FICHA TÉCNICA



Título obra Primero sueño

Autoría Sor Juana Inés de la Cruz

Elenco Jesusa Rodríguez

Iluminación Juliana Faesler

Música Marcela Rodríguez

Notas de Música Enrique Castro / percusiones; Lourdes Ambriz / voz grabada

Vestuario Xóchitl Vivó

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Alegría Martínez, “Soñar en una celda sorjuanista”, en Laberinto, núm. 313, supl. de Milenio, 13 junio 2009, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Soñar en una celda sorjuanista

Alegría Martínez

Jesusa Rodríguez se viste de monja y regresa a la UNAM. En la memoria quedaron personajes como los de Arde Pinocho, enfundados en sus mayas rayadas; el dolor infinito de Sylvia Plath desdoblada en sus otras yo; el diablo desnudo de encarnada piel con tanga, cola y senos al aire; la imponente Donna Giovanni, la grotesca Mónica Legüinsky y la carnala de Albert Einstein.

Sor Juan Inés de la Cruz se abre paso hasta la penumbra de su celda para decir la silva (combinación de versos de once y siete sílabas rimadas irregularmente) titulada Primero sueño, que consta de 975 versos, dichos a lo largo de una hora y 15 minutos.

Los fanáticos de Jesusa no verán esta vez improvisación escénica, gags, crítica política o cabaret, ni escucharán bolero o elemento alguno que tenga relación con la cultura popular. La actriz y directora, precursora de grupos como Divas, Sombras Blancas y que realizara escenografía y vestuario como Jesu, S.A., se deja seducir en esta ocasión por la poesía y elige el poema más extenso y personal, como se ha calificado a Primero sueño, escrito por la monja jerónima, para decirlo sobre el escenario acompañado de breves acciones, música y buenos efectos de multimedia.

Para ver esta puesta en abismo bajo su dirección, llegan personas de la tercera edad, docentes, investigadores, sorjuanistas, jesurrodriguistas, lopezobradoristas, alumnos de secundaria, personas maduras y despistados, con un entusiasmo que se congela ante el incesante mar de palabras que se les viene encima.

El inicio, poco afortunado teatralmente, de la maestra Dolores Bravo, quien ofrece una explicación introductoria del contexto de la Nueva España en 1625 según Guillermo Tovar y de Teresa, al que adereza poco después con fragmentos de las investigaciones de Octavio Paz, pone en guardia a los ignorantes del tema y apapacha a los sorjuanistas, con lo que de inmediato el público queda dividido y nervioso en su mayoría.

El discurso de la maestra es erudito, pleno de datos clave, en los que se menciona a los estudiosos del extenso poema, al microcosmos del barroco, la realidad novohispana del siglo XVII, la clasificación hecha por nuestro premio Nobel y las etapas que el poema comprende, así como al significado de los animales que lo pueblan y la discusión sobre “sueño” y entre cuerpo y alma.

También hace mención de las diez categorías del pensamiento aristotélico y culmina con la calidad de “metáfora icónica del poema en su visión de la totalidad”. Sin embargo, a pesar de esta necesaria exposición, la calidad del contenido de la breve conferencia se estrella con la forma.

La maestra hace su entrada cuando ya se dio tercera llamada, se apagó la luz de la sala y el espectador se encuentra dispuesto a entrar a la convención teatral. En ese momento, entra una mujer vestida de calle que deja su bolsa y su suéter en una de las butacas cercanas al escenario, saluda con un “buenas tardes”, se sienta en la única silla novohispana sobre el espacio sagrado del escenario y abre las compuertas de su sapiencia con un nerviosismo que delata su pánico escénico en su incesante rascar del codo derecho, mientras habla con una dicción y un ritmo veloz que dificultan la comprensión indispensable de lo que expone.

Una vez terminada su intervención, sale y segundos después entra Sor Juana-Jesusa con su hábito de la época para hablar de ese viaje que realiza su alma mientras su cuerpo duerme.

Una larga mesa, una gran silla de madera y cuero con remaches de fierro, una vela, un espejo, una gran lupa, un espejo, una esfera y un bastidor de bordado que se usará como miniproyector circular, son los elementos que usa el personaje para exponer su reflexión poética sobre lo que los estudiosos definen como “las visiones, esas realidades supralunares que el alma ve en su viaje espiritual”.

Con música de Marcela Rodríguez, iluminación de Juliana Faesler, vestuario de Xóchitl Vivó, percusiones de Enrique Castro y voz grabada de Lourdes Ambriz, esta Jesusa-Sor Juana que habla, observa, escribe con pluma de ave en un renglón de luz, se desviste bajo la imagen en movimiento de una lechuza, un águila, peces, estrellas, el espacio y mapas celestes, deja correr su voz y se pone con valentía en la piel de Sor Filotea.

Hace oscilar la esfera metálica de un lado a otro del escenario que alude a la circunferencia, cuyo centro está en todas partes, como Dios, y así como lo revela Paz, defiende su amor a las ciencias profanas por ser un camino hacia las divinas, en una actitud más filosófica que cristiana, según externaron sus adversarios.

En fin, que bajo el hábito o con el torso al descubierto como proyector de la animación que describe el funcionamiento de los órganos corporales durante el sueño, Jesusa-Sor Juana esta vez es contestaria desde la academia, con los riesgos que tal decisión implica.