FICHA TÉCNICA



Título obra México 1900

Dirección Óscar Chávez

Grupos y Compañías Grupo de Teatro de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales

Elenco Francisco Xavier Montero, María Elena Gastélum

Escenografía José González Márquez

Iluminación Luis Macouzet

Espacios teatrales Teatro de la Universidad

Referencia María Luisa Mendoza, “México 1900”, en El Gallo Ilustrado, no 175, supl. de El Día, 31 octubre 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

México 1900

María Luisa Mendoza

“¡Y nada existe ya! ¡Calló el piano... Cerraste, virgencita, la ventana...”
Manuel Gutiérrez Nájera.

Vanegas Arroyo vendía, a real, juguetes cómicos para niños. Los grandes se carcajeaban echándole un ojo a la riqueza verbal de los cuadernillos editados en papel corriente y con deliciosísimos grabados de linóleum o madera. Tiempos aquellos de nuestros abuelitos. De donde viene nuestro idioma también plagado de modismos estupendos, como “vivales”, y eso. Vanegas Arroyo, uno lo imagina, habrá tomado del habla popular los datos necesarios para reproducir en verso las alegatas de los peladitos, los novios, la portera clásica chismosa, los matasanos, los gendarmes moscosos y los improvisados oradores que se lanzan al ruedo el 15 de septiembre a gritar con su ronco pecho una interpretación sui géneris de la historia patria.

Semillas regias para los cómicos cuadernos, crisol de actores dedicados a hacer reír. De allí vino Roberto Soto y Cantinflas antes de pervertirse con el dólar a la crema.

México 1900. De señoras con mantilla y novias de balcón. Los pintiparados lechuguinos, las amas y las criadas, tíos, pulqueros, catrines, borrachos, paseantes, jueces, Tentetieso y Pico de Oro.

Juguetes olvidados en tlapalerías de la Guerrero y en los que se habla de la Juárez, la Roma, Azcapotzalco, Nonoalco, Puente de Vigas. México Distrito Federal allá atrás con sus "silbatos febriles" y María "novia triste" de tierra adentro, sentada en el corredor de su casa de San Rafael.

Hoy un joven exhuma la belleza, la ingenuidad, y la lleva al teatro en forma de estricto ejercicio para estudiantes. De la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales.

Óscar Chávez recrea el ambiente de “María Castaña” del que hablan viejecitas con suspiros sin igual. Pone a sus actores a decir cosas preciosas por el jugo que entraña toda manera de expresarse del mero pueblo, y arranca con la magia de lo verdadero, gritos de admiración del público mexicano y hasta del que vino de Cuba y se hizo crítico de teatro. Porque con Vanegas Arroyo a todos nos sale lo azteca, lo colonizado por nada más español.

Muy buen grupo el de Ciencias Políticas. Se atreve a gritar en antiguo lo que hoy expone con leyes en la mano en los pasillos de su facultad, que dirige Enrique González Pedrero, como él solo.

Homogeneidad. Y ejercicio, ya se dijo, porque no pasa de ahí. Por primera vez todos los muchachos se encuentran en un escenario, el del Teatro de la Universidad, y lo ganan a pulso, aunque alguno que otro se exceda y olvide una cierta mesura en la comicidad, como es el caso de Francisco Xavier Montero, un joven de evidentes talentos dramáticos, honda vis cómica, juventud envidiable y desinhibida, pero que se deja ir exagerando y así mermando lo natural de su propia generosa simpatía. Por poco le ocurre lo mismo a María Elena Gastélum, a la cual se le ve también la categoría de futura buena actriz, nada más que ella se cuidó bastante de caer en lo grotesco, como le sucedió lamentablemente a Montero.

Pero no importa tanto en tanto garbanzo de a libra que la Universidad va dando semana a semana, como un continuo manar de promesas, como tablas duras de salvación, como recodo en el camino empedrado de dizque buenas intenciones del teatro profesional, que a diferencia de la UNAM... no da una desde hace tiempecito... ¡Qué tiempos aquellos, ya idos de marzo!

Muy buena la escenografía de José González Márquez. Admira su sentido de las áreas, del funcionalismo de bastidores simplísimos y listos para ser tantito cárcel, tantito consultorio. Asimismo también la luz, que maneja Macouzet, un muchacho del grupo de Azar que salió buenísimo en la iluminadera y que fue a Europa a darse un quemón hace poco y que aprendió más de lo que sabía.

Si Julio Ruelas y Posada vivieran, dirían ¡magnífico! ¡esto es hacer teatro mexicano para que los muchachos ejerciten cuerpo, voz y talento, hablando, caminando y viviendo a México.