FICHA TÉCNICA



Título obra Incendios

Autoría Wajdi Mouawad

Notas de autoría Humberto Pérez Mortera / traducción

Dirección Hugo Arrevillaga

Notas de dirección Anabel Caballero / asistencia de dirección

Elenco Karina Gidi, Concepción Márquez, Rebeca Trejo, Jorge León, Guillermo Villegas, Mauricio Garmona, Alejandra Chacón, Pedro Mira

Notas de elenco Carla Borghetti / entrenamiento vocal

Escenografía Auda Caraza y Atenea Chávez

Iluminación Roberto Paredes

Música Ariel Cavalieri

Vestuario Mario Marín del Río

Espacios teatrales Teatro Benito Juárez

Referencia Alegría Martínez, “El lugar de la infamia”, en Laberinto, núm. 349, supl. de Milenio, 20 febrero 2010, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

El lugar de la infamia

Alegría Martínez

Incendios hace estallar la emotividad del espectador junto a la de actores y personajes en una colisión triple. El montaje de Hugo Arrevillaga Serrano extermina la impunidad escénica para que palabras y acción retomen su sitio junto a la devastación, el silencio y el cumplimiento de las promesas.

Escrita por Wajdi Mouawad, dramaturgo de la contundencia poética, esta obra es parte de su tetralogía La sangre de las promesas, que integran Litoral, Bosques, Incendios y Cielos.

Hugo Arrevillaga, actor, traductor, especialista en la obra del dramaturgo franco-canadiense-libanés, director del grupo Tapioca Inn y uno de los más brillantes de su generación, elabora el prodigio: la creación de un suceso que transforma a quien lo comparte.

La obra nos toma desprevenidos, nos descoloca por dentro, anclados a la butaca sin posibilidad de escapar, ni con la mirada, a una tragedia verídica y actual que desde hace siglos se multiplica.

Sumida la sala completa en un silencio que amplifica el sonido de un ser humano en lucha por acallar los sollozos, espectadores y actores concurren al mismo espacio: un escenario donde los intérpretes se sientan junto a los coprotagonistas de su vida ahí, al lado de otros personajes y de extraños que en cuestión de segundos pasan a ser como ellos, un ser humano más arrastrado por la destrucción que propiciamos.

Wajdi Mouawad, traductor de almas, crea una verdadera obra de arte al condensar en palabras el océano de barbarie que genera una guerra, la de Líbano en este caso, hasta donde llega un Edipo de hoy, hijo de la venganza y el odio.

Parlamentos anudados con amor desgarrado, abandono y violaciones, tortura, odio y despojos, se aferran al vuelo de los pájaros, a las estrellas, a una nariz de payaso, a la entereza, al canto, a la escritura y todavía claman por “no unirse a la acumulación monstruosa del dolor”.

Arrevillaga Serrano, quien ha estrenado bajo su dirección obras de Mouawad como Pacamambo, Litoral, Cuchillo, Willy Protágoras encerrado en el baño, conduce a sus actores por la ruta de la honestidad y la creación verdadera hacia el umbral en que el espectador no puede más que ir a todo lugar que los personajes pisen, miren, huelan, recuerden y padezcan.

En Incendios, como en la guerra a que alude, para nadie hay tregua. Los secretos de una mujer que guardó silencio los últimos cinco años de su vida, caen implacables a su muerte, cuando sus gemelos deben cumplir con la entrega de una carta a su padre y otra a un hermano, ambos desconocidos.

Una larga y estrecha mesa de madera clara ocupa el escenario a lo largo. En paralelo toman asiento los espectadores que ignoran tener al lado a un personaje que se pondrá de pie e intervendrá para volver a sentarse cuando así lo pida la historia. Todos estamos dentro y cerca.

La mesa se descompone o fragmenta para evocar el bosque, la cárcel, el despacho del abogado, la celda, el territorio de asalto, un aula o el lugar de la infamia. La luz –iluminación de Roberto Paredes–, se escapa por pequeñas rendijas acotadas por un mínimo círculo en los laterales, o entre una barra y otra de esa madera que libera y aprisiona.

La madre de esta historia, dice que “la infancia es un cuchillo clavado en la garganta” y su voz se quiebra como su cuerpo mientras su temple se reconstruye a la vera de una abuela valiente y sabia.

Karina Gidi es la madre, en una interpretación única que la lleva a salvar los retos de un personaje que exige matices extremos, hondura, cabalidad; virtudes que al verla nos hacen temer por la integridad de un personaje exento del simulacro y a la orilla de un trance en el que la expansión de la muerte impide siquiera su registro.

Concepción Márquez es la abuela fecundada de rabia, ahogo y sabiduría, la voz salvadora, dueña de firmeza en la mirada. Actriz de riqueza interna que luego encarna al hombre poseedor de una verdad de piedra.

Los hijos, representados por Rebeca Trejo como Julia y por Jorge León como Simón, deambulan entre el encono y el desasosiego hasta la bifurcación de su conciencia entre la negación y la búsqueda del significado del silencio.

Guillermo Villegas en un verídico personaje del extravío, Mauricio Garmona, entrañable en el alma de su Huajab, Alejandra Chacón, a la grupa de la vehemencia, Pedro Mira en la dualidad del portador de la sentencia y pivote de oxígeno para espectadores y personajes, integran este paisaje humano en combustión incesante.

Con traducción de Humberto Pérez Mortera, escenografía de Auda Caraza y Atenea Chávez, diseño de vestuario de Mario Marín del Río, música original de Ariel Cavalieri, entrenamiento vocal de Carla Borghetti y asistencia de dirección de Anabel Caballero, Incendios es una experiencia imprescindible, impostergable.