FICHA TÉCNICA



Título obra No es cordero, que es cordera

Notas de Título Twelft night (título en el idioma original)

Autoría William Shakespeare

Notas de autoría León Felipe / paráfrasis

Dirección Charles Rooner

Espacios teatrales Teatro de la Comisión Federal de Electricidad

Productores UNAM

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de No es cordero, que es cordera, paráfrasis de Twelfth night de Shakespeare, por el Teatro Universitario. I”, en Novedades, 31 marzo 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de No es cordero, que es cordera, paráfrasis de Twelfth night de Shakespeare, por el Teatro Universitario. I

Armando de Maria y Campos

La Universidad Nacional Autónoma de México y el Teatro Universitario auspiciado por la misma, presentan en el teatro de la Comisión Federal de Electricidad –a partir del 27 del actual– un espectáculo deslumbrante, magnífico desde cualquiera de los ángulos en que se le observe, y en verdad impresionante: la representación de la farsa poética No es cordero, que es cordera, cuento milesio contado en inglés hace siglos por William Shakespeare con el nombre de Twelfth night vertido con una libertad que va más allá de la paráfrasis –son conceptos oficiales que se hallan en el programa–, por el poeta español León Felipe (en la vida común y prosaica Felipe León Camino), bajo la dirección musical de Charles Rooner, director de teatro de origen vienés y de mucho crédito entre nosotros por sus anteriores direcciones de obras del mejor repertorio teatral europeo, que no viene al caso mencionar.

León Felipe declara en el prólogo de la nueva bellísima versión del cuento milesio que en su época contó a sus contemporáneos Shakespeare, que su farsa poética No es cordero, que es cordera, muy poco tiene que ver, y es verdad, con la muy conocida del bardo dramático inglés, que rueda por el mundo de la farándula, desde hace siglos, con los nombres españoles de Noche de reyes, Noche de epifanía, Como gustéis o Como queráis. Sobre la falsilla de la exquisita y alegre pieza del poeta dramático de Stratford del Avón, el bardo español escribió su pieza y la dividió en tres partes (en la primera colocó cuatro cuadros; dos escenas forman el primer cuadro: "La música y el mar" y "Los restos de un naufragio" ; el segundo se llama "Danza senil"; "Un angélico paje" el tercero, y "Una deidad desdeñosa" el último acto. La parte segunda consta de cinco cuadros: "En el mesón del elefante", "Música de cámara", "Deidad desdeñada", "La canción del vino" y "Transmutación"; y la parte tercera, de tres, que llevan por subtítulos: "Casamiento furtivo", "Campanas nupciales" y... "No es cordero... ¡que es cordera!", que es el que le da el título general a la obra). Y de un epílogo, titulado: "Cae la lluvia, ay, ay, ay, ¡y sopla el viento!"...

Quienes con un criterio cominero y "cuenta chiles" sigan paso a paso la pieza de Shakespeare y la paráfrasis de León Felipe, sufrirán tremendo chasco. Nada tiene que ver una con la otra, como no sea el cuento que inspira a ambas y que es más viejo que Shakespeare varios siglos y, naturalmente, que León Felipe. Ambos crearon sendas, geniales, inmarcesibles farsas poéticas, pero la de León Felipe está cargada como un crepúsculo del medievo, de belleza magnífica, plástica y poética, y está escrita en los mejores versos castellanos –libres como el viento de todos los tiempos– que puede crear un gran poeta español de cualquier tiempo, fuera de la época prosaica y atómica que le haya tocado en desgraciada suerte vivir y escribir...

Tengo a la vista media docena de traducciones –literarias, eruditas, teatrales y hasta poéticas– de Twelfth night: la de Rodríguez Marín, una de Ricardo Baeza, otra de Guillermo Macpherson, por cierto miembro correspondiente de la Academia Española; otra, argentina, de Mario Molina Pico, que fue representada en Buenos Aires en mayo de 1934; la de Jaime Clark, que con el nombre de Noche de epifanía fue representada en nuestro Palacio de las Bellas Artes, bajo el patrocinio de la Dirección General de Estética (SEP, el 18 de marzo de 1945, con dirección de Fernando Wagner, escenografía de Gerszo y la música de Ángel Salas) y os puedo asegurar, con la mano puesta sobre la buena fe de mi corazón, que ninguna es superior, ni siquiera le sigue de cerca a la magnífica paráfrasis de León Felipe, en la que la inspiración corre como un torrente de aguas cristalinas sobre el estrecho cauce del delicioso, picaresco, travieso, poético cuento de milesio...

Porque...

...en esta comedia como en nuestra vida,
lo real se mezcla con el sueño
y los espectadores nunca saben
si están dormidos o despiertos...

como dice el alegre y filósofo Bufón antes de cerrar la cortina.

La postura escénica y la interpretación que cuidaron el Teatro Universitario y Charles Rooner son excelentes, conmovedoras, impresionantes. No desmerecen al lado de las mejores, más cuidadas y exquisitas, que en cualquier gran teatro del mundo culto y con tradición de buen gusto y belleza, puedan ser presentadas o dirigidas a un público entusiasta y comprensivo. Son, sin hipérbole, de las más bellas y poéticas –la postura escénica– y más respetuosas y responsables –la interpretación– que se hallan presentando en México de muchos años a la fecha. La noche del estreno, el público, asombrado, deslumbrado, incrédulo ante el mundo poético que su pupila atónica gozaba, aplaudió hasta el delirio la versión de este cuento del medioevo "que ha venido rodando hasta nosotros desde el Renacimiento...", porque

en esta comedia, como en nuestra vida
la tierra se confunde con el cielo,
y el telón baja y se levanta
entre lo ruin y lo poético...

Como es natural, lector –ya lo habréis comprendido–, postura escénica e interpretación de No es cordero, que es cordera, excepcional y magnífica, respectivamente, merecen un comentario especial. Es lo justo. Será el próximo que aparecerá en esta columnilla.