FICHA TÉCNICA



Título obra Cena de Reyes

Notas de Título A partir de La cena y Memorias de cocina y bodega de Alfonso Reyes

Autoría Nicolás Alvarado

Dirección Aurora Cano

Elenco Rosa María Bianchi, Rafael Inclán, Luis Ernesto Verdín, Patricia Madrid, Ernesto Álvarez

Escenografía Sergio Villegas

Notas de Música Jesús Lujambio González / director del octeto vocal; Fernando Carmona / piano

Vestuario Eloise Kazan

Espacios teatrales Teatro de la Ciudad Esperanza Iris

Eventos XXXVII Festival Internacional Cervantino

Referencia Alegría Martínez, “Viaje por la memoria y la desmemoria”, en Laberinto, núm. 331, supl. de Milenio, 17 octubre 2009, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Viaje por la memoria y la desmemoria

Alegría Martínez

La propuesta de acudir a la Cena de Reyes, tentadora de inicio, abarca fragmentos de los dos universos irrenunciables para el escritor regiomontano Alfonso Reyes (1889-1959); el gastronómico y el relativo a su labor como cuentista.

Basado en estas dos líneas esenciales que definieron parte de la actividad y el placer vital del autor de una extensa obra plena de pluralidad tonal, Nicolás Alvarado escribió su primera obra de teatro titulada Cena de Reyes.

Definido como juguete escénico, el montaje conmemorativo a 50 años de la muerte del autor considerado por Jorge Luis Borges “el mejor prosista de habla hispana de todos los tiempos”, abreva del cuento titulado La cena y del libro de ensayos gastronómicos Memorias de cocina y bodega que, desde el libreto de Nicolás Alvarado, invita al espectador a una experiencia inusual.

Actores y actrices jóvenes vestidos de negro con largo mandil blanco, conducen al público hacia la degustación de dos bocados constituidos por magret de pavo y magret de lomo embuchado, depositados con pinzas en la boca de cada espectador, además de una probada de jerez que cae de un largo y transparente gotero.

El Octeto vocal del IMC que dirige Jesús Lujambio González, interpreta algunas piezas mientras la gente avanza hacia su butaca.

Ya en el interior del teatro, se solicita no abrir el sobre que contiene el programa de mano entregado, hasta recibir la indicación.

Los espectadores participan de un teatro interactivo en el que una azafata invita –en español melosamente y en inglés con rudeza–, a “un viaje por la memoria y la desmemoria”.

Asimismo, un porcentaje del público probará durante la función: nube reconstruida de elote y triángulos de perdices al oloroso de oporto y arándanos, creados por el escritor y chef cordon bleu Pedro Angel Palou.

El pianista Fernando Carmona, toca el instrumento al fondo del escenario, tapizado con breves trozos de papel naranja, que pronto se elevarán al paso de los personajes o del gran ventilador blanco que toma lugar central en el espacio onírico.

El periodista y conductor televisivo, autor de Con M de México, se dio a la tarea de trasladar a los personajes del cuento de Reyes al escenario, de otorgarles diálogos que los impulsen a la acción, fuera del espacio mental del lector, para entrar de nuevo a éste con una fisonomía definida de manera que puedan ser vistos y escuchados. La voz de Reyes se adueña del escenario en matices diversos.

Entre las notas del piano y el vuelo de los papeles, los protagonistas de la cena: madre, hija e invitado, departen en un lado del escenario, mientras que en el otro, un chef decepcionado habla con la erudición y el humor del diplomático que cumplió 20 años en el servicio exterior.

Mediante este recurso dramatúrgico, Alvarado, integró los dos textos de quien afirmó que “hasta en los más humildes alimentos hay enigmas y materia de reflexión”.

El público destapa y percibe los aromas ocultos bajo el plástico protector en su hoja de sala, la mesa blanca sobre el escenario se alarga, se acorta, entra, sale y la historia de misterios entre las anfitrionas con un comensal de otra dimensión, transcurre entre las notas de Manuel M. Ponce, del chachachá y las quejas del chef que filosofa y se duele de desdén y vacío.

Nicolás Alvarado se creció a los obstáculos dramatúrgicos que plantea trasladar Memorias de cocina y bodega a un lenguaje escénico y eligió con prudencia y acierto aquellos fragmentos que hablan de la mazorca y el chocolate, de los licores, la diversidad de la cocina del mundo y la actitud similar de las mujeres del orbe.

Retomó el Descanso XVI del texto que el admirador de Mallarmé dedica a la antropofagia, en el que juega con la variedad del sabor del animal humano, ya sea que se trate de un ejemplar oceánico, europeo, joven o amarillo.

El dramaturgo construyó al Chef y a su ayudante, a manera de conciencia parlanchina con su opuesto, integrados a una cena en la que además de los aromas, viajan historias secretas que serán descubiertas.

La actuación de Rosa María Bianchi, Rafael Inclán, Luis Ernesto Verdín, Patricia Madrid, Ernesto Álvarez, el vestuario de Eloise Kazan, bello y funcional en las damas y la escenografía emergente de Sergio Villegas, conforman los elementos que complementan este juguete escénico enfrentado al reto mayor de combinar en la práctica, tonos muy diferentes propios de los textos del investigador gongorino, que la dirección de Aurora Cano no consiguió amalgamar.

Sin embargo, el considerable capital de talento individual invertido en esta aventura escénica, posee la virtud de traer al presente, de un modo amplio y distinto, al autor de Ifigenia cruel, obra calificada por Octavio Paz como “una de las más perfectas y complejas de la poesía moderna hispanoamericana”.