FICHA TÉCNICA



Título obra 9 días de guerra en Facebook

Autoría Luis Mario Moncada

Dirección Martín Acosta

Elenco Luis Mario Moncada, Viviana Amaya, Ichi Balmori, Karen Daneida, Luis Escárcega, Thania Flores, David Gaitán, Leny Gruber, Olivia Lagunas, Abril Mayett, Bruno René Mestríes, Rodolfo Nevárez, Jonathan Persan, Sara Pinet, Medín Villatoro, Raúl Villegas, Luis Eduardo Yee

Escenografía Tenzing Ortega

Notas de Iluminación Jazzael Sánez / multimedia

Música Xicoténcatl Reyes

Vestuario Mario Marín

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Alegría Martínez, “La guerra en el monitor”, en Laberinto, núm. 363, supl. de Milenio, 29 mayo 2010, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

La guerra en el monitor

Alegría Martínez

Luis Mario Moncada, autor y Martín Acosta, director, trabajan juntos de nuevo para llevar a la escena un tema de actualidad, como lo han hecho otras veces, hoy bajo el título de 9 días de guerra en Facebook; montaje interesante que pone al descubierto el modo en que se puede desatar una guerra cibernética a partir de una foto y un poema que aluden a verdaderos y añejos conflictos bélicos.

En un escenario cuyos muros son pantallas, en las que se proyectan imágenes y se escriben fragmentos de textos, el autor da las llamadas teatrales a silbatazos y encarna el protagonista de su obra.

Luis Mario Moncada interpreta al personaje provocador de una discusión que dura nueve días por FaceBook, él dirige –dirigido a su vez por Martín– a los jóvenes desesperados por emitir su opinión a partir de la provocación del moderador; los cuestiona, les da entrada y salida a la discusión, los increpa, los contiene y en algún caso hasta se involucra con alguno.

La puesta en escena, evidencia el modo en que un sector joven del planeta se arroja de cabeza a defender su postura ante un grupo de desconocidos que al cabo de unos días, se convierten en sus interlocutores indispensables. El modo vehemente en que reaccionan y la manera en que generan toda una discusión, a ratos hueca y perturbadora, es parte de las virtudes de este trabajo tanto dramatúrgico como de dirección.

Un nutrido grupo de jóvenes deambula en ropa interior dentro del espacio mental de su casa, mientras se cruza sin percibirse en el espacio real del escenario.

La marcha incesante de estos hombres y mujeres que hablan, preguntan, ofenden, incitan, lloriquean, blasfeman, navegan en una discusión sin salida o escupen trivialidades, conforma un paisaje escénico zigzagueante y atractivo que muestra una intimidad solitaria.

Así, la obra deja al descubierto precisamente la ausencia más absoluta de intimidad real en ese afán humano por ser parte de algo, una discusión en este caso, que en realidad termina por remitir al participante a un gran vacío.

La inmensidad de interpretaciones y de violencia escrita que pueden generar un poema de León Felipe y una imagen de Aushwitz, inunda la escena que se convierte en un campo de bombardeo de frases de toda índole.

Hombres y mujeres exponen su vida, su frustración, anhelos y carencias en oraciones que a veces no tienen relación con el tema, mientras se mueven sin pausa dentro de un conjunto que los uniforma por encima de lo que podría caracterizarlos.

La idea del espectáculo es buena, como los parlamentos y la compleja manera de resolver escénicamente un diálogo multitudinario de personas que al cabo de un rato pasarán al olvido de aquél que antes quiso su exterminio sin piedad alguna.

Simpática en los instantes en que hace evidente esa necesidad de participar en la discusión, fuera de tema, de lugar y de tono, 9 días de guerra en Facebook, aborda así la banalidad que nos determina.

Sin embargo, esencialmente y este es su mayor valor, la obra nos muestra cual animales irracionales y soberbios, obsesivos jugadores de pantalla en que nos hemos convertido a partir de esta libertad de decir lo que nos venga en gana, amparados por un monitor.

Ahí están diversas muestras de lo que suponemos es un ser racional, en calzones, atento a enarbolar su opinión por encima del otro, de pelear contra el fantasma que escribe una palabra que siente le ofende o disgusta y a confiar que somos aceptados o comprendidos por alguien que se encuentra en alguna parte del mundo.

Parece que todo es un juego para ver quién está allá, lejos de acá y una vez intuido ese personaje, que al fin y al cabo no nos importa, empuñar la espada de la palabra en su contra sin piedad ni mesura.

En esta guerra las relaciones se intensifican y se disfrazan con mayor facilidad que cuando se dan de frente, pero también se diluyen como surgieron, con la diferencia que implica el simple hecho de tocar una tecla para ser borrado, como si del dedo de Dios se tratara.

Aquí la otra guerra, el conflicto entre palestinos y judíos, pasa a ser el tema secundario, como si se tratara de una ficción que sólo sirve para desatar una violencia inútil, un enfrentamiento hueco donde lo que interesa es auto imponer el yo.

Un intenso trabajo de coordinación verbal, de acciones físicas y de concentración, exige al grupo de participantes este montaje en el que además de su autor protagonista, actúan Viviana Amaya, Ichi Balmori, Karen Daneida, Luis Escárcega, Thania Flores, David Gaitán, Leny Gruber, Olivia Lagunas, Abril Mayett, Bruno René Mestríes, Rodolfo Nevárez, Jonathan Persan, Sara Pinet, Medín Villatoro, Raúl Villegas, y Luis Eduardo Yee.

Con un vestuario juvenil y lúdico de Mario Marín, escenografía de Tenzing Ortega, sonido de Xicoténcatl Reyes, y multimedia de Jazzael Sánez, 9 días de guerra en Facebook, vuelve corpóreo a ese ejército de seres humanos que vomitan palabras como si de esta forma pudieran comunicarse.