FICHA TÉCNICA



Título obra La muerte de un viajante

Notas de Título Death of a salesman (título en el idioma original)

Autoría Arthur Miller

Notas de autoría Alfredo Gómez de la Vega / traducción

Dirección Alfredo Gómez de la Vega

Elenco Alfredo Gómez de la Vega, Virginia Manzano

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Notas El autor también menciona otros estrenos en los teatros capitalinos

Referencia Armando de Maria y Campos, “La muerte de un viajante y reaparicion de Alfredo Gómez de la Vega en el Bellas Artes. I”, en Novedades, 28 abril 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La muerte de un viajante y reaparición de Alfredo Gómez de la Vega en el Bellas Artes. I

Armando de Maria y Campos

Desde el miércoles 15 de abril, se viene representando en el teatro del Palacio de las Bellas Artes –no todos los días, porque compromisos de este gran coliseo lo impiden– la extraordinaria pieza del teatro norteamericano Death of a salesman de Arthur Miller, traducida, dirigida y protagonizada por el gran actor mexicano Alfredo Gómez de la Vega, que con esta interpretación vuelve a la escena mexicana después de voluntario exilio que alcanzó cinco y medio años.

La reaparición de Gómez de la Vega y el estreno de La muerte de un viajante constituyó no sólo un doble acontecimiento artístico, sino una auténtica efemérides en nuestro inquieto medio teatral. La situación a que ha quedado reducida en todos los periódicos de México la crítica de teatro, como parienta pobre que es del cine, justifican la causa y la pobre razón de que hasta ahora aparezcan estos comentarios, fuera de toda actualidad informativa. Como las siempre recordadas golondrinas de Bécquer, ¡ay! los tiempos en que se podía escribir crónicas de teatro de cada estreno y al día siguiente, esos... ¡no volverán! Ahora, dos croniquillas –¡cortas, eh!– por semana, porque nunca hay espacio para más. Si hemos de ser justos con los espectáculos que reclaman la atención del cronista, hay que seguir estricto orden cronológico, y sacrificar todo intento de actualidad.

Un poco tarde llega a nuestra escena La muerte de un viajante, estrenada en el Morocco Theatre, de Nueva York, el 10 de febrero de 1949, con Lee J. Cobb en el protagonista, y ya conocida de todos los públicos cultos de Europa y Sudamérica. En Madrid se estrenó, en el teatro de la Comedia, el 10 de enero de 1952, en versión de José López Rubio –que suprimió personajes y escenas– con Carlos Lemos en el protagonista. Fue llevada al cine, y Fredric March hizo del protagonista una extraordinaria creación. Mejor que haya llegado hasta ahora, si ha sido para verla, como la hemos visto, magníficamente presentada y muy bien interpretada por el conjunto de comediantes que Gómez de la Vega supo reunir. La interpretación de Gómez de la Vega, digámoslo de una buena vez, es magnífica, digna de su excepcional categoría de actor, sin duda el mejor, el más hecho, el de más experiencia, y el más culto de cuantos en la actualidad y desde hace muchos años pisan los escenarios donde se representa en español, y uno de los mejores de la actualidad, en cualquier idioma.

Esto que podría parecer hipérbole, o jactancia de mexicano, no lo es. Los grandes actores contemporáneos se pueden contar con los dedos de una mano, y Gómez de la Vega es uno de ellos, y amplío mi juicio en idénticos términos como director que es, de sólidos conocimientos, respetuoso de la tradición responsable del presente que le ha tocado vivir, y nada "innovador", que no hay por qué serlo, para epatar a quienes, ignorantes, se dejan, cuando con seguir las huellas de los grandes que han sido, estudiar y entender los textos, y saber manejar ese fabuloso y difícil elemento moderno que es la iluminación, se tiene bastante para hacer teatro para quienes sepan ver teatro.

Me propongo hablar largo, aunque a saltos o en partes, de La muerte de un viajante, de Gómez de la Vega (y de Virginia Manzano), y del teatro angustioso –producto de la época– del que la pieza de Miller es vivo y estrujante ejemplo. (Que aguarden unos días más los entusiastas aficionados que representan en la sala Molière una pieza de visión, y los miembros de la colonia británica que representan en el teatro del hotel Nacional, eso queda en Niños Héroes 139, y en inglés, The Philadelphia story, bajo la dirección de Earl Sennett, mismo que dirigió Relative values de Noel Coward, que por no encontrarme en México cuando ocurrió ese estreno, no pude asistir a él. También hablaré en su turno, y para que no se pierda tan valiosa efemérides, de la interpretación por damas y caballeros de nuestra élite social, de la pieza de Hart y Kaufman, Vive como quieras, que es el título con que fue llevada al cine y también al ser representada por cómicos profesionales en el teatro Ideal. Con el título de No te lo has de llevar, traducida por Rafael Bernal, se representó en la sala Chopin el 20 del actual).

Como nunca es tarde para empezar, empecemos con las crónicas que deseo dedicar a La muerte de un viajante y a la dirección e interpretación que le dieron Gómez de la Vega y sus actores.

Es un hecho que la literatura que trasciende –la novela y el teatro– en todas las épocas, ha creado grandes núcleos de novedad, eficacia y difusión en los países que política y económicamente les incumbe la categoría de timonel de esa nave que llamamos historia. No hay que citar ejemplos típicos, porque desde el Renacimiento acá, los más evidentes, son los más conocidos.

Desde la última guerra, si a Norteamérica corresponde la función de nutrir y armar al viejo mundo, le corresponde también la función de llenar los escenarios y los escaparates de las librerías en esos antiguos países de formidable tradición literaria. El teatro norteamericano, y la novela norteamericana, con una personalidad muy acusada y con un tremendo color, muy del día que estamos viviendo, se han comido en Europa más de la mitad del espacio destinado a literaturas indígenas.

Pero... repitiendo la frase con que doy fin a mi charla diaria por la estación de radio XEQ: "Aquí termino hoy... continuaré mañana", o cuando le toque su turno a la próxima –¡muy corta, eh!– croniquilla teatral.