FICHA TÉCNICA



Elenco María Antinea

Espacios teatrales Teatro Colón

Notas Comentarios sobre la historia del cante jondo con motivo de la presentación de la baliarina María Antinea

Referencia Armando de Maria y Campos, “Maria Antinea relata una historia falsa del cante jondo”, en Novedades, 29 enero 1953.




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Novedades

Columna El Teatro

María Antinea relata una historia falsa del cante jondo

Armando de Maria y Campos

La noche del 21 de enero, fría noche por cierto, María Antinea, directora y animadora de un grupo de bailaores, canzonetistas, bailarinas y excéntricos con el que recorre la América que habla español y cree en Jesucristo, apareció en la escena del teatro Colón para exponer una lección de folclore español... para América, y relatar una falsa historia del cante jondo. María Antinea es una entusiasta animadora de bailes y canciones de origen español, a los que escenifica según su leal saber y entender, otorgando concesiones al público, llenándolos de colorines, pataítas y jipíos. Ella actúa como figura principal, y canta, baila y habla, de todo un poquito, con gracia y simpatía. Es... lo que antes se llamaba: una buena tiple cómica.

En su programa de presentación exhibió algunas estampas inspiradas en motivos españoles, usando música española de Jerónimo Jiménez –La boda de Luis Alonso– para una estampa vagamente goyesca, hasta caer en ritmos modernos de Quiroga, el más popular de los coupleteros españoles de hoy en día, para escenificar Olé, catapún y La zarzamora. Al verla actuar este couple, recordé la frase de Guimet a una danzarina muy espectacular: "Nos cuenta la danzarina una historia que no comprende..."

Parte principal de la segunda parte del programa es una "Historia del cante jondo", de la que se dice al público: "Ballet flamenco dividido en seis momentos (que) comienza... después de la dominación de los moros, con algo de reminiscencias de los iberos; nace nuestro propio cante a través de los siglos, va enriqueciéndose hasta llegar a ser lo más típico de la vieja Andalucía". No es posible reunir mayor número de inexactitudes en tan pocas líneas. Para el organizador de esta falsa historia del cante jondo, los "seis momentos" son otras tantas escenificaciones del mirablal, la caña, el tanquillo, la serrana, las alegrías –aquel inolvidable trozo de Quinito Valverde titulado La corrida, que bailaba "Argentina"; y bulerías...

No, la historia del cante jondo no es como la cuenta María Antinea. La dramática historia del cante jondo, con sus cafés cantantes, es otra muy distinta, que exige mucho tiempo para contarla. ¡Cómo quisiera hacerlo! Me conformaré con decir, por ahora, que el cante jondo estuvo concentrado en Jerez por mucho tiempo. Y tenía que ser así. Las principales cuadras de caballos de lujo estaban en Jerez, por la abundancia de gitanos, que no hay nadie como ellos que críen y eduquen a estos animales. La compra y venta de equinos y la esquila en la que hacen verdaderos encajes es exclusiva de ellos. Después el vino es barato y llama al cante. Todos los colmados (tabernas donde también sirven comidas), tienen –o tenían– salas grandes para juergas. Hay además –o había– solares públicos de cante y baile flamencos que se llaman tabancos. El sólo de Tobalo, la caña, las serranas, el martinete, y el baile por alegrías son jerezanos. La derivación de las alegrías fue el tango de Cádiz. El verdadero cante jondo puede decirse que ha muerto. Se necesitaban voces de bajo, algo roncas por el vino y de gran aguante, que después de Paco Botas nadie ha tenido... ¡Qué ganas de seguir con el apasionante tema!

Para el actual estudio del cante flamenco tendríamos que partir desde las soleares y pararnos en las seguiriyas gitanas. Las malagueñas y peteneras, el vito, etc. no son flamencos y tampoco lo son, aunque se hayan –por suerte– aflamencado, las carceleras, las murcianas, la malagueña corta, los fandanguillos y muchas canciones actuales, por obra y gracia de Federico García Lorca e Ignacio Sánchez Mejía, ese fabuloso sevillano como no nacerá otro en un siglo, entrañable amigo, inolvidable recuerdo...

Volvamos a Jerez un momentito. De Jerez empezaron a salir cantaores y bailaoras, y surgieron los cafés cantantes del Burrero, de Sevilla, Chinitas, de Málaga, y uno en Madrid, y otro en Barcelona, este último capitaneado por el gitano y gran guitarrista Borrul, acompañado de su hijo el bailaor La Subiela. En estos cafés actuaban las bailaoras por alegrías. La Mejorana, madre de la Imperio, María y Juana, las Macacas; las Coquineras; los cantaores Cepero y Marchena por malagueñas y soleares; Pepe Torres, Caracol –el abuelo del Caracol de ahora, y Tomás, un hijo de los precursores de este arte popular y profundo, Manuel Torres. Con el cante jondo ha pasado lo mismo que con el toreo. Antes los toros eran... ¡toros! y los toreros gente cuajada y de empuje. ¿Qué puede pedirse ahora de muchachos con 17 años, endebles y sin experiencia de juerga, fandango y mujeres? Ahora, jaiboles y, como "se cuidan", un "premio a la virtud". El toreo antiguo era el cante jondo y el moderno es cante flamenco o aflamencado. ¿Algo es algo y mejor que nada?

Entendamos un poquito, María Antinea. ¿Cante jondo o baile flamenco? ¿O simplemente folclore español para América? Dejemos a un lado, si os parece, esa discutible "historia del cante jondo". El cante jondo está aparte, tiene su sitio muy lejos de sus amenas y alegres estampas regionales. Parece que usted gusta más del couple bailado y... escenificado. En su compañía vienen buenos bailaores. Me parece el mejor Muguet; en seguida Albacín, aunque ya un poco fondón. En seguida, el torbellino de los cuatro Vargas, gitanos de la más pura raza calé. Los Vargas, como Muguet, practican de preferencia el baile flamenco, que es lo que queda del "baile grande" o "jondo" (profundo), o sea el polo, las cañas, las seguiriyas; limitándose al zapateado, seguiriyas gitanas, farruca, soleares, alegrías, tango, bulerías, fandango, zambra, y –así lo creo– el garrotín originario de los gitanos del Valls, que está por Tarragona.

De todo esto he de hablar –con ocasión de la visita de María Antinea– si la tiranía de "la falta de espacio" me lo permite.*


Notas

* La continuación de la crónica se publicó el 7 de febrero de 1953.