FICHA TÉCNICA



Título obra Estrella que se apaga

Autoría Rafael Solana Saucedo

Notas de autoría Rafael Solana Saucedo / autor del cuento homónimo

Dirección José de Jesús Aceves

Elenco Virgina Manzano, Magda Donato, Francisco Muller, Rolando San Martín, Raúl Ramírez, Emilio Coria, Bruno Rey, Magda Monzón, Enrique Díaz Indiano

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro El Caracol

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estrella que se apaga de Rafael Solana Saucedo, en el teatro del Caracol”, en Novedades, 27 febrero 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estrella que se apaga de Rafael Solana Saucedo, en el teatro del Caracol

Armando de Maria y Campos

Al estreno de la comedia —alegre melodrama propiamente, farsa dramática también— (11 de febrero de 1953) Estrella que se apaga de Rafael Solana Saucedo, que en estos últimos meses ha logrado controlar puestos claves en la Agrupación de Críticos de Teatro, en el Consejo Cultural de Espectáculos, en la Unión Mexicana de Autores, en la que se corrió el rumor de que encerraba una tremenda sátira contra determinados elementos de la producción del cine nacional, expectación justificada porque Solana laboró algún tiempo como funcionario responsable —publicista, argumentista, consejero, etcétera— en alguna poderosa organización productora de películas, parece que ya liquidada.

La expectación fue cediendo, aunque no la curiosidad, cuando se empezó a saber que el origen de la comedia de Solana está en un cuento del mismo autor, titulado como la pieza de teatro, impreso dos veces, la primera en la revista El hijo pródigo (marzo de 1946) y la segunda en un volumen de cuentos titulado Trata de muertos (diciembre de 1947). Se ubicaba Estrella que se apaga como pieza escrita antes que Las islas de oro, con la que Solana entró con paso firme, en la diestra una pluma alegre, en el misterioso mundo de la farándula. Acentuaba la curiosidad, la circunstancia, muy de tomarse en cuenta, de que el personaje masculino en el cuento, se había convertido en la comedia en femenino —como ya ahora a nadie sorprende—, y que convertido en mujer podía ser, nada menos, que la desconcertante y artificial estrella de cine María Félix...

Se estrenó al fin, Estrella que se apaga, sustituyendo a Andrea Palma, Virginia Manzano en el papel de protagonista, creo que con ventaja para el autor, para el público y para el personaje. No defraudó esta nueva "fábrica de sueños" —como llamó al mundo deslumbrante y mentiroso del ecrán el magnífico cronista ruso Ilia Eremburg–, porque, fundamentalmente es una pieza alegre –no obstante sus gotas de agridulce melodrama, de amarga tragedia final... e inútil–, dialogada con sorprendente fluidez y mucha gracia, sin que le falten los chistes. Pero, cuidado, no se trata de una comedia chistosa, sino una sátira muy graciosa.

Sospecho que Solana se limitó a escribir una farsa traviesa y sincera. Como tal empieza, y por eso reinicia muy bien. Todos los personajes son muñecos –farsantes, menos uno, la actriz que será convertida en estrella de la pantalla–, y como tales hablan y se mueven. En el segundo acto, aparece, de pronto, sin que se justifique la secuencia... como se dice en el cine, el melodrama, y no del mejor corte, para dejar lugar en el tercero al drama y nada menos que a la tragedia después. Dramática en su fondo y en su forma, en esencia y presencia, la escena central del acto postrero entre "la estrella que se apaga" y el director de cine farsante y brutal, que le revela a ésta la verdad de su triunfo artificial, hace innecesario el pistoletazo final, y la aún más innecesaria presencia en la escena de la suicida, con el alarde muy de actriz del siglo pasado de permanecer tres minutos rígida, con las vidriadas pupilas inmóviles. El público ha pasado, con la misma rapidez con que muchas estrellas del cine, de la risa a la carcajada –primer acto–; de la zozobra –melodramáticas situaciones de mediados del segundo acto–, al estupor –escena entre el director y la estrella–; a la real congoja finalmente real cuando Gloria, la protagonista –en el cine Alba Rico–, entra por su propia voluntad en el mundo de los muertos...

Pero... hay tanta verdad en lo que ocurre en el cine, que lo mismo puede pasar –¡y pasa!– en el teatro. "Aceves ha cambiado completamente mi comedia –ha declarado Solana–; pero la ha cambiado para mejorarla. Yo había hecho una sátira, un chisme, acerca de nuestro cine nacional. Y Aceves ha hecho una obra dramática, intensa, vigorosa, con la colaboración decisiva de una gran actriz, Virginia Manzano". El excelente director del teatro de El caracol, don José de Jesús Aceves, colaboró, pues, activamente, con Solana para dar al público la versión final de Estrella que se apaga, que fue cuento en su primer tratamiento –así se dice en el cine–, sátira o comedia alegre en el segundo, y de todo un poco en el tercero. De todas maneras, una divertida, interesante pieza de teatro, en la que lo mejor es el diálogo –la construcción debe haber sufrido, cambiado mucho con la denunciada intervención del director–, aparte de la manifiesta habilidad para crear personajes pintorescos y... reconocibles.

El público aplaudió largamente al autor, al director y a todos los intérpretes, sin excepción. Las mejores, más compuestas interpretaciones, me parecen las de Virginia Manzano y Magda Donato. Francisco Müller tiene momentos magníficos. Rolando San Martín se muestra muy sobrio y más seguro; los alumnos de Aceves, Raúl Ramírez, Emilio Coria, Bruno Rey y Magda Monzón, todos muy discretos. Enrique Díaz Indiano –que debutaba en México como primer actor– salió airoso de la prueba.

La escenografía de Julio Prieto del mejor gusto, insuperable. No es posible concebirla y construirla mejor.