FICHA TÉCNICA



Título obra La cocina de los ángeles

Autoría Albert Husson

Dirección José de Jesús Aceves

Elenco José Mora, Mercedes Pascual, Francisco Muller, Raúl Ramírez, Rolando San Martín, Amparo Grifell, Enrique Díaz Indiano, Mario Orea, Aída Alonso, Mario Ramírez, Bruno Rey

Escenografía Julio Prieto

Grupos y compañías Proa Grupo

Espacios teatrales Teatro El Caracol

Referencia Armando de Maria y Campos, “La cocina de los ángeles de Albert Husson, en el teatro del Caracol”, en Novedades, 23 abril 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La cocina de los ángeles de Albert Husson, en el teatro del Caracol

Armando de Maria y Campos

Maravilla la intensidad de la vida teatral en México estos últimos meses. Los estrenos se suceden con un ritmo vertiginoso. Los críticos van de un teatro a otro apresuradamente, juzgando hoy una obra de Shakespeare que ha revestido con versos castellanos León Felipe –o Felipe León Camino–, mañana una nueva versión de Tennessee Williams, en seguida una obra desconcertante de Rodolfo Usigli, el drama de Miller que todos aseguran haber visto en el cine de Fredric March y que muy pocos habrán conocido porque apenas y se mantuvo en exhibición una semana; el retorno de La viuda alegre y El conde de Luxemburgo, tres joyas de Chejov puestas en ritmo de farsa por un director japonés, una tragedia catalana en la que se hace intervenir a una moderada Casandra de quince años. Los críticos casi no tienen tiempo de saborear su café "express" en el "Madrid" de la calle de López, y van de la Ceca a la Meca, sin tiempo casi para enterarse de lo que van a ver, de lo que tienen que escribir, de si el público acude a tanto teatro y para tan variadas diversiones que el que, de balde, asiste a las premières, discute, conversa, pontifica, arroja al pozo del desdén tal cual obra sencillamente porque le choca el autor, que se ha atrevido a enmendarle la plana al bardo máximo de los ingleses, o eleva hasta las nubes una comedia sencillamente porque al mismo tiempo que en México se representa en París y en Nueva York, coincidiendo, en haberla visto todos los que se han dado una vuelta, de tres días por aquellos rumbos.

Lo cierto es que nadie sabe a ciencia cierta con qué elementos se fabrica un éxito. Pero si hay alguien que lo sabe, ese es José de J. Aceves, el dinámico, inteligente trabajador director del Proa Grupo convertido ahora en compañía titular de su teatrito El Caracol, refugio seguro de una diversión bien sazonada. Aceves trajo de su viaje a París la experiencia de los éxitos, que alcanzan los pequeños teatros que representan obras para un público que desea pasar dos horas agradables. Para lograr esto hace falta una comedia agradable, entretenida –no importa que su autor no sea muy famoso–, montada con esmero y finura y ensayada con celo y entusiasmo. No le hace mucho, tampoco, que los intérpretes sean modestos, que entre ellos no brille una luminaria que atraiga sobre sí la admiración unánime. Con estos elementos, que no es fácil reunir, y que muchas veces se reúnen en las manos de Aceves, el Proa Grupo va viento en popa. Su más reciente estreno, La cocina de los ángeles de Albert Husson, prueba la inteligencia y la habilidad de Aceves, para hacer de su teatro El Caracol foco de éxito permanente.

La cocina de los ángeles, calificada por Aceves como sensacional obra francesa, es divertidísima comedia, regada de ingenio, por la que cruza una ráfaga sentimental, y que deja una melancólica enseñanza: los hombres más malos oficialmente, confinados por tremendas culpas en el presidio de Cayena, isleta penal francesa, pueden portarse como los ángeles, sí, como si los propios ángeles, bajaran una noche de Navidad a acabar con el mal, a poner algunas cuentas en orden, y a despertar el amor, todo porque sí, sencillamente porque es Navidad, porque los tres condenados por crímenes monstruosos son tres buenísimas personas, tres verdaderos ángeles.

La cocina de los ángeles de Husson, anduvo rodando por las contadurías de algunos de nuestros teatros más irresponsables. Lo supo Aceves, que la había visto, según dice, representar en París, y la rescató para su Caracol. De una infame traducción literal, hizo la pieza que ha montado con gracia, travesura y buen gusto, eligiendo con certero acierto a los intérpretes. Desde el veterano actor de zarzuela don José Mora, hasta la debutante a la que confía un papel de la mayor responsabilidad, como la señorita Mercedes Pascual, porque Aceves es capaz de hacer un actor de un palo de Campeche. Mantiene a su lado a quienes, como Francisco Müller, lo siguen desde sus balbuceos como director –por cierto Müller está hecho un excelentísimo actor–, o está formando siempre con paciencia de Pygmaleón, actores como Raúl Ramírez o Rolando San Martín, este último ya casi un gran galán cómico, que se destaca en La cocina de los ángeles por la interpretación de un personaje episódico muy bien compuesto y sostenido.

Creo que Aceves ha logrado su mejor trabajo y conseguido un verdadero acierto con la postura de esta deliciosa farsa con holanes de sátira. Ajustó la representación a un ritmo ágil y gracioso, y de cada personaje –particularmente de los tres ángeles del presidio– hizo un tipo bien definido. Y como la escenografía de Julio Prieto entendió mucho a Husson y a Aceves, todos los elementos con que se puede fabricar un éxito se conjugaron para que éste fuera como es, excelente y prometedor de un largo período de representaciones, lo que, en último término, es lo que en el teatro se trata siempre de demostrar.

Es de estricta justicia dejar sentado que la interpretación fue excelente sin regateos. Los profesionales Amparo Grifell, José Mora Sr., y Enrique Díaz Indiano se portaron como tales, con dignidad artística absoluta. Los tres ángeles –Müller, Ramírez y Orea– mantuvieron siempre vivo y ágil el ritmo de las escenas en que intervienen, y que son casi todas. Mercedes Pascual, encantadora, y Rolando San Martín reveló excepcionales condiciones y aptitudes que lo habrán de llevar muy lejos si no se tuerce o malogra. Aída Alonso, Mario Ramírez y Bruno Rey, en sus interpretaciones relampagueantes, contribuyeron a darle homogeneidad al conjunto. Confieso que me siento incapaz de enjuiciar la participación de Adolfo en esta pieza que es una de las más alegres y entretenidas de que puede disfrutar México en estos días.