FICHA TÉCNICA



Título obra Arsénico y encajes

Autoría Joseph Kesselring

Dirección Enrique Ruelas

Elenco Gloria Martín del Campo, Flora Webb, Clemencia Téllez, Manuel Martín del Campo, Eugenio Trueba, José Hernández, María Luisa Zozaya, , Aurora de Olivares, Josefina de Castro, Celia García Laborde, Blanca Malo, Rebeca Gómez, Hilda Paus, Lucila Carmona, Amalia V. Yerno, Josefina viuda de Romero, Eugenia Olivares, Benjamín Smith, Alfonso Trueba, Guillermo Puga, Luis Pablo Castro, Enrique Romero Zozaya, José Cepeda

Escenografía Manuel Leal

Grupos y compañías Alumnos de arte dramático de la Universidad de Guanajuato

Espacios teatrales Teatro Juárez, Guanajuato

Referencia Armando de Maria y Campos, “Representaciones por universitarios de Guanajuato de Arsénico y encajes”, en Novedades, 20 marzo 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Representaciones por universitarios de Guanajuato de Arsénico y encajes

Armando de Maria y Campos

A fines de julio de 1952, los tranquilos habitantes de la ciudad de Guanajuato, capital del estado, pudieron ver pegadas a la entrada de los cuatrocientos sesenta y nueve callejones en que se fracciona aquella maravillosa ciudad, que parece construida por un fabricante de rompecabezas que se hubiese vuelto loco, unas tiras pequeñas, impresas en papel verde con la siguiente leyenda: "Si quiere conocer los secretos de las hermanitas Brewster, del misterio del arsénico en el vino de frutas y el de las tenebrosas esclusas en el canal de Panamá, vea Arsénico y encajes, la comedia moderna más espeluznantemente graciosa, presentada por los alumnos de arte dramático de la Universidad de Guanajuato". Lugar de cita: teatro Juárez. Día: 26 de julio.

Así fue como se dieron cuenta los moradores de Guanajuato, que el Teatro Universitario daba principio públicamente sus labores, presentando al cuadro de alumnos que se habían inscrito seis meses antes, en las clases respectivas puestas bajo el cuidado del licenciado don Enrique Ruelas Espinosa, pachuqueño de nacimiento, casi hijo adoptivo de la antigua Santa Fe, real y minas que bañó el río Guanajuato. Media ciudad acudió al viejo y magnífico coliseo, como hace cincuenta años lo hacía para presenciar una exhibición de cuadros plásticos titulados La taza de té, o representaciones de piecesillas iberas en boga, como Levantar muertos, Zaragüeta o Los pantalones. A esta representación de la divertidísima comedia del norteamericano J. Kesselring, con la que culminaba un semestre de labor del Departamento de Drama de la Universidad de Guanajuato, siguió otra, también teatro lleno, los días 9 y 10 de agosto. El 13 y 14 se trasladó el grupo a León, bajo los auspicios, creo, del Ayuntamiento, y representó Arsénico y encajes en el teatro Doblado leonés, la segunda vez en función doble, para que todo el público que deseaba ver la actuación pudiera hacerlo. El 15, los universitarios guanajuatenses volvieron a representar, esta vez en el teatro Colonial, de Celaya, también en función doble.

No terminan allí las representaciones de Arsénico y encajes. Con motivo de la II Asamblea Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior de la República Mexicana, volvió a representarse la melodramática pieza para un público exigente, que siguió con apasionante interés la acción de la entretenidísima pieza, y ovacionó con entusiasmo a los intérpretes, entre los que figuran, aparte de elementos universitarios, honorables vecinos de la ciudad, entusiastas sin freno del arte de representar. La última actuación pública del Departamento de Drama de la Universidad, fue el 16 de marzo –la que presencié–, precedida por una "actuación personal" del gran actor Andrés Soler, que había ido a Guanajuato a dar una conferencia a la Universidad sobre el tema "El actor". Soler es, como se sabe, director del Instituto Cinematográfico Teatral y de Radiotelevisión de la Asociación Nacional de Actores y vicepresidente de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas. La conferencia estuvo concurridísima.

Arsénico y encajes es pieza ya popular. Hace más o menos diez años que se representó en México, y fue una de las últimas creaciones de nuestras eminentes, insustituibles grandes actrices Virginia Fábregas y Clara Martínez. Es obra que da oportunidad para que luzcan todos sus intérpretes y ocasión para presentarla con el mejor gusto, ya que la acción se desarrolla en la mansión antigua de dos viejecillas maniáticas, que operan con arsénico en vino de frutas que ellas componen, cubiertas, como corresponde a damas de modas retrasadas, con encajes antiguos. Viene a ser, ahora, muy útil comedia de examen. Como tal, sirve a maravilla para apreciar el grado de madurez del grupo universitario de Ruelas. Está magníficamente presentada, como pudiera serlo por la dirección más exigente. Un escenario en dos planos, con escalera practicable, ambientado por el erudito artista don Manuel Leal, catedrático de la Universidad, pintor y cronista de Guanajuato.

Las hermanas Abby y Marta Brewster fueron confiadas al talento y entusiasmo de Gloria de Martín del Campo y Flora Webb, que compusieron –particularmente la primera– dos tipos magníficos, muy bien sostenidos a lo largo de la obra. La señorita Clemencia Téllez en la Elena Harper, estuvo muy simpática y desenvuelta. La mejor interpretación, por lo impresionante, segura y sostenida, fue la que del Jonathan Brewster logró Manuel Martín del Campo, desfigurado según exigencia de la obra como un popular personaje de Boris Karloff. Magnífica voz, temperamento y afición, podían hacer de él, seguramente, un excelente actor. Eugenio Trueba, en el reporter Mortimer, actuó con agilidad y simpatía, y muy gracioso, manteniendo arriba su personaje, se mostró José Hernández en el Teddy-Roosevelt. El conjunto trabajó muy acoplado, y el resultado fue muy feliz para el director Enrique Ruelas.

El teatro profesional, de oficio, agoniza. Es la verdad. ¿Saldrá otro de estos grupos integrado por elementos que desarrollan –como el de Guanajuato– las más diversas actividades

Acaso, tal vez, quién sabe... Es curioso saber qué son fuera de Arsénico y encajes, los elementos del teatro universitario del teatro universitario de Guanajuato: Gloria Martín del Campo, María Luisa Zozaya, Aurora de Olivares, Josefina de Castro, Celia García Laborde, amas de casa –y, claro, estudiantes en el Departamento de Teatro, como todo el resto–; Flora Weber, empleada; Blanca Malo, pasante de química; Rebeca Gómez, empleada; Hilda Paus, estudiante; Lucila Carmona, normalista; Amalia V. Yerno, maestra normalista; Josefina viuda de Romero, ex directora de la Normal; Eugenia Olivares, estudiante; Clemencia Téllez, maestra normalista; Manuel Martín del Campo, empleado de Guanajuato Power and Electric Company, como encargado de la electricidad; Benjamín Smith; José Hernández, empleado; Alfonso Trueba, pasante de Derecho; Guillermo Puga, maestro de escuela; Luis Pablo Castro, tesorero general de Caminos; Enrique Romero Zozaya, pasante de Derecho; Eugenio Trueba, abogado postulante; José Cepeda, sastre cortador retirado, etcétera, etcétera...

El público que llenó el teatro Juárez la noche del 16 de marzo, no vio en ellos sino a modestos actores responsables, y como a tales los aplaudió con calor, entusiasmo y gratitud.