FICHA TÉCNICA



Título obra Mujer on the border

Notas de Título Basada en la novela El llanto del verdugo de Antonio y Javier Malpica

Notas de autoría María Muro / adaptación

Dirección María Muro

Notas de dirección Rubén Rojo Aura / dirección del video; Iván Vilchis / cámara

Elenco Marta Aura

Escenografía Carlos Enrique y Juan Manuel Arozamena

Iluminación Carlos Enrique y Juan Manuel Arozamena

Música Laura Elena Padrón

Referencia Alegría Martínez, “Escuchas del infortunio”, en Laberinto, núm. 253, supl. de Milenio, 19 abril 2008, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Escuchas del infortunio

Alegría Martínez

Marta Aura contiene la explosión interna de la madre, la mujer, el ser humano plantado en la aridez de una soledad sin respiro, donde el eco de los recuerdos marca el tiempo de una existencia encriptada.

Como si se pudiera dar un paso del cine al escenario teatral, el personaje de Aura en Mujer on the border se nos presenta con pasos sordos y pesados entre el frío de las calles y los muros pintados por el sol de Zacatecas.

El persistente canto del gallo y el sonido de un reloj desvencijado en marcha, evocan el exterior que se diluye lento cuando ella entra a su casa, donde una mesa, una piñata y un altar se ciernen sobre su vida.

Mujer on the border parte de la novela El llanto del verdugo, escrita por Antonio y Javier Malpica y adaptada al teatro por María Muro (directora de escena) y Marta Aura.

Los escritores dan voz al dolor de esos pueblos de mujeres que abundan en nuestro país, donde la ausencia de los esposos e hijos engullidos por la frontera con Estados Unidos trueca lágrimas por rabia

Una veladora, la foto del hijo con camiseta futbolera del Chivas, algunos viejos libros de leyes gringas y varios "milagritos" colgantes son la entrada hacia el túnel del consuelo, la posibilidad de arañar el recuerdo, de sonreír por lo que no volverá, aunque sea para librar la densidad de un minuto.

El eficaz trabajo de Marta Aura traspasa las barreras defensivas que el espectador pueda levantar frente al tema. La protagonista de 30 películas, actriz de diversas telenovelas y radionovelas con 40 años de trayectoria, elige el camino más largo del teatro que la lleva a exponer injusticias, a tener presente el respeto por la vida humana, por los derechos, y a mostrar esa dosis de veneno que portan las personas que, como Aurora, no hallan opción en su destino.

La migración y la pena de muerte se enlazan en esta obra en la que mujer y abandono forman una espiral infinita.

Dueña de la escena, de la fuerza que muchas mujeres han exhalado entre pesarosos suspiros, la actriz despliega su conocimiento sobre el ser humano al encarnar a una persona despojada.

En el presente monólogo, en el que su personaje, Aurora, se habla a sí y a su entorno como si hubiera un oyente imaginario, sus ojos crean la imagen del hijo ausente y transitan por su infancia en segundos que se rompen con el avance de las horas, como si ganar tiempo fuera el objetivo mayor de su vida.

Y es que autores, adaptadoras, directora, videoasta, diseñadora de sonido y escenógrafos se suben al cadalso de las horas que parece precipitarse cuando la muerte de un hijo tiene apartadas fecha y hora.

Mujer on the border no sólo expone el conflicto migratorio, también el vacío en la aplicación de las leyes, el desamparo, la falta de identidad, el trueque de la vida por un sueño.

Al personaje de Marta Aura el dolor le crece hasta volverse venganza, y en su lógica parece que sólo eso existe como motor del universo y frente a la inapelable decisión de otras personas sobre la vida del ser más amado.

Crucificada cuando el propio peso la arroja sobre su mesa, esta mujer de gris cubre con rebozo su cabeza, ora y grita para salvar y salvarse de lo acontecido, lo irremediable. Sólo así sobrevive, como si se ahogara entre sollozos, imágenes y segundos raudos.

Esta historia de un personaje que hereda el arte de hacer piñatas, "símbolo de la lucha del hombre con su destino" transita del silencio al rezo, a la esperanza y a la revancha.

El inicio de este andar, plasmado en el video dirigido por Rubén Rojo Aura a través de la cámara de Iván Vilchis y con el diseño sonoro de Laura Elena Padrón, dispone al público que observa el azul del cielo zacatecano corno manto sobre el árido suelo, metáfora de una vida que continúa por inercia.

El eco de unos pasos sin vida contra el segundero del tiempo y la banda de música que arrastra el viento, se agolpan en el silencio que no admite reclamos porque no hay escuchas para el infortunio.

Carlos Enrique y Juan Manuel Arozamena diseñan e iluminan el espacio escenográfico en el que hay tres objetos, una piñata a medio decorar que conduce la mujer por los pasillos de su infancia evocadora de las enseñanzas de su bisabuelo, del amor por el papel, sus colores,textura y sonidos, cuando sus destellos dorados eran equivalente de un tesoro plano que podía ocultarse entre las hojas de un cuaderno.

Allí mismo, un nicho que es altar y ventana interior abre la posibilidad de detenerse a mirar la flama mínima de una veladora, esperanza cálida de una luz que se extingue. Ahí los corazones de latón en miniatura oscilan en el marco de madera como lágrimas congeladas junto a una foto que detiene la imagen de una época feliz ya ida.

María Muro, directora de obras como Érase una vez un museo, Medea de Eurípides, autora de Jerez de la memoria, Antonieta en la ausencia, Mujeres al calor de Lorca, Aztlán, tierra de nostalgia, Retorno a Jerez y Herencia, un preludio y siete tiempos, propone un espacio metafórico, donde cada elemento conducen al lugar, a la referencia, a la tesitura precisa.

Su trabajo, generador de un universo completo que viaja del video al escenario y a la entraña del personaje, crea el complejo hábitat de Aurora que propicia un continuo deslizamiento hacia los vestigios de una fe que no resistió a la muerte.