FICHA TÉCNICA



Título obra La pérgola de las flores

Autoría Isadora Aguirre y Francisco Flores del Campo

Dirección Fernando Colina

Grupos y Compañías Compañía Profesional de la Universidad Católica

Elenco Violeta Vidaurre, Gaby Hernández, Ramón Núñez, Yoya Martínez, Elena Moreno, Maruja Cifuentes, Justo Ugarte, Fernando Colina

Referencia María Luisa Mendoza, “La chilena pérgola de las flores”, en El Gallo Ilustrado, no 127, supl. de El Día, 29 noviembre 1964, p. 4.




imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Gallo Ilustrado, El Día

Columna Teatro

La chilena pérgola de las flores

María Luisa Mendoza

Chile es uno de los países más importantes en teatro latinoamericano. Cualquiera sabe que su movimiento escénico alcanza a cubrir con brillantez todas las ramas, todos los géneros. Cuando se habla de Chile inmediatamente sale a colación el teatro tanto como los vinos, célebres salidas de escape con calidad incomparable. Ahora visita a México por vez primera el Teatro de Chile, la Compañía profesional de la Universidad Católica, con noventa y cuatro miembros, tanto actores como técnicos, autores, músicos y directores. Cuatro obras en total: La pérgola de las flores, comedia musical, El Wirlitzer, comedia; Tengo ganas de dejarme barba, pieza en dos actos y El Tony chico, drama. Cada una de ellas de: Isadora Aguirre y Francisco Flores del Campo, la primera, de Juan Guzmán Amestica, David Benavente y Luis A. Heiremans, respectivamente las últimas.

Por hoy, La pérgola de las flores ocupará este Gallo que canta sus kikirikíes en medio de rosas rojas o pálidas, floripondios y margaritones. Comedia musical hecha al alimón por la señora Aguirre y el señor Flores, ambos escribiendo los textos y las canciones.

La acción de la misma transcurre en un lugar de Santiago de Chile en 1929, basado en hechos reales que tratan de un proyecto urbanístico amenazando al mercado floreril y el triunfo de los mercaderes sobre el mismo, con la ayuda de un pueblo, los estudiantes y el alcalde. La anécdota en sí crece por la gracia de los parlamentos adornados de modismos chilenos muchos de ellos incomprensibles pero a cual más graciosos y picantes, verdadero aliento del hombre de campo, del “roto” y del huaso, del indígena en sí trasplantado a la ciudad. Estas gotitas folklóricas le dan sabor a la comida, prenden entusiasmo en el público y lo hace deleitarse con la suave y cantarina manera da hablar de toda la compañía. A su favor puede señalarse el excelente vestuario, la correcta iluminación y el encanto de los decorados planeados para viajar de un continente a otro puesto que la obra fue presentada en el Festival del Teatro de las Naciones, en París, en 1961 y en Madrid, así como en el Perú y en la Argentina.

Cinco años de éxito en la cartelera chilena le dan una categoría primordial a La pérgola de las flores, cuya música suave, ligerita combina perfecta con las sencillas letras melódicas. Tampoco es posible ignorar la carencia de vedetismos y el trabajo denodado del equipo, con lo cual se prueba una vez más que el teatro contemporáneo va dejando atrás aquellos vicios que tanto entorpecían la escena de ayer.

No obstante es necesario también señalar un defecto evidente en el desarrollo de esta comedia musical: la falta de ritmo, de una velocidad por completo indispensable en el género y que tal vez podría ser más visible con una mayor fuerza en los bailes y una menor insistencia en los diálogos. Se siente que hace falta ese vigor, esa exhaustiva manera de conducir el tema por ejemplo en los norteamericanos, hacedores y perfeccionistas del estilo, creadores en sí, y cuyas comedias musicales adolecen en ocasiones por exceso mismo de vitalidad. Las coreografías de La pérgola son menores, lánguidas y en momentos se miran casi escolares, amén de muchas situaciones localistas que lastran una mejor consecución escénica.

Es muy interesante la inclusión subrayada de las vendedoras de flores, mujeres maduras que a la cual más imponen una alegría muy de acuerdo con aquel llamado “género chico” español de la zarzuela y la opereta. Los muchos prototipos pueblerinos, y entre todos la espontánea alegría fuerte y personal de una actriz de veras: de Violeta Vidaurre, dueña de tal fuerza y desenfado que se llevó ella sola todos los aplausos a sus mutis.

Así mismo luce Gaby Hernández, y ni qué decir del joven Ramón Núñez, espléndido en momentos y simpático desde la primera salida al escenario. Yoya Martínez, Elena Moreno y Maruja Cifuentes forman un buen tercio de alegres comadres. Justo Ugarte también sobresale en el papel de alcalde, y Fernando Colina, actor y director.