FICHA TÉCNICA



Notas Fundación y Memorial de Asociación de Cronistas de Espectáculos Teatrales y Musicales dirigido al presidente Lázaro Cárdenas en 1938

Referencia Armando de Maria y Campos, “La Asociación de Cronistas de Espectáculos Teatrales y Musicales y el presidente Cárdenas o lo que va de ayer a hoy”, en Novedades, 25 noviembre 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La Asociación de Cronistas de Espectáculos Teatrales y Musicales y el presidente Cárdenas o lo que va de ayer a hoy

Armando de Maria y Campos

Los periodistas que habitualmente ejercíamos la crítica en los teatros y salas de concierto el año de 1938, decidimos reunirnos para un cambio de impresiones del que saldríamos constituidos en sociedad, asociación o agrupación, que se avocaría la responsabilidad de tratar de resolver varios problemas relacionados con el teatro y la música, y que entonces nos parecieron muy graves.

No reunimos el 8 de enero los siguientes cronistas: Francisco Monterde, cronista teatral de El Universal; Jerónimo Baqueiro Fóster, cronista musical de Excélsior; Armando de Maria y Campos, cronista teatral de Hoy y de XEFO Radio Nacional; Xavier Villaurrutia, cronista teatral de Todo; Salomón Kahan, cronista musical de El Universal Gráfico; Ramón García, cronista de El Redondel; José María Estevez, cronista musical de La Afición; José F. Elizondo, cronista teatral de Excélsior; Manuel Horta, director de Jueves de Excélsior; Alfonso de Icaza, codirector de El Redondel; Víctor Reyes, cronista teatral y musical de El Ilustrado y José Barros Sierra, director de la Revista Musical del Aire de XEXE Radio Universidad Nacional, y constituimos desde luego la Asociación de Cronistas de Espectáculos Teatrales y Musicales, sin reglamento, sin mesa directiva, sin ambiciones ni pretensiones personales, sin más obligación que reunirnos a comer al medio día, el primer sábado de cada mes, en el café llamado de "Tacuba."

El primer paso dado por la naciente agrupación lo constituyó el elevar al entonces presidente de la República, general don Lázaro Cárdenas, un Memorial, en el que creímos recoger el clamor público que demandaba por parte del Estado, la más franca y decidida ayuda a los espectáculos culturales capaces de elevar el nivel de nuestro pueblo y de guiar acertadamente a nuestra juventud. Por la trascendental función que le competía, la flamante Asociación se refirió en ese Memorial al Palacio de Bellas Artes, y pidió que fuera restituido a sus funciones específicas de centro difusor de la alta cultura artística.

En el hoy olvidado Memorial, los entonces cronistas de los diarios, revistas y estaciones de radio, "como intérpretes de la opinión pública y sin otro propósito que el de cooperar lealmente en la obra del gobierno que usted preside –decíamos al omnipotente primer magistrado de la nación– para el mejoramiento de la cultura artística de nuestro país", y le exponíamos entre otras cosas, "que el balance de las actividades relacionadas con la alta cultura teatral y musical registradas en el año que acaba de terminar (1937), resultaba notoriamente desfavorable para dichas actividades; que el Palacio de Bellas Artes después de su temporada de inauguración, había carecido de un presupuesto suficiente para iniciar por sí mismo grandes espectáculos artísticos, y sólo cuenta (contaba) con la cantidad necesaria para el pago de sus gastos de sostenimiento" y que, por tal causa, el Palacio de Bellas Artes carecía, en lo absoluto, de todos los organismos indispensables en cualquier institución de su género tales como los cuerpos permanentes de orquestas, coros, danzas, etc., etc. –y menos aún escuelas de arte dramático, y, ni pensar, en compañías propias.

Se recordará que al principio de la administración del presidente Cárdenas se creó un consejo técnico integrado por representantes de las diversas ramas del arte, el cual tenía como misión la de decidir sobre la calidad de los espectáculos que se propusieran al Palacio de Bellas Artes, y combinar las temporadas de tal manera que éstas resultaran variadas dentro de su trascendencia cultural, y que en todos sentidos respondieran al alto nivel que debe alcanzar, toda actividad que se realice en el primer teatro de la República. Pero resultó que la Actuación del consejo técnico fue efímera y pronto resultó ineficaz. Un director del Palacio de Bellas Artes, sin facultades ni presupuesto, estaba a merced del secretario de Educación Pública, del Sub. o del oficial mayor, y, desde luego, de las órdenes directas, que las daba con frecuencia, del presidente de la República. El verdadero problema no estaba en las concesiones para usar del local, sino en las rectificaciones o sustituciones de última hora. Una ola de mediocridad, con influencia, ahogaba toda iniciativa noble, todo proyecto, cualquier intención. "La presencia de malos elementos en el Palacio de Bellas Artes –decíamos– y la falta de continuidad en las labores del Coliseo, han traído como consecuencia que gran parte del público se abstenga de asistir y vea con marcada desconfianza todos los espectáculos que allí se presentan, aun aquellos que sí tienen valor positivo".

En vista de las consideraciones que apuntamos en aquel Memorial "derivadas de nuestra experiencia diaria como periodistas y del contacto estrecho que constantemente mantenemos con los artistas y con el público de la ciudad de México", le pedimos al presidente, en 8 apartados, que la delegación de la Secretaría de Educación Pública, en el Palacio de Bellas Artes fuera elevada a la categoría de dirección del mismo Palacio, con facultades ejecutivas suficientes para manejar realmente dicho centro, asesorada por un Consejo, en el cual estarían representadas las artes teatral, musical, coreográfica y plástica, así como la crítica teatral y musical; que el funcionamiento del Palacio se sujetara a un plan general de actividades y a un programa anual de trabajo; que puesto que no tenía presupuesto, que se apoyara a la iniciativa privada; que precisamente el Ejecutivo fijara fechas precisas para la celebración en el Palacio de fechas conmemorativas, y que los mítines se celebraran en el teatro Hidalgo; que solamente el director o el consejo, intervinieran en la selección de espectáculos, y que "tanto el ejecutivo a su digno cargo, como las demás dependencias gubernamentales, se abstenga en lo sucesivo y en forma absoluta de recomendar elementos artísticos para que actúen en el tantas veces citado coliseo", y finalmente, que "en los espectáculos de paga que se organicen en el Palacio de Bellas Artes, por ningún motivo se separen localidades para repartirlas gratuitamente entre elementos injustificadamente favorecidos que no tienen relación directa con los citados espectáculos".

En la fecha en que enviamos al presidente Cárdenas el Memorial a que me refiero, el Palacio de Bellas Artes funcionaba independiente del Departamento de Bellas Artes de la Secretaría de Educación. Nuestro Memorial provocó la lógica incorporación de las actividades del Palacio al Departamento de Bellas Artes, a fines del periodo cardenista. Después vino la Dirección General de Educación Extra Escolar y Estética –periodo ávila-camachista– y, finalmente, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

Con esa sola intervención, la Asociación de Cronistas de Espectáculos Teatrales y Musicales justificó su fundación y aun los primeros años de su vida, desinteresada, apolítica hasta en su política interna. Se convirtió esta Asociación más tarde en la nueva de "cronistas de teatro y música" y por causa de politiquilla personal, dio ocasión a la formación de un nuevo organismo –la Agrupación de Críticos–, la que al año y pico cayó en los mismos vicios de politiquería de su antecesora. Ahora se habla de una fusión de ambas. Lo que hace falta es que una u otra, haga algo de verdadero provecho, como su ilustre antecesora, a la que ninguna de sus hijas se le parece en nada. He exhibido una prueba. Para sentencia, con una buena prueba basta.