FICHA TÉCNICA



Notas A propósito del fallecimiento de Miguel Córcega, la autora realiza una semblanza del actor, con la ayuda de Luisa Huertas

Referencia Alegría Martínez, “Miguel Córcega, el goce del actuar”, en Laberinto, núm. 279, supl. de Milenio, 18 octubre 2008, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Miguel Córcega, el goce del actuar

Alegría Martínez

La muerte de un hombre dedicado al arte de la actuación, en nuestro país ha dejado de ser digno de ocupar espacio. Nuestro desprecio por el reconocimiento y la urgencia de alimentar una amnesia rampante le niega el lugar que se abrió dentro de lo que desdeñosamente se ha dado en llamar el mundo del espectáculo.

Miguel Ilizaliturri García, más conocido como Miguel Córcega, fallecido el pasado 29 de septiembre, no generó largas notas periodísticas ni homenajes, ni siquiera por parte de Televisa, empresa a la que dedicó los últimos 25 años de su vida.

Su pareja, la actriz Luisa Huertas, con quien el próximo enero celebraría su aniversario número 25, compartió anécdotas, comentarios, secretos para que quienes llegaron a verlo, conozcan un poco más de su historia, y quienes no tuvieron la oportunidad, sepan que Córcega dedicó su vida en todas las facetas que le fue posible, al arte de la actuación.

Aquel niño nacido el 24 de octubre de 1929 en el Distrito Federal, orgulloso de ser hijo de obrero ferrocarrilero, estudió danza con Guillermina Bravo y Amalia Hernández y fue más tarde fundador de la Academia de la Danza Mexicana.

Miembro de la primera generación de alumnos egresados de la Escuela de Teatro de Bellas Artes en 1947, que dirigía entonces Salvador Novo, tomó clases con Xavier Villaurrutia, Fernando Wagner, André Moreau, Fernando Torre Laphan, Clementina Otero de Barrios, Conchita Sada y el propio Novo.

Fue uno de los más jóvenes alumnos que tuvieron la oportunidad de irse a una gira a Monterrey. Después de la función y con la emoción del estreno, la falta de costumbre hizo que al novel actor le cayeran pesados los tragos del brindis, lo que le llevó a entonar una canción dedicada al director de su escuela, cuyo estribillo decía alegre y repetidamente: "Pinche maricón pelón".

Las notas de la tonada llegaron pronto a oídos del maestro Novo, que al día siguiente mandó llamar al alumno, a quien recibió en su habitación envuelto en su bata de baño y con la cabeza debidamente cubierta con una toalla como turbante.

El maestro le pidió al alumno que le interpretara aquella composición hecha en su honor, a lo que el joven se negó durante un rato hasta que la insistencia, ya en tono imperativo, lo obligó a cantarla.

Después de escucharla con parsimonia, Salvador Novo le dijo al estudiante: "Mira Miguelito: pelón, pues sí, pero tengo muy buenos bisoñés. Maricón, pues qué quieres, así me hizo Dios, pero lo que no te perdono es lo de pinche, porque soy un excelente cocinero"

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Aunque Novo no quería tomar represalias, el alumno fue suspendido un año por Celestino Gorostiza, entonces director del INBA.

Compañero de generación de Carlos Ancira, Raúl Dantés, Carlos Bibriesca –ya fallecidos– y de José Solé, Ignacio López Tarso, Héctor Gómez; Raúl Farel, Tara Parra, Beatriz Aguirre, Bárbara Gil –su primera esposa–, Virginia Gutiérrez, Luis Gimeno, María Idalia y Lorenzo de Rodas, entre otros, Córcega tuvo el privilegio de actuar en la época en que se hacía teatro moderno universal, como intento de dejar atrás el teatro español que también se representaba y en el que tomó parte.

Cinéfilo, admirador de Alejandro Galindo y los hermanos Rodríguez, Córcega participó en películas al lado de Libertad Lamarque, Carlos López Moctezuma e Ignacio López Tarso, además de incursionar en la comedia con Viruta y Capulina en Dos pintores pintorescos.

Quienes pudieron ver el teatro mexicano de finales de los cincuenta recordarán que hicieron época las parejas de Enrique Rambal y Lucy y Miguel Córcega y Bárbara.

La década de los sesenta le dio la oportunidad de tomar clase con Dimitrios Sarrás, de hacer doblaje junto con Narciso Busquets y de prestarle su voz al abogado Perry Mason, de la serie estadunidense con ese título, además de dirigir y producir teatro.

Actor pionero en la televisión y los teleteatros hechos en vivo en la Torre de la Lotería Nacional que producía Luis de Llano Palmer y en los que alternó con Ángel Garasa, abrevó la experiencia desde el foro, para más tarde dirigir actores para la televisión.

A cargo del teatro Reforma del IMSS, cuando en nuestro país estaba de moda montar obras del realismo norteamericano, Córcega decidió llevar a escena obras de Antonio González Caballero, Emilio Carballido y de Salvador Novo, aunque la dramaturgia mexicana estuviera catalogada dentro de lo más chafa por los jóvenes teatreros.

Actor de la Compañía Nacional de Teatro que dirigiera José Solé cuando la corrupción sindical de la ANDA (Asociación Nacional de Actores) impulsó a un grupo del gremio a formar el SAI (Sindicato de Actores Independientes), Córcega fue pilar de esta compañía junto con Augusto Benedico, Carlos Ancira, Germán Robles y Mario García González.

Para Luisa Huertas, su mujer, Miguel fue un animal teatral. Recuerda que cuando tenía 11 años se enamoró del gran actor al verlo en la televisión, siendo ella estudiante de teatro de la escuela del INBA.

Diez años después llegó la joven actriz a la Compañía Nacional de Teatro, donde empezaron las conversaciones sobre el arte que les apasionaba, las funciones, las idas al cine. "Durante 25 años presencié los desvelos de Miguel preparando cada escena del día siguiente para la televisión, aunque tuviera que hacer brakes de 40 escenas diarias. Pedía las plantas escenográficas para planear por dónde introducir la cámara y lograr los efectos. Salvo honrosas excepciones, como Lo hizo Sergio Jiménez y lo hace Benjamín Cann, ya nadie dedica su tiempo a eso.

"En él vi concretarse el goce de actuar".