FICHA TÉCNICA



Título obra La confusión de las lenguas

Autoría Andrew Bovell

Notas de autoría Michel Modenessi / traducción

Dirección Silvia Ortega Vettoretti

Elenco Pilar Ixquic Mata, David Hevia, Fermín Martínez, Talía Marcela, Miguel Conde

Escenografía Jorge Kuri Neumann

Iluminación Jorge Kuri Neumann

Espacios teatrales Teatro El Granero, Xavier Rojas

Referencia Alegría Martínez, “La tragedia de la incomunicación”, en Laberinto, núm. 333, supl. de Milenio, 31 octubre 2009, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

La tragedia de la incomunicación

Alegría Martínez

La confusión de las lenguas tiene la virtud de poner en palabras el caudal de emociones, obstáculos y deseos encubiertos de hombres y mujeres en lo que se concibe como etapa de madurez, edad en que los personajes de esta obra, escrita por Andrew Bovell, intentan cambiar de ruta por escarpadas vías alternas.

Traducido por Michel Modenessi, este texto (que había permanecido inédito en español) bajo la dirección de Silvia Ortega Vettoretti, plantea la historia de nueve personajes a los que el destino une en algún momento de su vida.

Establecida como una ficción en la que los personajes están en escena y la acción transcurre de manera simultánea, en circunstancias similares pero con personajes opuestos unidos en algunos casos por un fuerte vínculo, esta obra se nutre sin embargo de toda esa densidad plenamente reconocible que se encuentra estancada en la insatisfacción humana.

Sobre un escenario de madera bien diseñado e iluminado por Jorge Kuri Neumann, donde hay una silla, una mesa alta, una lámpara, una mesa para teléfono con este aparato y una contestadora, además de un sillón individual, la arena del mar se ha acumulado en uno de sus rincones, hasta donde los pies de los personajes se hunden como si fuera natural su paso por ese inestable lugar.

El espacio no cambia, pero su utilidad se multiplica como los acontecimientos, como la desesperación de estas cuatro mujeres y cinco hombres que, en cada caso, se atreven a decir lo que la mayoría de las personas en su situación calla, pero que difícilmente alguien escucha.

La confusión de las lenguas habla de la tragedia de la incomunicación, del temor de afrontar decisiones y transmitirlas, de la incapacidad propia proyectada en la pareja, del pavor al cambio, de la necesidad de recuperar el espacio propio, de transgredir lo que hemos erigido como pilar de nuestra conducta, de perdonar, de padecer o propiciar lo que equivale a una traición, de sentirse un idiota, de perder el lugar que se cree poseer ante la pareja.

Este universo, desolador por la actualidad del conflicto que plantea y complejo por la estructura dramática que la obra propone, es tomado con valentía por la directora Ortega Vettoretti, quien conjuga acertadamente los retos que implica esta puesta en escena.

Los personajes, a cargo de Pilar Ixquic Mata, David Hevia, Fermín Martínez, Talía Marcela y Miguel Conde (cada uno responsable de dos), habitan ese espacio con naturalidad, lo transforman con la actitud de sus personajes que cambia ante los obstáculos que se les presentan.

Dos matrimonios en busca de intensidad, una mujer fugitiva del compromiso, un eterno enamorado, una psicoterapeuta oprimida por su miedo, un esposo en el abandono y la infidelidad y un joven envuelto en la desaparición de una mujer, son los habitantes de esta ficción anclada en situaciones terriblemente reales.

La simultaneidad de acciones y los diálogos en tránsito opuesto de la primera parte, generan un humor que atenúa, por encima, lo doloroso del suceso que el espectador observa, donde dos parejas, en aparente igualdad de circunstancias, inician una modificación de vida.

No así la segunda parte del montaje, que adquiere mayor dramatismo, aunque la ridiculez del ser humano en su inmensa fragilidad emotiva provoque una risa que más bien se escapa por el dolor que apenas se acepta.

Un diálogo de acciones, de silencios, de emociones al borde, apuntala la diversidad de lenguajes que llegan al receptor, con nitidez en la mayoría de los casos.

La tercera parte que integra la puesta en escena y que da continuidad al giro policiaco esbozado en la parte media, llega a su desenlace en una mezcla de tragedia moderna en la que el protagonista masculino, a cargo de David Hevia, exhibe con brillantez el filo de su ser perverso desde la desesperación de su fragilidad.

Pilar Ixquic Mata, por su parte, entrega a dos personajes femeninos muy diferentes, ambos generadores de la cercanía que sólo un trabajo arduo y honesto puede otorgar.

Talía Marcela, quien como Ana deja claro el cúmulo de oquedad en su interior, en el papel de Sara no evita mezclar la indolencia de su personaje con algunas fugas de ficción que lo desdibujan por momentos.

Fermín Ramírez, intenso como Daniel y maleable, con careta en el rol de León, como éste lo exige, logra momentos de franco diálogo con el espectador como el extraviado hombre del mar, mientras que Miguel Conde acomete el reto de actuar y narrar los acontecimientos desde la veracidad del tono doble que le exige su personaje de Nicolás.