes que ir cien veces al teatro.

“Un día un productor mediocre dijo que le debía todo lo que era a Fulano de Tal y Monsiváis dijo: ‘Pues entonces no le debes nada’. Él no hubiera resistido dejar de hacer comentarios en voz alta al ver el horror en el escenario, pero además tenía una pasión más fuerte por el cine”.

De ahí que Víctimas del pecado neoliberal fuera un homenaje al cine nacional en el que el espectador podía ver la escena en directo y una toma en circuito cerrado que enfocaba, por ejemplo, sólo los pies de una actriz mientras la acción continuaba.

“Fue un divertido experimento de teatro y cine, algo que procurábamos hacer en El Hábito con cada puesta en escena, el único chiste era que la gente no supiera que estábamos experimentando, porque ellos pagaban la investigación, así que debía verse algo muy profesional. Como en México la experimentación es algo que sostiene el propio investigador, debes encontrar tus recursos para hacer autosuficiente tu laboratorio, porque eso es un lujo de Luis XIV, pero en este caso lo podíamos practicar gracias al público”.

En Víctimas del pecado neoliberal –cuenta Jesusa– podías ver escenas de cintas como Víctimas del pecado o de Nosotros los pobres o una clásica de los hermanos Soler.

“Había una escena donde yo hacía de Pedro Infante, Regina Orozco de Chachita y Rosario Zúñiga de La Chorreada y sucedía la típica escena de El Torito y Chachita pero con el humor de Monsiváis que hacía referencia a la economía o los sucesos del día”.

Jesusa Rodríguez como directora de escena, Ximena Cuevas en la dirección cinematográfica, Liliana Felipe, autora de la música, y el elenco integrado por Regina Orozco, Rosario Zúñiga y Tito Vasconcelos, le pidieron al escritor que participara en el montaje, y aunque durante la temporada Jesusa se disfrazaba de Carlos Monsiváis, el día del estreno él hizo la presentación.

Los cabareteros siempre se han quejado de que no hay buenos autores de textos para cabaret, porque se le cree un género menor, una escritura de chistes para borrachos y no se le concede la importancia de género madre que combina el periodismo, la crítica social y el humor, por eso, en opinión de Jesusa, no hay dramaturgos que se rebajen a hacer esta labor, de tal modo que había que convencer al autor de Días de guardar.

Para la también directora, el humor es una máscara que ayuda a la gente a enfrentar la realidad más fácilmente.

“El humor te permite acercarte a las cosas, desmenuzarlas sin asustarte tanto, es un instrumento maravilloso, un bisturí muy fino y tú sabes si lo usas para curar o para matar”.

Como dramaturgo, Monsiváis era especial, porque su mente iba más veloz que la realidad en cualquier tema y los ensayos le parecían la cosa más estúpida porque le era difícil pensar que los actores iban a volver a decir lo que ya se había dicho el día anterior y era todavía más estúpido un ensayo en el que se decían chistes y ocurrencias ingeniosas que perdían su magia. Casi no asistió a ninguno porque se aburría, sólo fue para saber dónde tenía que pararse y decir lo que debía el día del estreno”.

Para Jesusa Rodríguez fue una enorme alegría lograr después de años que Monsiváis escribiera el libreto de Víctimas del pecado neoliberal y la hizo feliz que él tuviera ese gesto de generosidad que en la realidad a ella le provocó un espantoso drama.

“Como el IMSS descubrió un gran desfalco por parte de grandes empresas privadas evasoras de impuestos, me obligaron a demostrar que Monsiváis no era mi empleado de planta y fui al Seguro Social durante ocho años para conseguirlo.

“Nuestro dramaturgo puso como condición que el diez por ciento que se le pagaría por derechos de autor, fuera donado a Letra S, organización de lucha contra el sida, y así lo hicimos, pero el IMSS me hostigó todo ese tiempo y terminamos pagando de nuevo los derechos de autor, más la multa de los ocho años de pleito.

“Me llegaron a pedir la declaración patrimonial anual de Monsiváis para justificar que él trabajaba en otros lugares. Yo me atreví a pedírsela y él se moría de risa porque eso es ilegal.

“Mi argumento era que yo sí quería que Carlos Monsiváis trabajara para El Hábito ocho horas diarias, me hubiera encantado, pero nunca lo logré”.