FICHA TÉCNICA



Título obra El presidente hereda

Notas de Título Vita mea (título en el idioma original)

Autoría Césare Giulio Viola

Notas de autoría Salvador Novo / traducción

Dirección Salvador Novo

Elenco José Luis Jiménez, Pilar Souza, Rosa María Moreno, Raúl Dantés, Rosa Furman, Ángels Marrufo

Escenografía Antonio Löpez Mancera

Notas de escenografía Manuel Meza / realización; Marcelino Jiménez / tramoya

Iluminación Ricardo Cedillo

Espacios teatrales Teatro de La Capilla

Eventos Función inaugural del Teatro de La Capilla

Referencia Armando de Maria y Campos, “Tema e interpretación de El presidente hereda de Viola, en el teatro de la Capilla. II”, en Novedades, 4 febrero 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Tema e interpretación de El presidente hereda de Viola, en el teatro de la Capilla. II

Armando de Maria y Campos

Características inexcusables en toda dirección teatral de Salvador Novo son buen gusto y disciplina. El buen gusto apunta desde la elección. En la disciplina, convicción y autoridad. Nadie como Novo para convencer –con disciplina– a sus actores. El resultado parece cosa de ritmo acordado de antemano, producto de esa difícil facilidad de quien todo lo tiene previsto, visto y resuelto.

Indudable acierto la elección de Vita mea –o El presidente hereda– como obra de inauguración del teatro de la Capilla, ¿de qué hubiera servido si Novo no hubiera encontrado –no obstante que parece que todo lo tiene a la mano– a José Luis Jiménez para hacer el Federico Manassia? Actor a la medida de un personaje que parece escrito para él. Logra Jiménez una actuación magnífica, la mejor en el conjunto, y eso que todas son excelentes. Gesto, acción y tonos obedecen a la voluntad creadora, y sentimiento también. José Luis Jiménez se mueve en la tragedia de Federico Manassia con soltura y seguridad indudables. Pilar Souza, Rosa María Moreno y Raúl Dantés, predilectos discípulos de Novo, son ellos –los tres ya notables intérpretes– y al mismo tiempo lo que Novo quiere que sean: madre e hijos. Es muy difícil dar emoción al público, sin sentirla el actor. Cuando la escena y la palabra acompañan, el cómico queda envuelto, sujeto, es llevado a la expresión sincera, y su voz se hace cálida, plena, hasta profunda. Decir cosas, pretender que estremezca nuestro corazón un sentimiento verdadero, lo creemos difícil, si el cómico no está identificado y se sabe bien conducido, es decir, dirigido. Novo logra todo esto, lo mismo con Jiménez que con Pilar Souza, con Dantés que con Rosa María, con Rosa Furman ("Argentina") que con Ángeles Marrufo (Señora Scossi), todos representando caracteres distintos que tienen reacciones diferentes ante el problema de una herencia extraña y difícil de administrar.

Desde la escena inicial, en la que se revela el magnífico aprovechamiento del breve escenario, reproduciendo con exactitud teatral el hogar del abogado Manassia –obra del escenógrafo Antonio López Mancera, realización de Manuel Meza, sirviendo la iluminación Ricardo Cedillo y la tramoya Marcelino Jiménez– hasta la que cierra la obra –no hay ni una sola concesión chabacana. La comedia dramática de Viola corre natural en su propio cauce de interpretación exacta, por parte del director y traductor –que es Novo– de los intérpretes y los servidores técnicos.

Viola es un gran técnico del teatro. Como autor lo sabe todo y cuanto sabe lo emplea en Vita mea. Hace teatro "intimista", y con extraordinaria facilidad expone a la vista del público cuanto llevan en lo íntimo los personajes de su drama de moral contemporánea. Los desviste y los muestra en prendas (morales y espirituales) íntimas. Nada de ropa, es decir, de prejuicios, nada, nada. El problema, al desnudo. Cada quien tal como es en la crisis de la que son prisioneros, sin que para ellos se perfile alguna posibilidad de evasión. Al final, cada quien se evade como puede. Todos los personajes se ven envueltos en la desconcertante herencia de tres casas de prostitución, hablan reales, humanos, con voz dura y triste, unos conformándose, otros revelándose. ¿Podría la familia del íntegro juez, quien ha vivido siempre creyendo firmemente en la profundidad de la honra familiar y en lo infrangible de determinados valores humanos, aceptar una herencia que ha sido construida sobre muy bajas concesiones de orden moral? Sí, porque detrás de la moral del juez, de la resignación de la madre y la hermana solterona, de la impaciencia de vivir de los hijos, un Maese Pedro invisible –la necesidad– mueve todos los hilos de la farsa trágica.

La "necesidad" impone a todos y a cada uno diferente solución, no por amargas menos necesarias. El juez Manassia reacciona a su manera y con su moral vieja, y ¿quién de nosotros puede decir que no tenga la razón? Se libera voluntariamente, para vivir su vida, de toda necesidad. Los hijos para vivir la suya, aceptan el peso de todas las necesidades que caracterizan el tiempo actual, pero casi con la amargura que sigue a una derrota. Para todos se trata de un conflicto doloroso y verdadero. Maese Pedro–necesidad lo resuelve al fin, y deja a todos tristes... y contentos.

Excelente obra de este tiempo, buena interpretación, magnífica postura escénica. El presidente hereda debe ser visto por todo buen aficionado al teatro. Y el que no vea esta obra, no sabe bien lo que se pierde.