FICHA TÉCNICA



Título obra Los cazadores

Autoría Paco Ignacio Taibo

Dirección Carlos Catania

Grupos y Compañías Grupo Tabasco 68

Espacios teatrales Auditorio Maestro Rafael Ramírez

Eventos Concurso Nacional de Teatro

Referencia María Luisa Mendoza, “Los cazadores: obra sin premio”, en El Gallo Ilustrado, no 169, supl. de El Día, 19 septiembre 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

Los cazadores: obra sin premio

María Luisa Mendoza

En el Concurso Nacional de Teatro al que convocó Bellas Artes, Los cazadores, obra de Paco Ignacio Taibo se llevó en el Distrito Federal la ovación intensa de un público joven que pudo ir siguiendo, con su sensibilidad cortante, virgen y agresiva, la trama bien tramada de odios y amores singularmente simbólicos. Lleno a reventar el auditorio Maestro Rafael Ramírez, contempló la torvedad[sic] de una política enterrada de la Edad Media que continúa fungiendo más o menos igual, con los mismos personajes vestidos de manera contemporánea, asesinando disimuladamente ideales, siniestrando pues, retenidos en sus humanidades que siguen funcionando biológicamente tan en la primariedad[sic] de lo que cuenta Taibo.

Excelente el planteamiento, deja entrar de lleno en el asunto a quien lo contempla, gracias a un diálogo fluido e inteligente y al entretejer de las ambiciones que con un talento inusitado el autor pudo contrapuntear dando así un ejemplo de lo que es escribir deveras, sin poses de asombro o escape intencional de simplicidad.

Y no se piense con ello que Taibo desprecia la corriente vanguardista o las influencias cercanas, Allí está Brecht dándole de codazos, como camina también abrazado a Del Valle Inclán y sus esperpentos. Y si hay escenas de fuerte inclaniano, de descarnado lenguaje feroz, o esas que dejan ver un pícaro terceto de briagos ensayar largamente alrededor de necesidades ingentes a la beberecua, también las hubo en Beckett, inspiradas en Ionesco, y para irnos lejos, en Moliere y la Comedia del Arte. Por eso nadie más que los viejecitos pueden asustarse de la crudeza de Taibo, uno que otro caribeño, o de plano, aquellos que confunden innoblemente la situación política aparente con el mensaje clarísimo de una comedia de malas costumbres. Lo que quiere decirse es que Taibo ha recibido el ominoso silencio de españoles como él, pero radicados durante la posguerra civil –aquella pérdida de sangre y hacienda que todavía nos desgarra a tantos– o el ataque a las callandas, el ninguneo aprendido en estas tierras aztecas. Esto, que contraviene la ética más esencial en todo crítico de teatro, es en este momento una actitud de ignorancia insoportable, porque Taibo es español por los cuatro costados y ya mexicano de tanto amor y de paternidad, puesto que un hijo suyo tiene nuestra nacionalidad y nuestra herencia para siempre. Es Taibo un escritor de primera, como lo prueba ahora, y es el gran periodista, el honestísimo amigo, el trabajador del entusiasmo, de la lealtad, de la lucidez. Una gente como él, entre nosotros nos llena de honra, nos sitia en el entusiasmo, nos hace ser mejores porque él, con su ejemplo nos lo muestra. Entonces, ¿cómo es posible con todo esto dar la espalda, además, a su primer comedia?, ¿a su drama dado en la risa?

¿Cómo es posible haber pasado por alto Los cazadores, y declarar desierto el premio en el DF, cuando concursó para ganar, eso que ni qué?

Pues así pasó y así quedará. Nada más que Los cazadores no fue en balde. De ellos se desprende el fuerte y rotundo autor que es ya Paco Ignacio Taibo. Por su valor propio el teatro de México ha conseguido una nueva firma que mucho ha de darnos, no quepa duda.

El Grupo Tabasco 68, dirigido por Carlos Catania, nos dio una versión realista con toda su buena voluntad, su entusiasmo de principiante puesto al servicio amorosamente de la letra. No es posible por tanto juzgarlos con la dura cuchara de la crítica a profesionales, solo hacerles la clásica recomendación de cuidar sus vocalizaciones, esa dicción tan defectuosa siempre al principio, y que la experiencia va haciendo fluida, más audible.

El trabajo directriz de Catania es excelente, lleno de recursos, ocupando las áreas debidas, alegre en su momento y solemne o angustiosa cuando así lo requiere esa cacería de hombres que ocurre ante uno mismo.

Taibo deja mirar también su nacionalidad, su fuerza hispana, su lenguaje tan lleno de cuchillos lorquianos y delvallescas miserias. Es, en el filo de la navaja no obstante, la mesura, el buen gusto, aunque quisiera aparentemente destruirlo con insistencias e imprecaciones que no hacen otra cosa que darle sabor al caldo.

Desde aquí la aplaudidera. Desde aquí el premio a Tabasco 68 como el mejor grupo, y a Paco Ignacio Taibo, como el mejor autor. Pese al jurado.