FICHA TÉCNICA



Título obra El portal de Belén

Autoría Enrique Alonso

Dirección Enrique Alonso

Elenco Enrique Alonso, Alicia Montoya, José Antonio Salazar, Ángel Casarín, Concha Camargo, Tere Andreu, Leonardo Quirós

Escenografía Carlos Alonso

Grupos y compañías Teatro del Pequeño Mundo

Espacios teatrales Teatro del Instituto Anglomexicano; Teatro el Caballito

Referencia Armando de Maria y Campos, “El portal de Belén, pastorela mexicana contemporánea de Enrique Alonso”, en Novedades, 6 enero 1953.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El portal de Belén, pastorela mexicana contemporánea de Enrique Alonso

Armando de Maria y Campos

El joven actor, autor y director, Enrique Alonso, que ha creado el Teatro del Pequeño Mundo, presentó a fines del año pasado, durante la temporada navideña, primero en el teatro del Instituto Anglomexicano de Relaciones Culturales y después en el del Caballito, una pastorela mexicana para niños El portal de Belén, en dos actos divididos en 9 cuadros, con cantos navideños, villancicos y versos de las "posadas", que le permiten realizar una reconstrucción de la llegada del señor san José y la virgen María a un mesón mexicano, en solicitud de "posada" y reconstruir la forma nuestra de permitir la entrada a los peregrinos con las clásicas, ingenuas cuartetas:

¿Eres tú José?
¿Tu esposa es María?
¡Entren, peregrinos
No los conocía!

El título de los cuadros revela desde luego el curso de la representación: "La historia del abuelo", "Los pastores de Belén", "Conciliábulo infernal", "El mal contra el bien", "La posada", "¿Qué hacemos Luzbel?", "La estrella ha brillado", "A Belén pastores" y "El portal de Belén".

Enrique Alonso conservó en su pastorela todas las escenas e incidentes característicos de este género teatral tan nuestro, y aun los nombres de los personajes, y, en consecuencia, el gracioso símbolo de los mismos: Gila, Bato, Luzbel, Envidia, Calumnia, Codicia, el Pingo que no es otro que el diablo indispensable, pero un diablito bromista mexicano, vestido de indezuelo, con toda la taimada socarronería de nuestros indígenas listos; el insustituible arcángel, la Virgen María y señor san José, y sacó, para hacer una trama o argumento mexicano a indígenas, que fueron la Librada, la Miguela, el viejo del pueblo; Rosagante, un viejo pastor, y los necesarios pastores, para formar el coro; doña Jorga, don Concho, la Pascuala y niños.

La acción se inicia como en los cuentos. El abuelo, al pie de un árbol, que equivale a la chimenea tradicional, refiere a los nietos la tradición de las "posadas" campesinas:

–Sí, hijos míos... La Virgen María y el señor san José, eran humildes ¡como nosotros! Ella era morena... ¡como tú madre!... vestía con un huipil blanco, como su alma, y se envolvía con un rebozo azul, tan azul como el cielo... Y dicen que una tarde, mientras ella cosía, se le apareció un ángel...

Así empieza la preciosa pastorela de Enrique Alonso.

El cuadro "Los pastores de Belén", ocurre en cualquier pueblo mexicano. Se aparece el ángel y le revela a los campesinos el milagro inmediato. Ingenuos noviazgos entre aldeanos; madres alborotadoras, pero buenas y sencillas; el viejo patriarca que defiende la tradición del pueblo y guía a los jóvenes. El tercer cuadro reproduce el Conciliábulo indispensable en toda pastorela. Luzbel está preocupado con el próximo nacimiento del hijo de Dios, y llama a sus diablos para tomar pronta determinación. A Pingo, que es un juditas de cartón rojo con sus cuetes y chinampinas, grandes cuernos y rabo puntiagudo, le da la comisión de ir a desavenir al pueblo mexicano que ha recibido la visita del ángel, e impedir que en ningún mesón se dé posada a José y a María. Se traza un plan, naturalmente diabólico, y Pingo baja a la tierra. "El triunfo del mal" se titula el cuadro siguiente, y en él Pingo casi logra su propósito de hacer que todo el pueblo se odie entre sí. Los novios se disgustan; las madres, verdaderas comadres, se pelean; ellos están a punto de moquetearse; las viejas se tiran de los cabellos; y se previene en todos los mesones que, si llegan unos peregrinos, él un viejito, ella una india joven y mustia, se les arroje sin remedio, porque son ladrones.

Se suceden los incidentes chuscos, para un público de niños o de espectadores aniñados, hasta que en el cuadro quinto, se reproduce la escena en que José y María solicitan de la piedad campesina posada por una noche:

En nombre del cielo
os pido posada,
pues no puede andar
ya mi esposa amada.

El talento y el buen gusto de Alonso lograron crear una escena de atmósfera sencilla, fiel y respetuosa. La Virgen, interpretada por Alicia Montoya, cantaba en el silencio religioso de un público profundamente conmovido:

Posada te pide
amado casero,
por sólo una noche,
la Reina del Cielo.

Los campesinos mexicanos conceden, intuitivos y alborozados, el solicitado hospedaje:

Entren santos peregrinos;
reciban este rincón,
no de mi pobre morada
sino de mi corazón.

Y en seguida:

Anda Pascuala, no te dilates,
con la canasta de los cacahuates.

El autor lleva a su confiado y entretenido auditorio al reino de las tinieblas, y ahí se conoce el fracaso de Pingo. Arriba, en el siguiente cuadro, las estrella de Belén se ilumina. Los pastores mexicanos ya no dudan, la siguen, y encuentran el humilde pesebre con el lucero del niño Dios calentado por el vaho de mansos animales:

A Belén pastores, vamos a Belén
que ahí está la virgen y el niño también.

Se reproduce el portal de Belén, con respeto y sencillez cantan y bailan los campesinos mexicanos:

Toronjil de plata,
torre de marfil,
este niño lindo
se quiere dormir.

La pastorela se ha realizado. Una más, y de las mejores. Falta para terminar, que el relato del abuelo concluya. Se hace oscuro:

Y colorín colorado,
este cuento ha terminado.
El niño Dios ha nacido,
y el demonio se ha amolado.

Presentación rica, casi fastuosa. Escenografía muy propia de Carlos Alonso y excelente interpretación de Enrique Alonso, Alicia Montoya, José Antonio Salazar, Ángel Casarín, Concha Camargo, Tere Andreu, Leonardo Quirós y, en general, de todos los jóvenes que integraron el largo reparto.