FICHA TÉCNICA



Título obra Los fracasados

Autoría Henry-René Lenormand

Dirección Pedro López Lagar

Elenco Pedro López Lagar

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Notas Comentarios sobre la obra Los fracasados citando pasajes de Confesiones de un dramático de Henry-René Lenormand

Referencia Armando de Maria y Campos, “Presentación de Pedro López Lagar con Los fracasados de Lenormand, y consagración de Carmen Montejo. I”, en Novedades, 12 febrero 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Presentación de Pedro López Lagar con Los fracasados de Lenormand, y consagración de Carmen Montejo. I

Armando de Maria y Campos

Tengo el gusto de traer a ustedes una gran noticia y una buena noticia a la vez. Ha debutado en el escenario del Palacio de Bellas Artes –viernes 6 de febrero– un gran comediante y magnífico actor, Pedro López Lagar, que está en la plenitud de un arte acendrado y posee el dominio de un difícil oficio, el de representar. Pedro López Lagar se ha presentado haciendo el protagonista del drama Los fracasados de Henry Renato Lenormand (1882-1951), soberbia, estrujante pieza, una de las mejores del teatro contemporáneo. Gran noticia la primera, porque Talía sufre viudedad persistente de buenos actores, y López Lagar vuelve del cine, hijo pródigo, a su verdadero lar; buena noticia porque ya era tiempo que se representara en nuestros teatros, con decoro, este admirable drama de Lenormand.

López Lagar actúa y dirige a la vez. Como intérprete su labor es irreprochable; como director se atrevió a hacer arreglos y aun cortes –de dos cuadros– a la pieza, misma en la que refleja lo buen comediante que es. Merece un reproche por haber suprimido el cuadro séptimo, el que ocurre en una catedral gótica, y durante el que "él" le confiesa a "ella" que ha estado con una mujer, satisfaciendo así el oscuro deseo de enlodarse, de envilecerse, para estar más cerca de ella, tan envilecida y enlodada. La supresión de este cuadro impide que el lector vea con más claridad la transformación que va sufriendo "él" en el curso de este drama tremendo. También suprimió el cuadro noveno. La supresión de éste arroja sombras, roba claridad, a la extraña pasión que viven "él" y "ella".

Un empresario improvisado e ignorante se atrevió a anunciar a López Lagar como el "primer actor de habla hispana", y le hizo daño. No es el primero, desde luego, pero sí es uno de los primeros. No convence mucho su dicción, afectada por larga permanencia en Argentina. A pesar de esto, qué bien dice, con qué hondura y con qué profundidad. Hondura y profundidad es la característica de López Lagar, puntales de su gran temperamento. Hondo y profundo es también su gesto, de expresión elocuente, que sigue o precede a la palabra, según convenga a la acción, como la sombra al cuerpo. Con ser la dominada forma de hablar la suya tan excelente, lo es más su técnica de los silencios, lo que más se oye en el teatro cuando se sabe emplear. Todo esto es lo que hace de López Lagar un gran actor, que dicho así, a secas, vale mucho y más que la hipérbole en el anuncio y la jerarquía escalafonaria de llamarlo simplemente ¡primer actor...! Es tan buen comediante que él mismo "se roba" con sus silencios, los mejores momentos de sus réplicas o parlamentos. Gran noticia ésta, pues, que tengo el gusto de servir a los amigos lectores.

La buena noticia es la de la representación de Los fracasados, y luego me referiré a la consagración de Carmen Montejo como excepcional actriz dramática, de caudaloso temperamento, de rico y diverso mérito, la fogosidad de su condición de actriz dramática.

Los fracasados no es una obra nueva o reciente. Se estrenó en París en el Teatro de las Artes, el 22 de mayo de 1922. Con escándalo de público y asombro de la crítica. También con escándalo había sido representada unos meses antes en Lausana. La historia de Los fracasados merece contarse, porque así se entiende mejor esta obra humanísima, de la que el propio Lenormand escribió: "Es evidente que sus héroes innominados, ese `Él' y esa `Ella', no son sino una transposición dramática de Marie y de mí mismo". (Marie es su esposa, la actriz Marie Kalff). Lenormand, recién casado con Marie Kalff, acompañaba a ésta en sus giras a través de los teatros de provincia franceses. Hacia 1909 y 1910. "Esas largas y lamentables correrías por provincias –escribe Lenormand en Confesiones de un autor dramático– habían de dar origen a Los fracasados. Aparte Montredon, que encierra varias alusiones a Lugné-Poe, la mayoría de los personajes de esta obra me han sido sugeridos por el estudio de los cómicos de la gira... la cual acompañé... abandonándola... y volviendo a reunirme con ella. Nada más falto de lógica, en apariencia que esos itinerarios en zigzag, que ponen diez horas de tren y cientos de kilómetros entre dos poblaciones vecinas. Motivados por las disponibilidades de los teatros de provincia, representaban, para los actores, una fatiga excesiva. Las partidas al amanecer, las esperas quejumbrosas en las estaciones sin cantina, los cuartos, cuyo empapelado colgaba a trozos y que olían a hollín frío: no, no los he inventado. Cada vez que se llegaba a una ciudad, cumplíase con el rito de la visita a la catedral. ¡Cuántas veces hemos presenciado, bajo las vidrieras oscurecidas por el anochecer, el indolente desfile de los cómicos, embargados por sus disputas, sus amores, sus fantásticos proyectos! En cuanto a los teatros, con sus tres decoraciones que habían de servir para todo –una sala, un interior campesino y un bosque–, sus camerinos con espejos quebrados, su 'foyer' para el público, realzado con un mostrador bar y unos veladores de hierro, eran efectivamente por aquellos tiempos, tal como los he evocado en Los fracasados. De entonces acá han cambiado. Ya hoy sería imposible oír aquello que yo oía, hacia 1910, durante los entreactos. Pero la 'escena del foyer', en la cual la vulgaridad, los prejuicios y la necedad hechos persona giran como tiovivo, esa apenas si ha variado..."

Seguiré mañana, lector amigo.