FICHA TÉCNICA



Título obra Migrantes errantes

Autoría Alicia Sánchez

Notas de autoría Noé Morales / dramaturgia

Dirección Alicia Sánchez

Elenco Ignacio Velasco, Luis Villanueva, Rodolfo Millán, Edson Martínez Luna, Zuadd Atala, Édgar Maldonado, Carlos Martínez

Escenografía Juliana Faesler

Iluminación Juliana Faesler

Música Bishop

Vestuario Junior Paulino

Espacios teatrales Trolebús escénico

Referencia Alegría Martínez, “Viaje a la incertidumbre”, en Laberinto, núm. 335, supl. de Milenio, 14 noviembre 2009, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Viaje a la incertidumbre

Alegría Martínez

El estrecho pasillo de un viejo trolebús es el escenario de Migrantes errantes, espacio para la confesión, la rabia, el miedo y la esperanza bajo la mirada de un público que por instantes llega a sentir el encierro y la incertidumbre de los que arriesgan la vida por respirar una bocanada de aire gringo.

Fuera de servicio desde hace tiempo, estacionado frente al Parque México, el Trolebús escénico invita a la travesía que comienza con la golpeada voz del pollero Gabino y continúa con la entrega de una garrafa de agua y las instrucciones para conservarse a salvo.

Así se abre paso a una serie de sucesos que el público mira y escucha desde su asiento de transporte colectivo, hasta donde llegará la voz de los personajes que contarán parte de su historia de vida y el motivo que los impulsó a tomar ese viaje a la incertidumbre.

Espectáculo para un puñado de público que entre pasamanos cromados verá los cuerpos bien entrenados de actores-bailarines que mediante metáforas plásticas proyectan en silencio la violencia, el hacinamiento, las fugas, el sofoco, los balazos y los obstáculos propios de este tránsito.

Un pollero y su ayudante, paisanos que suben o bajan, una mujer que valora su éxito en los yunaites por encima de la pérdida y la vejación, un joven cuyas únicas pertenencias están en el interior de su cabeza, un hombre asiento, un bracero emergente de la rabiosa herencia, son algunos de los personajes que pisan el pasillo del encierro y la esperanza.

Creación y dirección de Alicia Sánchez con dramaturgia de Noé Morales, Migrantes errantes es una experiencia poco común en la que destaca el trabajo coreográfico de los intérpretes, quienes logran transmitir con su cuerpo la estética de la tensión y la imposibilidad.

La directora, con 19 años de trayectoria, condujo enfáticamente el trabajo de los actores –jóvenes en su mayoría– hacia la expresión física, por lo que la parte actoral y la de expresión verbal en general, muestran flaquezas de técnica que intentan suplir con entusiasmo y entrega, lo cual, logran en buena medida.

Sin embargo, y aunque se trata de un espectáculo disfrutable, el montaje parece de repente un rompecabezas con piezas de cajas distintas que fueron embonados de manera forzada.

En el trabajo dramatúrgico de Noé Morales falta el sustrato que logre vincular los monólogos de cada personaje de manera natural en la situación ya descrita. Da la impresión de que algunos personajes participan de manera impuesta porque no hay una situación detonadora, ni consecuencia que otorgue el fundamento verídico necesario cuando el punto de partida es que los pasajeros-espectadores perciban algo de lo que es estar en la circunstancia de los personajes.

Esta falla tiene que ver también con una dirección que no articula teatralmente lo que sucede, sino que le da la calidad de un número, una intervención o un monólogo terminado a la participación de cada personaje, como si se tratara de una canción o una coreografía separadas de lo que acontece en el vehículo de migrantes.

Lo anterior lleva a una acción que fractura los buenos momentos de ficción conseguidos por el equipo de jóvenes que se arroja a la aventura de representar estas historias en unas condiciones de espacio y proyección, tocadas por la punta de los zapatos de los espectadores.

A pesar de permanecer dentro del transporte, donde el público es tratado como si fuera un mojado más, algunos personajes de este camión de historias no parecen contar con la base que los mantenga durante todo el trayecto en una situación apremiante.

Como si algunos intérpretes tuvieran presente que el vehículo no cruza ningún desierto, sino que está varado a la orilla del Parque México, hay quienes abandonan el cuerpo al vaivén de la indiferencia, mientras que sus compañeros no pueden perder un segundo de atención en su labor escénica para evitar resbalar o entorpecer el lenguaje creado por el conjunto cuando se encuentra en la realización de una coreografía delicada.

En este caso parece que el lenguaje teatral llega a estorbar al idioma de la danza que fluye bello y sin tropiezos, mientras que el primero se estrella con baches que requieren ser revisados desde la dramaturgia hasta la dirección escénica.

El planteamiento del tema de la migración, con muchas de sus aristas, el vestuario de Junior Paulino que evoca con fidelidad los símbolos protectores de nuestros paisanos dentro y fuera de su tierra, la escenografía e iluminación de Juliana Faesler y la música original de Bishop apoyan sólidamente este montaje de lenguajes diversos.

Con la interpretación de Ignacio Velasco, Luis Villanueva, Rodolfo Millán, Edson Martínez Luna, Zuadd Atala, Édgar Maldonado y Carlos Martínez, que –fuera de la única actriz– no se sabe qué personajes realizan porque no lo dice el programa de mano, este viaje en trolebús estático siembra un espacio para la reflexión sobre el tema y propone una expresiva estética corporal en un espacio mínimo.