FICHA TÉCNICA



Título obra Los diálogos del pensador mexicano

Autoría José Joaquín Fernández de Lizardi

Dirección José Luis González

Grupos y Compañías Grupo de Teatro Trashumante del INBA

Elenco David Espinoza, José Antonio Raeza, Alejandro Bichir, Maricruz Nájera, Miguel Arteaga

Notas de elenco Raúl Velásquez y Salvador Ornelas / mimos

Escenografía Margarita Chávez y Fernando Gómez

Música José Antonio Raeza

Referencia María Luisa Mendoza, “¡Arriba los trashumantes!”, en El Gallo Ilustrado, no 177, supl. de El Día, 14 noviembre 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

¡Arriba los trashumantes!

María Luisa Mendoza

“Progresista capa rala tubérculo y dionisiano, hijo del siglo dieciocho, presagio del mexicano...”
Corrido de Álvaro Montes

Chapultepec a medio día. Chicharrones con chilito de botella, jícamas, pepinos, nieve de limón. Chapultepec y la pérgola Ángela Peralta dada al traste, y los muchachos del INBA, del Trashumante dando una cátedra de lo que es teatro popular. ¡Éntrele, éntrele! y la gente se sienta en la tierra y espera a que salgan ellos a decir Los diálogos del pensador mexicano, de don José Joaquín Fernández de Lizardi, un mexicano que inició el llamado "sketch" y lo sublimó y ahora es rescatado para decir en la mejor técnica brechtiana cosas trascendentes e importantes, criticándolas sin hacerlas grotescas, y poniendo así de relieve las flojeras de los diputados que se duermen en la Cámara leyendo panfletos y votando sin saber a qué.

Y empieza todo con el diálogo entre un francés y un italiano acompañados de la muerte con cara de barro, tosca y tan hermosa que parece personaje de Orozco, tocando la guitarra.

Hay momentos de dirección excelentes, de gran vuelo poético y hondo conocimiento dramático. Aquí José Luis González vuelve a demostrar un talento asombroso por su Carreta, por su vocación por su desvelo escénico. Como cuando dos pueblerinos y rancheros, el sacristán y el payo, escriben en el aire y sobre los árboles la Constitución cantada como corrido.

González es un muchacho de esplendidas aptitudes, que dirigió primero una cosa bellísima de teatro chino, luego el Rabinal y ahora al Pensador. Estos son los elementos que está rescatando el nuevo departamento de teatro del INBA y poniéndolos a trabajar para el pueblo hambriento de verdadero teatro. Y ha dado un ejemplo que deberían ver todo los que vinieron a concursar aquí al Festival de Otoño, porque así sencillamente barroco se puede realizar lo impecable.

Lizardi y el Sereno infiel amafiado con gangster de capa negra, el Ciego y su Muchachito, en la penuria y sufriendo lo que el virrey no alivia por combatir a los insurgentes. La Revolución con la imprenta y la Alameda y el pregonero y la verdad. Y por fin el testamento del Pensador en donde se declara católico y sin él saberlo un socialista de primera línea.

Allí están Raúl Velásquez y Salvador Ornelas, mimos prodigiosos, David Espinoza, José Antonio Raeza, Alejandro Bichir, Maricruz Nájera, Miguel Arteaga, etcétera. Está la música de Raeza, estupenda, la escenografía de Margarita Chávez y Fernando Gómez, consistente en grabados que ya quisieran para un día de fiesta los de la Popular.

González tiene mucha imaginación directriz, un buen gusto evidente para componer sus instantáneos cuadros plásticos, juventud para mover a sus actores, para convencerlos. Es ya en toda la línea un encabezador de la nueva cama de directores que van para arriba y son necesarios para ese advenimiento del teatro mexicano, que ya se avecina, que ya viene, y que va a acabar con los vejestorios y la tomadaca de los profesionales, con la obsesión de los Pasos, y que merecen, como ese chiste mexicano que no se puede reproducir, pero que termina en regalo de un par de zapatillas rojas a un mentiroso, para que se vaya de puntitas a...

El Trashumante va de plaza en plaza, de jardín a alameda como aquella carreta de Tespis de mis amores. Cumple así gratis, y lo que muchos no han podido ni con cobro. Y ya salen pronto a la República. Los precede el aplauso de los Distrito Federaleños. Los espera el agradecimiento de tierra dentro.