FICHA TÉCNICA



Título obra Calígula

Autoría Albert Camus

Dirección Roberto Elizondo

Grupos y Compañías Teatro Experimental La Barraca

Elenco Roberto Elizondo, Onésimo Gallardo

Eventos Festival de Otoño

Referencia María Luisa Mendoza, “Un Beckett por las que van de arena”, en El Gallo Ilustrado, no 171, supl. de El Día, 3 octubre 1965, p. 4.




Título obra Una chica entre las chicas

Autoría Antonio Morales Amador

Dirección Antonio Morales Amador

Grupos y Compañías Grupo de Veracruz

Eventos Festival de Otoño

Referencia María Luisa Mendoza, “Un Beckett por las que van de arena”, en El Gallo Ilustrado, no 171, supl. de El Día, 3 octubre 1965, p. 4.




Título obra Esperando a Godot

Autoría Samuel Beckett

Dirección Alfredo Méndez

Grupos y Compañías Teatro de Arte Moderno

Elenco Carlos Villarreal, César Fourzán, Luis Robles, Ramón Sevilla, José Gutiérrez

Eventos Festival de Otoño

Referencia María Luisa Mendoza, “Un Beckett por las que van de arena”, en El Gallo Ilustrado, no 171, supl. de El Día, 3 octubre 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Un Beckett por las que van de arena

María Luisa Mendoza

–Soy muy desdichado...
–¿Cómo lo sabes?
–Lo había olvidado...
Samuel Beckett

Fanfarrias para el Festival de Otoño y pequeños adelantos en El Gallo de lo que es, de lo que pasa, de cómo se inició en un arranque lamentable y de cómo siguió a los tres días –porque no hay más para el tiempo de la prensa devoradora. Para continuar mañana, en el número especial del Festival de Otoño que vamos a publicar y usted debe leer porque traerá emocionantes entrevistas, muchos artículos, críticas, dichas sin igual y demás yerbas.

Bueno, por lo pronto empezaremos por esa larga desdicha que había olvidado: el teatro. El dolor de ver mal teatro. Caminar a malos actores sobre un gran autor. Intentar el quiero y no puedo, perpetrar el nuevorriquismo escénico, las presunciones inútiles. El querer decir lo que Camus alguna vez en Calígula, y acabar en fiesta de fin de cursos con una larga serie de diálogos que nadie entiende. Es el Teatro Experimental La Barraca, de Tamaulipas, bajo la dirección de Roberto Elizondo, un joven de evidentes inquietudes pero nulo talento dramático. Él personalmente, es un pésimo actor, de dicción inaudible, de prosopopéyica manera y molesto antiescénico amaneramiento. Proyecta todos esos defectos en los demás cuando dirige, y deja estático el escenario con voces planchadas y angustiosos perfiles de inolvidables personajes metidos en el marco de lo grotesco. El principal defecto de Elizondo es su mal gusto, su falta de sensibilidad para percibir la rígida varonilidad que esa obra, entre y sobre todas, exige. Elizondo podrá tener un porvenir risueño en las tablas. Pero jamás como actor. Y como director probablemente con muchos años de humilde experiencia.

Calígula es una obra de inteligencia. El grupo La Barraca hizo un baile de quince años. El mejor fue Onésimo Gallardo porque tiene buena voz aunque vocalice en medio de la modestia mayor.

Al día siguiente: Una chica entre las chicas, que trajeron los muchachos de Veracruz y que concursa en el terceto de obras inéditas de autores de casa. Antonio Morales Amador escribió tres actos con la tesis pedagógica de explicación peregrina del porqué la homosexualidad se aposenta aparentemente en algunos jóvenes que no la padecen deveras, debido a una familia malvada, a una madre jugadora, a unas hermanas locas, a un tío holgazán, a una prima sirvienta, y a un padre débil que permitió que de chiquito anduviera un hijo suyo con falditas y caireles...

Primaria la comedia, obsoleta por ingenua, inútil, apenas apunta a un futuro autor pero vuelve a cometer los peores defectos del teatro costumbrista que ha sido agotado, afortunadamente, por Emilio Carballido y Luisa Josefina. Los actores cumplieron, divirtieron al respetable, y dejaron ver la ociosidad de un estilo –no antiguo–, inservible e inocente, privado de la malicia de mirar, no sólo ver, un problema tan peliagudo y urgente como el que trata de exponer. Morales Amador también dirige y lo hace con la simplicidad debida al texto.

Ya el domingo, el Teatro de Arte Moderno del Distrito Federal ofreció al público fiel, caluroso del Festival, Esperando a Godot, nada menos, de Samuel Beckett, de impecabilísima memoria entre los teatrófilos por haber sido escenificada hace años bajo el mando de Salvador Novo y con Ancira, Passy, Orea y Dantés.

Y la sorpresa fue agradable y entusiasmante. En tan poco espacio es imposible poder describir la excelencia de una interpretación imaginativa, viva, vital y llena de ritmo de parte de Carlos Villarreal, César Fourzán, Luis Robles, Ramón Sevilla y José Gutiérrez. Serán indudablemente motivo de reflexión en el jurado sus actuaciones, y serán también inolvidables. Porque la larga tensión que producen Lucky y Pozzo pueden muy bien y sin menoscabo compararse con aquella célebre de La Capilla. Porque los símbolos beckettianos, tan difíciles, aquí se hacen claros, imaginativos gracias al talento del director Alfredo Méndez. Porque la bondad ignorante de Gogo y Didí es de esplendideces tales que el contraste con los hondos significados brilla intensamente.

Muy bien el fondo musical, muy bien los movimientos, muy bien la rapidez, muy bien la acción y el resultado en general que es, por completo, teatro experimental, teatro de laboratorio. Alfredo Méndez se lleva así el primer sincero y admirativo aplauso de este Festival que gracias a él promete.

No deje usted de leer la continuación en el número especial de El Gallo, el mejor suplemento cultural de México y América Latina...