FICHA TÉCNICA



Título obra Tripas de oro

Autoría Fernand Crommelynck

Dirección Ignacio Sotelo

Grupos y Compañías Teatro Universitarito

Elenco Lilia Aragón, Humberto Enríquez, María del Carmen Farías, Selma Beraud, Gilberto Perez Gallardo

Escenografía Marcela Zorrilla

Música Mariano Ballesté

Referencia María Luisa Mendoza, “Actriz de oro”, en El Gallo Ilustrado, no 232, supl. de El Día, 4 diciembre 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Actriz de oro

María Luisa Mendoza

Hay una figura en el Teatro Universitarito a la que hay que rendirle homenaje, una nueva hermosa muchacha que arriba a la categoría de gran actriz de un estilo que mucha falta le hacía a esa compañía. Su nombre es Lilia Aragón y ya la habíamos visto hace algún tiempo, primero en un papel protagónico y luego en el perfil de Marigaila, la divina de Del Valle-Inclán y sus Divinas palabras. Lilia arrancó aplausos desde su primera presentación en público, y ahora, entre todos los jóvenes que conforman el elenco de Tripas de oro, de Fernand Crommelynck se distingue por su personalidad definitiva, por su carácter fuerte y arrebatador, por su proyección emotiva y un control, sobre todo, del temperamento, para bordar un personaje hierático que el autor quiso conservar en la cordura en medio de la fuerza satírica que es toda la obra. Crítica a la ambición, en primera estancia, como se ríe de la burguesía, en segunda instancia, en El estupendo cornudo.

Es, pues, Lilia el apoyo, el pivote, el núcleo estático de bella increíble voz de terciopelo y dicción de día de fiesta, a su alrededor digno giran actores movidos por una dirección equivocada e ingenua, inmadura y demasiado movida, dirección del joven Ignacio Sotelo que, si demuestra amor al teatro y talento innato, ayer como actor, hoy como director, en cambio deja ver una ambición no coronada por el éxito y un querer tocar de novedad, subrayando el nervio, textos que merecerían mayor gentil calma.

Sotelo quiere dar buen teatro, esto es evidente, escogió para ello una obra dificilísima ya que Crommelynck en su trayectoria de dramaturgo finca el experimento y la posición vanguardista de su tiempo, esto trae como resultado la exigencia de muchas discreciones al igual que muchas audacias. Sotelo no cumple con ninguna de las dos posibilidades, al grado tal que, en su empeño de mover a sus intérpretes olvida lo que éstos deben decir y el público no entiende de qué se trata, perdiéndose así hermosos parlamentos líricos, agravado todo por la general dicción farragosa.

En esta vocalización de defecto todos pecan sin descanso, los unos por inexperiencia, aquel por salivación excesiva, ésta por ceceo, etcétera. Hay, no obstante, dos excepciones: Lilia Aragón, magnífica, y Humberto Enríquez aplanando los parlamentos para darles la intención del médico charlatán, y por fin la linda María del Carmen Farías, intencionadísima en cada momento, clara de habla, absolutamente deliciosa.

Sobresale la belleza de Selma Beraud, su encanto e intencionada actuación un poco retenida por las eses débiles en su voz... y Gilberto Perez Gallardo en el papel protagónico de Pedro Augusto Hormidas, que si bien pretende y logra toda una difícil caracterización falla, de nuevo, otra vez, en el hablar mal resuelto, atropellado y acuoso.

Para la música como siempre trabajó Mariano Ballesté con la brillantez que, valga la frase, lo caracteriza. Y de escenógrafo estuvo Marcela Zorrilla que valga la frase, puso en evidencia su talento, aunque demasiado de acuerdo con la dirección, lo cual dio por resultado que el decorado y la labor directriz correspondían a otra obra.

Así, pues, saludamos una vez más a la revelación, a la continua revelación que es Lilia Aragón, una actriz que dará a México grandes jornadas de grandeza si tenemos el placer de verla de nuevo en un papel a su medida, es decir, más protagónico, más intenso.