FICHA TÉCNICA



Título obra Sigue la tormenta

Autoría Enzo Corman

Notas de autoría Fernando Gómez Grande / traducción

Dirección Antonio Algarra

Elenco Miguel Flores, Claudio Lafarga, Omar Fanucchi, Fabián Caero

Escenografía Arturo Nava

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Productores Instituto Nacional de Bellas Artes - Universidad Autónoma Metropolitana

Referencia Alegría Martínez, “Tormenta de remordimientos”, en Laberinto, núm. 307, supl. de Milenio, 2 mayo 2009, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Tormenta de remordimientos

Alegría Martínez

Sigue la tormenta es el título que eligió Enzo Corman, dramaturgo francés, para enfrentar a un viejo actor y a un joven director con objetivos opuestos, en una distante casa de la campiña francesa, donde los argumentos de uno para negarse a actuar y los del otro para dirigirlo, esconden terribles antecedentes de dolor y guerra que, en el afán de olvido, se acrecientan en una agonía eterna.

Un texto complejo y hermoso, con alusiones y citas de El rey Lear y la metáfora presente de La tempestad de William Shakespeare, que hace referencia a la física que azota el refugio donde los dos hombres se encuentran y a la interna en la que están envueltos por diversos motivos, unidos por un puente invisible y fuerte, protegidos y acechados por la sombra de Macbeth, de Hamlet, de Desdémona y de la cicatriz provocada por el exterminio nazi.

Dos habitantes de la escena separados por los años, la experiencia, la frontera del final de una vida y el repunte de la otra; unidos sin embargo por el amor al teatro, por la adicción a respirar el oxígeno de un personaje, a querer mirar con sus ojos dentro de la ambición, la traición o la locura, hundidos en el amor trágico y la desesperanza para navegar la existencia que de otra forma carecería del ancla que impidiera el paso a la deriva.

Un joven y un viejo en un duelo de ingenio, como los perfila el dramaturgo, bien preparados para las estocadas verbales, los asaltos al ingenio del contrincante, la alerta infatigable, el resguardo de los secretos en un ámbito donde los rincones son insuficientes.

Cercados por el frío y una lluvia incesante, por sus obsesiones, sus antecedentes, su carga interna, una inmensa culpa y un desamor gigantesco, el viejo y el joven que hablan el mismo idioma, caminan sin remedio hacia el lugar que en lo cotidiano evitan, hasta que después de las treguas, los diálogos sordos, las revelaciones y los aullidos, sucumben a su instinto de defensa primitivo, arrebato antepuesto por la falta de salida.

Sigue la tormenta, traducida por Fernando Gómez Grande, es una obra que indaga en el sentir profundo del universo escénico y por lo tanto en la esencia humana, en esas pasiones que arrastran a personajes y en las que nos reconocemos, por eso la elección de este texto de Corman es revelador y gratificante, porque ante la imposibilidad de vivir con el exterminio a cuestas, lo que queda es abrir de nuevo esa herida que jamás dejará de supurar por más cerrada que parezca.

Llevada a escena a partir del convenio de coproducción entre la Coordinación Nacional de Teatro, con Juan Meliá como su titular, y por el Teatro Casa de la Paz de la UAM, con Jaime Chabaud al frente, esta obra es una oportunidad para acercarse a la riqueza de una dramaturgia rica y profunda.

El montaje, que cuenta con la interpretación del primer actor Miguel Flores y la participación del joven Claudio Lafarga, requiere sin embargo de algunos ajustes, que tal vez el tiempo y la oportunidad de correr la obra una y otra vez integren a este trabajo de altos vuelos.

El director Antonio Algarra muestra grandes aciertos, como la elección de la obra y de Flores como Theo Steiner, presencia mítica del teatro vienés de la posguerra autoexiliado 25 años atrás.

La experiencia de Miguel Flores sobre el escenario, su dominio de la voz, su manejo de subtextos y matices, elementos que se ha encargado de pulir en cada montaje, le otorgan la base para poder construir a su personaje con la riqueza con que lo hace.

Por su parte, el joven actor Claudio Lafarga, a cargo del rol de Natahn Goldring, reconocido y exitoso director del nuevo teatro en Berlín, realiza esfuerzos importantes por cumplir con la exigencia de su personaje, meta que consigue a ratos, debido seguramente a que requiere tiempo para analizar el texto, realizar las consecuentes operaciones mentales, que son muchas y de alta dificultad, y permitir entonces la fluidez de su personaje que se atora con su angustia, emergente de su circunstancia y con la que es del actor.

Cabría también la pregunta sobre la necesidad que tuvo el director de introducir en esa casa-estudio (bien diseñada escenográficamente e iluminada por Arturo Nava) a un actor –Omar Fanucchi o Fabián Caero– para colocar o sacar utilería en ese hogar donde se supone vive un hombre solo.

Está claro que ese elemento, el oscuro y el inicio de otra escena, enteran al espectador del paso del día a la noche, pero al mismo tiempo rompe el ritmo y la ficción. ¿No podrían estar la maleta de fotos y recortes a la mano, lo mismo que las tazas, las copas, el vino, etcétera, o ir el personaje por estos objetos como hace toda persona dentro de su casa?

Se trata, por encima de esos detalles, de un trabajo interesante que en caso de cancelarse la previsión sanitaria, se podrá ver los viernes a las 20:00, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00 horas en el Teatro Casa de la Paz (Cozumel 33, col. Roma).