FICHA TÉCNICA



Notas A propósito de la visita de Rolf Abderhalden, la autora expone aspectos de su pensamiento acerca del teatro

Referencia Alegría Martínez, “El teatro puede seguir vivo”, en Laberinto, núm. 277, supl. de Milenio, 4 octubre 2008, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

El teatro puede seguir vivo

Alegría Martínez

A partir de una necesidad concreta que surgió de la interrogante "Quién nos va a enseñar a hablar en el teatro y cómo es que vamos a empezar a poner ahí la palabra", el director suizo-colombiano Rolf Abderhalden y su hermana Heidi se dieron a la tarea de hacer sus propias traducciones de Samuel Beckett para eliminar modistos hispanos como el acostumbrado gilipollas. Desde entonces, en los ochenta empezó el recorrido de ambos artistas por encontraste con el autor de Esperando a Godot, hasta que, poco antes de su muerte, consiguieron su bendición y los derechos de la obra para América Latina.

Muerta la esposa del premio Nobel y sumido éste en una gran depresión que lo mantenía en el encierro y en la firme negativa de recibir a gente desconocida, su afición a la diaria lectura de periódicos operó un cambio de suerte que marcaría la vida del joven Rolf y su hermana, fundadores de la compañía Mapa teatro-laboratorio de artistas.

Fue el 18 de.agosto de 1989, el día que asesinaron a Luis Carlos Galán, candidato a la presidencia de Colombia, cuando casualmente Rolf se encontraba en París, insistiendo con el editor de Beckett en la posibilidad de hablar con el dramaturgo y poeta.

El autor de Fin de partida, que recibía más de 40 cartas al día, provenientes del mundo entero con peticiones de entrevistas, al enterarse por su editor de que el joven que quería verlo era colombiano, decidió recibirlo.

El encuentro fructificó y tres meses después, al morir el discípulo de Joyce, la compañía Mapa estrenaba De Mortibus. Réquiem para Samuel Beckett, aprobada por él; montaje histórico en Colombia que representó a este país en festivales de Friburgo, Nyon, Lausanne y Ginebra.

Rolf Abderhalden Cortés, quien cambió su primera profesión de arte-terapeuta, cursada en la Escuela de Altos Estudios Sociales y Pedagógicos de Lausanne, Suiza, para dedicarse al teatro, convencido por Jacques Lecoq de quedarse en la Academia Nacional de Arte Dramático de Roma, está seguro de que el arte es la vía para ser una mejor persona.

Años más tarde Rolf recibió el grado de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras del gobierno de Francia por su trabajo artístico.

De visita en México para iniciar pláticas sobre la posibilidad de realizar un montaje con la Compañía Nacional de Teatro que dirige Luis de Tavira, Rolf Abderhalden, introductor en su país de la dramaturgia de Heiner Müller, encontró en la obra del autor alemán la esencia fundacional del pensamiento occidental y de su teatro, lo que hace "que nosotros no hayamos hecho otra cosa que reescribir el pensamiento mitológico de los griegos y recontextualizar las distintas épocas".

"De la mano de Müller también volvimos a los griegos, y toda su escritura es una revisitación a ese mundo en un lenguaje contemporáneo. Esa noción de lo trágico en la modernidad es una herencia".

Profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia desde 1986, director de más de 40 puestas en escena y actual coordinador de la Maestría Interdisciplinaria en Teatro y Artes Vivas de la Facultad de Artes en su país, Rolf ha observado a partir de las diversas giras realizadas tanto en Europa como en América Latina, que en la actualidad el teatro ha sido nuevamente atrapado por las dinámicas en que se mueve la sociedad.

"Habiendo estado en escenarios de lo que llaman primer mundo y teniendo mi residencia y punto de anclaje en Colombia, también he visto las grandes diferencias y abismos que ha habido entre las sociedades muy desarrolladas y las que son como la nuestra. Opté por el teatro porque tiene esa maravillosa posibilidad de compensar en el tiempo y en el espacio la presencia humana y sobre todo la posibilidad, hoy de que la comunidad se reencuentre a sí misma.

"El teatro como un dispositivo de encuentro de una comunidad, independientemente de lo que cuenta y cómo lo hace, es parte de lo que me arraiga a su lenguaje. No tengo una manera específica de hacer teatro, no pertenezco a una escuela, más bien diría que soy ecléctico. He tratado de revisar mis propias metodologías y visiones. Me gusta indagar, abrir territorios, soy una persona inconforme con las tradiciones".

Para el director y maestro que llegó por primera vez a México en 1999 para hacer la primera residencia artística Colombia-México convocada por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y el Ministerio de Cultura de su país, el teatro tiene una función muy importante: "Propiciar el encuentro de los cuerpos y de las palabras".

Interesado en la dramaturgia contemporánea, pero crítico firme de la poca escritura atractiva que existe hoy en día, el director de obras como Psicosis 4:48 de Sarah Kane, está en la indagación de cómo se puede escribir y actuar en esta época, atravesados, como nos encontramos, por infinidad de dispositivos mediáticos, lo que necesariamente genera una nueva relación con los medios electrónicos.

"Hay una percepción distinta, y eso nos obliga a repensar la forma en la que el teatro puede seguir vivo, asunto que siempre me ha preocupado, por eso cada vez que monto una obra pienso en el público joven".

Preocupado por cómo se escucha, se ve, se mueve, siente se aprende y por dónde pasa el teatro, Rolf Abderhalden se ocupa de la experiencia del espectador.

"El teatro debe conmover en el sentido más etimológico del término. "Ahora es muy difícil conseguirlo porque estamos saturados de textos e imágenes". Ya lo decía Beckett en los años 50: "Hay mucho ruido y palabra, no nos estamos comunicando".