FICHA TÉCNICA



Título obra Last mar

Notas de Título Basada en La invención de la soledad de Paul Auster

Autoría Carlos Valencia

Dirección Aarón Hernandez Farfán

Elenco Carlos Valencia

Escenografía Carlos Valencia

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Alegría Martínez, “Pérdida constate”, en Laberinto, núm. 359, supl. de Milenio, 1 mayo 2010, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Pérdida constate

Alegría Martínez

Paul se encuentra solo en su departamento. Vestido con un traje de baño como prenda única, su piel expone un tatuaje y su rostro una mancha oscura. Ahí, rodeado de objetos que exhalan recuerdos, comparte con el espectador su historia de pérdida constante.

En una habitación roja que remite a un escenario cabaretil de mínimas dimensiones, donde llama la atención una foto de dos rostros masculinos, una calcomanía de I love Tijuana y un monitor con cámara de video, la añoranza y el desamparo hunden en el abatimiento a este personaje que habla de su tragedia.

Aarón Hernandez Farfán dirige a Carlos Valencia, quien además de actuar, diseñó el espacio escénico y escribió el texto dramático inspirado en La invención de la soledad de Paul Auster.

Este trabajo tiene la virtud de unir a un director joven que realiza puestas en escena con rigor, equilibro y hondura y a un buen actor dueño de una gran soltura y dominio de la escena, sobre todo en el género de teatro cabaret.

Last mar es el título de esta obra que traslada al espectador al desierto de vivir la ausencia del ser amado incluso en su presencia. Es una obra que plantea un cruce de etapas de modo que el personaje principal se enfrenta a la memoria de lo ocurrido y al dolor que ésta derrama.

Los giros interesantes planteados desde el texto, se intercalan en el tiempo de la acción y conducen al espectador a saber los detalles de una vida amorosa mediante acercamientos a las pláticas cotidianas de pareja, las riñas, los reclamos y los juegos de poder que surgen en la convivencia.

La densidad del pesar contenido en la atmósfera de su hábitat, impulsa a Paul, el personaje presente de Last mar, a contar al público lo que le aqueja, a evocar y construir la presencia del otro, a exprimir la esencia que el ausente dejó en cada objeto.

Carlos Valencia utiliza sus mejores recursos: se dirige libre y audaz a un espectador al que le pide su nombre para tener un interlocutor concreto entre la oscuridad plena de cabezas que contiene el patio de butacas.

El actor establece así una buena comunicación expansiva. Sin embargo, por momentos se acerca peligrosamente al desequilibrio que le impone el mismo reto que se buscó.

En el 2002, Valencia protagonizó sobre la barra de la cafetería de La Gruta, cuando ésta era administrada por Carlos López, la obra Sirenas del corazón de Edward Coward, montaje en el que dentro de su elemento, –el cabaret– construyó, bajo la dirección de Emmanuel Márquez, un personaje inolvidable.

En esta ocasión, el actor articula un texto complejo en el que se obliga a limitar su depurada expresión espontánea y se ubica bajo la batuta de un director como Hernández Farfán, uno de los pocos de su generación, que traduce escénicamente el subtexto de cada movimiento en la escena y evita la impunidad de palabras, objetos y acciones en el escenario.

La puesta en escena es afortunada, Valencia logra tener al espectador en su mano pendiente de los movimientos de Paul que estruja, acaricia, golpea, empuja a la risa y hace sollozar a una buena parte de los espectadores.

Sin dejar de lado cierto jaloneo entre ese instinto que tiene el actor para manejar al público, su ansiedad latente por representar a un gay ligero y por otra parte, la dirección de una obra que requiere de resistencia actoral y de mantener el temple sobre la cuerda floja, con Last mar, Valencia da un paso hacia delante como actor.

Resulta un objetivo de alta dificultad proponer un espectáculo en que el actor único y principal es también el autor y el diseñador del espacio escenográfico porque eso pareciera otorgarle permiso abierto a una sola persona.

En este caso Valencia, al ser este hombre orquesta, buscó un director y al acertar en la elección, ahora es fundamental conservar la humildad que exige ser dirigido, para que no se rompa el precario equilibrio que implica un montaje de amplio espectro dirigido a todo ser humano, independientemente de su preferencia sexual.

Entre las bondades de esta obra están la fidelidad con que se recrea el universo de la soledad, del desahucio amoroso, ya sea causado por discriminación y violencia, por la voluntad o el hartazgo.

Last mar habla también de los distintos tipos de muerte, del sedimento diverso que deja la manera en que se va de nuestra vida el ser amado. Y ahí, entre el ímpetu de volver a encontrar la risa, de abandonar ese despojo en que se convierte el que sobrevive, se levanta la palabra como balsa salvadora.

Una guía que describe silencios es parte de la ruta para asomarse a la herida, para descifrar lo que no entendemos de nosotros y del otro.

El testimonio de un video cotidiano y la eliminación de imágenes, unen oquedad y vida. La música de Donna Summer y el éxito de Alberto Vázquez Tu significas todo para mí, se vuelven añicos de final y principio en este juego infinito.