FICHA TÉCNICA



Título obra Ángeles últimos

Autoría Elba Cortez

Dirección Georgina Flores

Grupos y Compañías El enjambre

Elenco Victoria Bram, Fernando Zamora, Roberto Paredes, Patricia Meneses, Brisa Rosell, Hugo Corripio

Escenografía El enjambre

Notas de escenografía El enjambre / utilería

Iluminación Roberto Paredes

Notas de Música Rodolfo Sánchez Alvarado / escenofonía

Vestuario El enjambre

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Alegría Martínez, “Las ventajas del abismo”, en Laberinto, núm. 347, supl. de Milenio, 6 febrero 2010, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Las ventajas del abismo

Alegría Martínez

Alrededor del abuso y abandono infantiles, así como del maltrato y el comercio sexual juvenil, se urde la trama de de Ángeles últimos, un trabajo escénico que trae a la reflexión ese cúmulo de vidas que sin despuntar aún, quedan rotas o echadas a perder. Esta propuesta reclama atención a un fuerte problema que se diluye en una sociedad cómplice, corrupta y timorata y muestra el trabajo de jóvenes actores con mucho por decir, pero, como es natural, con una técnica en proceso.

Con algunas escenas bien logradas y otras fallidas, esta obra pone en evidencia la necesidad de un trabajo mayor en cuanto a análisis de texto y creación de personajes, así como de un estudio cabal sobre la violencia, sus detonantes y consecuencias; el manejo de tensión en la escena, el combate escénico y una dirección más exigente que logre concertar el todo.

Casi todos los integrantes de este grupo, recién empiezan a obtener experiencia y a construir sobre el escenario, por lo que adquieren conocimientos prácticos de golpe y ante un público que, aunque benevolente, espera un trabajo profesional.

Cada intérprete de Ángeles últimos tiene un potencial artístico que se aprecia claramente; la dirección, fuera del abuso de los oscuros, cumple con un trazo sencillo pero eficaz, el reto, en este caso, está en lograr la veracidad de las acciones y en evitar la fuga irremediable de la ficción al dejar inacabados movimientos y reacciones.

Entre lo valioso de Ángeles últimos, además del tema, se encuentra, el texto de Elba Cortez Villapudua, quien elige a una joven vendedora de periódicos para cruzar la ruta de la desdicha.

Dos adolescentes escupidas sin piedad al desamparo callejero se relacionan en circunstancias de desventaja con quienes se supone las cuidan o las quieren, colocándolas en una postura sumamente frágil ante el abuso al que son sometidas.

Un ángel, más infantil que bondadoso, subraya con su presencia la ineficacia de su ubicuidad, al tiempo en que enfatiza la desgracia.

Los personajes de Ángeles últimos no tienen más salida que la fantasía de soñar con príncipes salvadores, protectores y amantes.

La escena más sólida de esta propuesta es la que sucede entre la tía Brisa, de vocación prostituta y su sobrina Oralia, cuya virginidad ha sido vendida a un importante licenciado.

Con mínimos elementos, como son una silla y una pequeña mesa con la imagen de San Martín Caballero, rodeada de veladoras, la aprendiz de prostituta y la profesional del ramo, dialogan con crudeza sobre lo que la joven deberá hacer durante su primer encuentro sexual con su cliente.

Tanto la dirección de Georgina Flores, como el rincón escenográfico, la creación de la atmósfera adecuada y el trabajo de la actriz Brisa Rosell le imprimen veracidad a la circunstancia mediante un personaje de buena factura que le da apoyo al personaje menos experimentado para responder adecuadamente.

La joven sobrina reacciona a la altura de los estímulos del momento, como no sucede en cambio en la dramática escena final en la que su personaje está fuera de circunstancia.

El problema de las demás escenas consiste, sobre todo, en los sucesos terriblemente dramáticos que sabemos viven los personajes, más por lo que dicen que por lo que hacen.

Así es como, por ejemplo, el embeleso al que debía sucumbir el personaje que paga por desvirgar a una joven, no corresponde a la del pasmo paralizante que ostenta mientras manosea muñecas y se acerca a su víctima.

En otro momento, el clímax de la historia no ha generado antes la tensión creciente que se requiere para llegar al estallido que, por otra parte, requiere de un trabajo corporal mayor y de un combate escénico más cuidadoso para que el espectador pueda percibir que está a punto de suceder algo de gravedad extrema.

Acciones sin reacción a la medida, expresión corporal ambigua que no refleja la situación por la que se transita, gritos y golpes en sustitución de violencia y frustración contenidas, son algunos de los obstáculos que frenan el crecimiento de la presente puesta.

Sin embargo, con elementos como la escenofonía de Rodolfo Sánchez Alvarado que consigue transportar al espectador a las inhóspitas calles de la ciudad; la iluminación de Roberto Paredes, que es eficaz, menos en la escena entre el adulto y la menor, y la utilidad de escenografía, utilería y vestuario de El enjambre, Ángeles últimos utiliza bien recursos mínimos para abordar tragedias máximas.

Victoria Bram, Fernando Zamora, Roberto Paredes, Patricia Meneses, Brisa Rosell y Hugo Corripio, conforman el elenco de esta puesta en escena en que los cuentos de la abuela, el sabor de las aguas frescas y el rezo a San Martín Caballero significan la única posibilidad de evadir un presente desesperanzador a un grado tal, que cualquier abismo se presenta como ventaja.