FICHA TÉCNICA



Grupos y compañías Departamento de Drama de la Universidad de Guanajuato

Notas de grupos y compañías Enrique Ruelas / director

Espacios teatrales Plaza de San Roque, Guanajuato

Notas Presentación de entremeses de Cervantes por acuerdo oficial del gobierno de Guanajuato en la II Asamblea de Rectores de las Universidades Mexicanas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Escenificación del mundo de Cervantes en la plaza de San Roque de la ciudad de Guanajuato. I”, en Novedades, 10 marzo 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Escenificación del mundo de Cervantes en la plaza de San Roque de la ciudad de Guanajuato

Armando de Maria y Campos

Con motivo de la II Asamblea de Rectores de las Universidades Mexicanas –celebrada en la ciudad de Guanajuato del 17 al 21 de febrero próximo pasado–, el gobernador de esta entidad federativa, licenciado don José Aguilar y Maya, acordó se incluyera en el programa general de actos oficiales la participación del Departamento de Drama de la Universidad de Guanajuato con la presentación de algunos entremeses de Miguel Cervantes de Saavedra en el escenario natural de la plaza de San Roque en el centro mismo de la antigua Noble y Leal Ciudad de Santa Fe, Real y Minas de Guanajuato.

Tuve la fortuna de asistir a esta representación –no una sino tres noches seguidas–, subyugado por el encanto pretérito de esta insuperable representación, de la que se podía decir, con el verso de Nervo: Quien la vio no la pudo ya jamás olvidar... Tengo para mí, guiado por recuerdo de lecturas, de referencias y de experiencias, que no se ha hecho nunca en América o en España, en Rusia o Alemania reconstrucción al mismo tiempo tan fiel y tan viva de un mundo a la vez real e imaginario como la que el departamento de teatro de la Universidad guanajuatense logró bajo la dirección de su maestro y profesor, Enrique Ruelas, con la cooperación eficaz, franca y decidida, de los alumnos de la Universidad, principales intérpretes; de cuanto aficionado al teatro hay en Guanajuato –¡y son muchos!–, de profesionistas que se encargaron de papeles importantes o secundarios, de las autoridades estatales y municipales, de historiadores y cronistas, de los vecinos todos de la plaza de San Roque, a la que desembocan seis soberbios e inquietantes callejones que sirvieron, los seis, de entradas practicables para la fastuosa, casi milagrosa representación, presenciada la primera noche por las delegaciones de veintisiete universidades del país, la segunda por secretarios de Estado y autoridades de Guanajuato –llegaron a la antigua Real y Minas de Santa Fe vecinos de los cuatro puntos cardinales del estado–, y siempre por cientos y cientos de vecinos, –porque la entrada era gratuita–, acomodados en gradería provincial instalada en la desembocadura del callejón de Canasteros y que ha tenido que ser ampliada, en pie o sentados en grupos en las bocacallejones de los de Galarza y Cantaritos, o en las que conducen a la calle de San Fernando o al jardín Morelos, cubriendo totalmente –extraña flor humana– los pretiles de todas las casas que circundan la plaza de San Roque, desde cuyas puertas y ventanas, –¡insuperables "practicables"!– cedidas sin escrúpulo por sus moradores, actuaron los personajes entremesiles de La guarda cuidadosa y de Los dos habladores.

El barrio de San Roque es uno de los más típicos del Guanajuato colonial. Si Guanajuato tuviera el prestigio turístico de Sevilla, este barrio, con su placita de San Roque, sería un equivalente del barrio de la Santa Cruz o del de Santa Marta. Como un anticipado telón de fondo, decorada esta placita, toda empedrada, con la subidas y bajadas características en Guanajuato, la sobria e imponente iglesia de San Roque, que data de 1625. Se asciende a ella por dos rampas con escalones, que forman un área de actuación, en un plazo más elevado al natural del piso, como mejor no las pudo soñar Stanislavsky. Abajo, donde había un postecillo para menesteres eléctricos, se levantó –y allí quedará para siempre– una copia exacta del Cristo de los Faroles –sin Cristo– que existe en la Córdoba española, la cruz que necesariamente tiene que estar entre los cuatro faroles es la muy característica en Guanajuato de San Miguel, que fue bajada del cerro de su nombre, donde se encontraba desde antes de los tiempos insurgentes. Es de una pieza de piedra, y es fama que la mano del insurgente Albino García fue clavada en ella para escarmiento de quienes hace ciento cuarenta y tres años querían un México libre e independiente.

Frente a la iglesia y la cruz de San Miguel con sus cuatro faroles cordobeses se instaló la gradería para el público, cerrando, el callejón de Canasteros. Toda la plaza fue escenario. Y las ventanas, y las puertas, y las escalerillas, auténticas de las casas que cierran la plaza... Y Miguel de Cervantes Saavedra, todo de negro hasta los pies vestidos, reproducción fiel de un caballero del famoso Entierro del conde de Orgaz del greco Domenico Teotocopulli (interpretado magistralmente por el licenciado Armando Olivares, ex primer rector de la Universidad de Guanajuato) apareció por el callejón del Ramillete, cuya boca no puede ser medida con los brazos en cruz, porque... sobran brazos. Iluminado por la plaza de la luna, en la noche limpia en azul y con paz colonial, Cervantes brotó del callejón milagroso, y en verdad dio la sensación de que venía a levantar con su presencia su mundo imaginario y hacer realidad su mundo maravilloso.

De lo alto de la torre de la iglesia de San Roque nueve campanadas estremecen el silencio de la noche y caen como goterones de plata sobre las metálicas piedras de la plaza. A lo lejos, bajando por el callejón Galarza, irrumpen los gañanes manchegos –la clásica y cervantina gañanada manchega– cantando cancioncillas de la época, tocando instrumentos fieles. De lo alto de una azotea, una voz anónima –¿el pueblo, el historiador, la espiritual de Cervantes?– empieza a levantar del fondo de la nada el mundo imaginario y la realidad del mundo de Cervantes. Da principio la representación, al aire libre de la noche, de los entremeses de Cervantes –La guarda cuidadosa, Los habladores y El retablo de las maravillas–, mezclando y confundiendo sus escenas, perdón, iba a decir: secuencias, logrando magnífica, sólida, indudable unidad...

(Pausa. Seguiremos pasado mañana, o lo más pronto posible).