FICHA TÉCNICA



Título obra Ensayando a Molière

Autoría Sergio Magaña

Dirección Mario del Razo

Grupos y Compañías Los Trashumantes del INBA

Elenco José Luis Castañeda, Oscar Yoldi

Referencia María Luisa Mendoza, “Ensayando, ensayando a Molière”, en El Gallo Ilustrado, no 195, supl. de El Día, 20 marzo 1966, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Ensayando, ensayando a Molière

María Luisa Mendoza

Los Trashumantes. Ser trashumante es cambiar de pastos. O como los carneros, pasar en verano a las montañas y regresar de ellas en el invierno. Así un grupo, varios, cinco, para ser lo exactos, van y vienen por el Distrito Federal y actúan. En el parque de San Juan de Aragón, tan recién levantado y nuevo; en el Zócalo de Coyoacán que no se cae de viejo por milagro; en la Pérgola Ángela Peralta, tan chapultepecosa [sic] y descolorida; en el kiosco de Azcapotzalco, lleno de olores del petróleo del diablo; en el parque Ingeniero Eduardo M. Molina –a saber–; en Xochimilco e Iztapalapa, México de antes; y en la Colonia Estrella, pasando el puente.

Los Trashumantes del INBA. El Instituto que tiene el anhelo de que todo el mundo vaya al teatro, sepa por lo menos lo que es, sobre todo si es teatro mexicano, como sucede con cuatro del quinteto, escritas por los de casa y dominicalmente representadas en plazas y jardines.

El último domingo el Gallito se paró en la colonia Estrella para asistir a la farsa, sátira, comedia, recreamiento de Sergio Magaña titulada Ensayando a Molière. Valía la pena en mucho por provenir de ese autor laureado y tan de garra, tan espléndido en momentos, tan lleno de un condenado talento. Y porque era ver de cerca su nueva tendencia de hombre culto a incursionar en autores clásicos, como ya lo hizo en Los argonautas volando sobre Grecia y hoy con Pocquelin que era verdaderamente un Trashumante con toda la peluca.

Magaña ha escrito una pieza para teatro pequeño, una especie de cuarteto de cuerda muy culterano y sabroso, que exige un saber a priori y un querer entender las peripecias y tribulaciones de un autor dramático, Molière, ya muerto y regresado por obra del arte a dar guerra.

Desde luego, este tema de casacas y medias blancas, zapatos de tacón y crinolinas no interesan para nada o muy poco a un público dominical formado por niños, matrimonios de paseo, y desocupados. Lo que funciona por ejemplo el Corrido de El Coyote o México 1900, deja de hacerlo Ensayando a Molière. Es esto probablemente la falla más directa de la puesta en escena por demás humilde y heroica. No se trata de que los actores asusten de tan elegantes ni mucho menos (con todo y que esto sería fabuloso para la obrita), pero sí una cierta dignidad en el vestuario y en la escenografía, virtudes de las que carecen los actores trashumantes por falta de medios económicos, dando la impresión de pobreza evidente.

Ensayando a Molière atrae al romántico Arlequín y al Polichinela (personaje éste en el que Magaña se complace en caricaturizarlo y zaherirlo con cruel inteligencia), a los que llama abuelos de Molière y Erasto, Rosina, Lagrange, Colombina, etc. Y a todos los hace trabajar en Improvisando a Versalles, El atolondrado, El despecho amoroso y Las preciosas ridículas. Magaña se complace en su cultura, en su amor a Molière, él que es tan molieresco en mucho, y arranca la sonrisa del que de pronto capta su buen humor, sus definiciones profundas, y hasta su infantilismo al decir del inmenso autor galo que “tiene nombre de muela”.

José Luis Castañeda se hace notar por su buen porte y pronta espontánea alegría y dicción. En cambio Óscar Yoldi, tal vez por responsabilidad del director Mario del Razo (que en general impuso ese ritmo exagerado que es necesario en teatro de masas, pero que rechaza la obra por ser ella en sí lo ampuloso) está demasiado grotesco subrayando la agresividad de Magaña con frecuente mal gusto. Todos los actores en resumen cooperan con el desarrollo dramático, olvidando sus vestidos anacrónicos por estilo y lejana hechura original, y tratando de atraer la atención del público con frecuencia distraído en paisajes circundantes.