FICHA TÉCNICA



Título obra Olímpica

Autoría Héctor Azar

Dirección Juan Ibáñez

Grupos y Compañías Compañía de Teatro Universitario

Elenco Ignacio Sotelo, Gastón Melo, Jesús Calderón, Marta Zavaleta, Leticia Gómez Rivera, Virgilio Leos, Gilberto Pérez Gallardo, Rosa Furman, Magda Vizcaíno, Beatriz Baz, Humberto Enríquez, Marisela Olvera, Fernando Delié, María del Carmen Farías

Escenografía Benjamín Villanueva

Música Mariano Ballesté

Eventos Segundo Festival Mundial de Teatro Universitario

Referencia María Luisa Mendoza, “De nuevo México en Francia con Olímpica”, en El Gallo Ilustrado, no 147, supl. de El Día, 18 abril 1965, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

De nuevo México en Francia con Olímpica

María Luisa Mendoza

Trece días faltan apenas para que la Compañía de Teatro Universitario se presente en el Segundo Festival Mundial de Teatro Universitario. Resulta muy interesante bordar un tanto alrededor de este hecho que confirma, movido por la lógica más estricta y el desapasionamiento de erupción, el crecimiento normal y ya maduro de un grupo de estudiantes reunidos hace años a hacer, crear, reinventar la magia del teatro.

En la Universidad el telón no ha dejado de subir y bajar para el arte dramático. Su característica mayor es la búsqueda, la inquietud y el laboratorio de nuevas formas. Y ello, claro está, el apuntalamiento definitivo al teatro mexicano. La Universidad ha dado gente al teatro nuestro desde su fundación. Allí están Carlos de Pedro, Martha Zavaleta, Héctor Ortega. Allí están Juan Gurrola, Juan Ibáñez, o en la escenografía Benjamín Villanueva, Mariano Ballesté como músico. Se podría seguir enumerando hasta bien entrado el domingo, hablar de Rosa Furman en la escena, etcétera. Pero no se trata de eso. Sino del tal vez fallido intento de analizar, ya se dijo, la lógica de este principio de solidez que significa la Compañía Universitaria actuando en Nancy, Francia, por segunda vez.

Divinas Palabras de Del Valle Inclán estaba dirigida con tal fuerza viva y espléndida originalidad, que ganó un premio en México y otro ya internacional en Francia. Así la trayectoria universitaria veía el reconocimiento de que su camino no era equivocado, y equiparaba la crítica local y europea aprendiendo a sopesar los conceptos por ambas esgrimidos, para el elogio sin tasa o interés. Por desafortuna, si todavía se estuviera en el plan de exigir un todo mexicano la estricta ovación; el autor de la obra que ganó compitiendo con cuarenta y tantos grupos, no de origen mexicano, pero sí español –"como todo lo mexicano" que diría el maestro Salvador Novo.

Ahora, la elemental cortesía exige a México volver a Nancy y actuar como una respuesta viva al honor de ser considerado el país que posee un mejor grupo teatral de estudiantes, en el mundo entero. Y lo hará México con una comedia mexicana: con Olímpica, de Héctor Azar, que ya se sabe hasta la saciedad que es atlixquense y un dramaturgo tan lleno de respeto, de respetabilidad, tan respetable que puede crear el mural más impresionante de las tablas nacionales sin que por ello descuide, como el gran artista que es, la belleza de lo nuevo, creado, y la inquietud de la vanguardia, medida y probada.

Olímpica, una obra formidable; altamente poética, mexicana como pocas, y con pasos de adelanto sobre la mayoría, traerá, dará a nuestro país muchas palmas, muchos méritos que tendrán que reconocer los detractores de la violencia o el silencio que están allí, en la mesa del café, en la impenetrabilidad de agrupamientos, siempre mermando lo hermoso, lo noble, lo grande, porque le quitaron aquí unas pajas, porque no se les antoja la nobleza del aplauso que es, cuando la simpatía no está, el acto más digno de un ser humano.

Olímpica tiene en su hacer una dirección de antología, una dirección tan perfecta, barroca, dolorosamente bella, que aun a un público totalmente alejado del idioma español llegará entera, como una anunciación o un expresar en pantomima –y ruidos– el drama de un rincón mexicano en donde se repiten otros dramas viejos de estirpes que ya avaló el tiempo sin envidia.

Y el público de Nancy, y el de París, de Varsovia, de Londres, de Nueva York, entenderá, por el movimiento gráfico y la sinfonía de sonidos que Juan Ibáñez supo dejar en el milímetro de ayuntamiento que logra una pelota con el piso, entenderá la grandeza, lo bueno de un pueblo que sabe devolver con señorío un gesto de reconocimiento, de aplauso como el de Nancy, Francia, el año pasado, nombrando a los estudiantes de aquí los mejores. Y entenderá, de eso no hay duda, que Olímpica es una obra asombrosa, de la mejor cepa dramática.