FICHA TÉCNICA



Título obra El Meteoro

Autoría Friedrich Durenmatt

Dirección Reinheld E. Olszewski

Grupos y Compañías Teatro de Cámara Alemán

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Armando de Maria y Campos, “[Friedrich Durrenmatt]”, en El Heraldo de México, 16 diciembre 1966, p. 10.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Heraldo de México   |   16 de diciembre de 1966

Columna Escenarios

[Friedrich Dürrenmatt]

Armando de Maria y Campos

Friedrich Dürrenmatt es uno de los autores modernos, que escriben en alemán, de mayor talento y que ocupa un lugar destacado en la dramaturgia universal. Dürrenmatt no es un desconocido para el público de México. Basta recordar su magnífica comedia La visita de la dama para que no se ponga en duda su singular talento teatral. Dürrenmatt escribe sin reposo ni descanso como corresponde a un verdadero escritor. Muchas de sus obras no trasponen las fronteras de los territorios que hablan alemán; otras, sí. Una de éstas es su pieza El meteoro, que acaba de presentar al público de México el Teatro Alemán de Cámara y en la que se distinguen por igual, sin vedettismo, el primer actor y director, la escenografía audaz y todas y cada una de las partes que figuran en el reparto.

Estos comentarios son propiamente simples fichas o piedras blancas del paso por México del Teatro Alemán de Cámara.

El Meteoro de Dürrenmatt narra la historia de un hombre que quiere y no puede morir, y que, durante la persecución de su fin, ve desaparecer a figuras que lo rodean sin que a él mismo le sea posible la consecución de su objetivo.

Schwitter, afamado escritor laureado con el Premio Nobel, irrumpe como un meteoro; destructor cual cuerpo celeste descontrolado arrastra a todos hasta el aniquilamiento. Sólo a él le está vedado su fin: no puede morir. Huye de la vida, busca donde poder morir tranquilo y solo. Cree encontrar este refugio en el desordenado atelier de un joven pintor de segunda orden y en los brazos de la bella esposa de éste. Pero está visto que no se cumplirán sus deseos. Ya comienzan las visitas. Primero es un pastor de una orden hospitalaria, profundo creyente y samaritano, quien al figurarse visitar a un resucitado, se desploma sin vida ante lo que él cree es una renovación del milagro bíblico de Lázaro. Luego es Muheim, el gran industrial, dueño de inmensos complejos industriales, quien al enterarse por boca de Schwitter que éste y su esposa lo han engañado años atrás, cae fulminado como un rayo. Dos personas más, los siguientes visitantes, tienen el mismo fin. Primero la esposa de Schwitter, una ex call-girl, que al ser humillada por su esposo se retira y se suicida sumisa y humildemente; luego es el hijo de Schwitter, un joven dedicado a la vagancia y a la búsqueda de la herencia, quien desfallece ante la impresión que le produce ver a ésta reducida a cenizas en una estufa. Por fin solo, Schwitter busca una despedida ceremoniosa de la vida con la mujer de Nyffenschwander, esposa de su anfitrión. Al comenzar el segundo acto, lo vemos sobre su lecho mortuorio. Entran los asistentes, su editor, discretamente mundano; el crítico con su charlatanería sobre la vida y el arte. Tras el velorio sólo quedan el pintor y su esposa para separarse luego de la catástrofe matrimonial. En ese momento se levanta Schwitter, aún vivo; Nyffenschwander, en un impulso de desesperación, lo quiere matar, entra en escena, luego, conocido cirujano y una señora Nomsen, suegra de Schwitter y encargada de los baños de un hotel. Ella también muere mientras Schwitter trata de hacerle entender su deseo de morir; irrumpen miembros del Ejército de Salvación para ver el milagro de Lázaro. Pero Schwitter no quiere ser Lázaro: sólo pregunta cuándo morirá, pero no obtiene respuesta, y resignada y filosóficamente dice: vivamos para morir.

Nuestro homenaje personal a Reinheld E. Olszewski, primer actor y director de la obra.