FICHA TÉCNICA



Elenco Alfredo Gómez de la Vega

Notas Continuación de la semblanza del actor Alfredo Gómez de la Vega. Esta semblanza tuvo una entrega más, el 24 de mayo de 1953

Referencia Armando de Maria y Campos, “Alfredo Gómez de la Vega debuta al lado de Miguel Muñoz en Madrid. III”, en Novedades, 18 abril 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Alfredo Gómez de la Vega debuta al lado de Miguel Muñoz en Madrid. III*

Armando de Maria y Campos

Para lograr el indispensable acoplamiento, la nueva compañía dramática salió a provincias y el galán joven en cierne estudiaba fervorosamente su papel en una obra que debía estrenarse la noche de su presentación en público. Pero las giras en provincia son pródigas en sorpresas. La compañía se encontraba en Valencia, finalizaba el mes de octubre (de 1916) y era indispensable hacer Don Juan Tenorio el primero y el dos de noviembre. La tradición manda... y la taquilla apremia. En el ensayo general de la obra, don Ceferino, director artístico de la compañía, encuentra completamente fuera de tono al actor encargado de interpretar el Don Luis Mejía. La repetición de las escenas, las correcciones, resultan inútiles.

–¡Esto no puede ser! –exclama paseando nervioso por el escenario–. De pronto, volviéndose a un rincón de la sala, desde donde el joven aspirante a actor presencia el ensayo, dice a éste, ante la estupefacción de la compañía: –Alfredo, que te den el ejemplar de la obra. Esta noche te aprendes el papel, mañana ensayaremos todo lo que se pueda y pasado mañana debutas con el Don Luis Mejía, Gómez de la Vega, intensamente pálido, no contesta; pero el primer actor, Miguel Muñoz, cree de su deber intervenir:

–Usted sabe lo que yo lo respeto, don Ceferino, pero lo que va usted a hacer con ese muchacho es un crimen. No niego que esté muy bien dotado para el teatro, pero todavía no es un actor, jamás ha actuado en una compañía, el papel es el segundo en importancia en la obra... ¡y faltan veinticuatro horas para la representación! Yo no respondo de lo que pueda pasar.

–¡Ni hace falta, hijo mío! –replica vivamente don Ceferino–. La responsabilidad es sólo mía, como director, y mi decisión está tomada. Luego, añade sonriendo: –Después de la primera representación, si te parece, volveremos a tratar este asunto.

Revuelo y expectación extraordinaria entre los cómicos. Una noche en vela, un día de estudio febril, un par de ensayos, un talento innegable, de excepción, y el entusiasmo de los veinte años realizaron el milagro. No sólo se llevó al cabo la representación sin el menor tropiezo, sino que constituyó un triunfo resonante para el joven actor, que de manera tan singular e inesperada pisaba por primera vez la escena.

Cuando, al término de la victoriosa jornada don Ceferino Palencia –radiante– estrechaba al muchacho entre sus brazos, rodeado de todos los compañeros, Miguel Muñoz, siempre hidalgo y sincero, entró en el camerino de Gómez de la Vega y, tendiéndole noblemente la mano:

–En mis treinta años de carrera teatral –le dijo– no he visto un caso semejante. El que ha podido hacer lo que usted ha hecho esta noche, tiene ante sí, indudablemente, el más brillante porvenir en el teatro. Y que el patrón (así llamaban cariñosamente a don Ceferino) me perdone por no haber tenido fe ciega en su "ojo clínico".

Diversas circunstancias hicieron que se aplazara por tiempo indefinido la inauguración del teatro del Centro, en Madrid, y la compañía formada para inaugurarlo, después de una breve gira por Valencia y Alicante, se disolvió, regresando los comediantes a Madrid, en busca de contrato. No tardó en encontrarlo el flamante actor. Las noticias acerca del éxito de su debut y de la forma un tanto sensacional en que éste se había efectuado, habían recorrido ya los cafés madrileños y provocaba bastante revuelo en el mundillo teatral. A las cuarenta y ocho horas de su regreso, Gómez de la Vega recibía halagüeñas proposiciones de otro director sagaz, poeta y dramaturgo, en aquel entonces al frente del teatro Eslava madrileño. Y el joven actor entró en la compañía de Gregorio Martínez Sierra, de la que era primera actriz Catalina Bárcenas. Había pasado el Rubicón.


Notas

* La continuación de la crónica se publicó el 24 de mayo de 1953.