FICHA TÉCNICA



Título obra Encuentro de claridades

Notas de Título Basada en El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida de Philippe Delerm y en Jugo de naranja de Carmen Villoro

Notas de autoría Ángeles Hernández / adaptación

Dirección Sandra Félix

Elenco Mauricio García Lozano, Úrsula Pruneda

Escenografía Philippe Amand

Iluminación Philippe Amand

Referencia Alegría Martínez, “Un diálogo constante de luz”, en Laberinto, núm. 271, supl. de Milenio, 23 agosto 2008, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Un diálogo constante de luz

Alegría Martínez

Un gran cubo blanco con ventanas contiene a otro de menor tamaño con muros lisos, a ambos les faltan dos caras y en su vértice una mujer y un hombre se separan. Ahí sólo habrá una silla y una maleta, lo demás son palabras, recuerdos, memoria de lo que evoca un objeto, un olor, un sabor, un placer, una pausa en la vorágine cotidiana.

Tres metros por tres bastan para un viaje al gran significado de nuestras acciones menores. El cubo mayor resguarda y cubre al menor como una gran metáfora plástica de nuestra doble naturaleza: la que se conduce según la norma para mantener en pie nuestro exterior y la que en verdad nos conforma, esa que desconocemos hasta que la distancia la pone en evidencia.

Philippe Amand diseña e ilumina el espacio escenográfico donde una pareja narra lo que se desgaja durante la ruptura; cada uno habla por separado de sus acciones como si hiciera referencia a una segunda persona, a la que le prestan su voz.

Así se desdoblan los personajes, en palabras evocadoras del pasado y del presente, en la cima de un momento en que el suceso más cotidiano cobra una dimensión gigante al autodescubrimos en la fragilidad que nos revela.

Una adaptación teatral de Ángeles Hernández basada en El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida de Philippe Delerm y en Jugo de naranja de Carmen Villoro, dan curso a la idea original de la directora Sandra Félix que dedica este Encuentro de claridades a Philippe Amand.

Mauricio García Lozano y Úrsula Pruneda actúan lo que narran, traducen desde la emoción, proyectan con su cuerpo, con su mirada, lo que hay detrás de un sorbo de cerveza, de un trago de jugo; el placer que se guarda en la memoria tras su desaparición instantánea.

Teatro de la creación del actor que el espectador retoma en contrapunto de su experiencia con lo descrito mediante una comunión de latidos que se acompañan.

El texto alude a esas pequeñas muertes de que está hecha la vida, a lo que recordamos de un instante de placer, a la despedida continua y el enlace de la resaca emotiva con los sucesos siguientes.

Los personajes están circunscritos a un espacio delimitado, pero su voz nos lleva a París o a un supermercado mexicano, al cine o la cocina, desde donde describen lo que ven, lo que hacen y lo que dicen para ocultar sentimientos.

Un diálogo constante de luz viaja del cubo menor que se inunda de sol, al mayor que se transforma en tarde, uno está dentro, otro está fuera, como si el interior de los personajes fuera coloreado por su emoción cambiante, teñido de un dolor que cambia de tono, de una gama color nostalgia que nunca es la misma.

Distancia y palabras para reparar en acciones. Alto al torbellino para tocar la infancia con la lengua y el miedo con la piel al calor de un oporto o de una toalla mojada y caliente; este es el pasaporte hacia el terreno volátil que constituye al ser humano.

Mauricio García Lozano es Philippe dentro de ese espacio de dos paredes, donde su andar con maleta nos sube al tren que lo aleja, a la torre Eiffel que lo acerca a sí y a su añoranza.

El actor, maestro y destacado director de obras como Juan y Beatriz de Carole Fréchette, Noche árabe de Roland Schimmelpfenning, Tina Modotti de Víctor Hugo Rascón Banda y Las tremenda aventuras de la capitana Gazpacho de Gerardo Mancebo, por mencionar algunas, hace buen acopio de su experiencia para darle vida a este personaje que cambia de estación anímica mientras recuerda el pasado y elude el presente.

Su mirada transporta a ese lugar que sólo está en su mente y de ahí conecta con sus pies y su cuerpo que le abre paso a la ausencia de su deseo.

Úrsula Pruneda, actriz en obras como Polvo de mariposas adaptada por Sandra Félix y Ana Perusquía, Las olas de Virgina Woolf, La tempestad de Shakespeare y Camille de Hugo Hiriart le da otra calidad al dolor de no estar juntos, envuelto en cierto humor doloroso, que detona una conciencia huidiza, juguetona en búsqueda sin arrebatos hacia un madero que la mantenga a flote mientras se descubre.

La actriz camina con paso firme hacia ese pantano que extiende la soledad en un mínimo espacio, donde un objeto inanimado puede ser nuestra mayor amenaza.

Sandra Félix depura sentidos y significados, introduce a los actores por el pasadizo de la prosa poética, los ubica al límite de un lugar donde todo está por construirse para lanzarlos al encuentro de lo que evitamos tomar en cuenta.

Esta directora, que cada vez se acerca con mayor precisión a lo indispensable, al close up de esa parte que nos duele, hoy retorna ese camino al que añade el placer y su finitud enganchado con nuestras pérdidas.

Encuentro de claridades es un homenaje que hace Sandra a alguien que ama, para lo que elige certeramente la filosofía de Philippe Deelerm (Avers-sur-vise, 1950), autor para quien todo disfrute es la antesala de una pérdida. Selecciona el texto de Carmen Villoro (DF, 1958), que desmenuza una acción trivial en lo que la nutre de trascendencia y finalmente pide la colaboración del homenajeado, quien ubica este universo interior en el espacio.

Encuentro de claridades, donde la imagen, la música, la presencia, la muerte, la nostalgia de Jaques Brell viajan suave entre los pasillos libres de dos cubos blancos, es una invitación a tomar en cuenta lo que constituye nuestros dos componentes: dentro y fuera, sin omisiones.