FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios sobre una solicitud de Juan Medina, empresario del Coliseo para cobrar la entrada en una función dedicada a la Virgen de Guadalupe y el acuerdo del virrey Félix Berenguer de Marquina, documentos de 1800

Referencia Armando de Maria y Campos, “Las representaciones guadalupanas hace siglo y medio y ahora. Un drama del padre Heredia en el Iris”, en Novedades, 18 noviembre 1952.




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Novedades

Columna El Teatro

Las representaciones guadalupanas hace siglo y medio y ahora. Un drama del padre Heredia en el Iris

Armando de Maria y Campos

El "Ympresario del Theatro de esta Corte" (la de la Nueva España) se dirigió a Su Excelencia, el señor virrey, que en diciembre de 1800 lo era don Félix Berenguer de Marquina, en un pliego que tiene fecha 13,1 en nombre de ambas compañías y con el más sumiso respeto, informándole que "con el recomendable objeto de solemnizar una función a Nuestra Señora de Guadalupe, han cedido los asentistas el extipendio de un día... y deseosos todos de que tome el debido incremento tan loable fin, suplicamos a Vuestra Excelencia se digne concedernos licencia para cobrar la entrada doble, siempre que la función teatral sea de mérito sobresaliente, y así mismo que los individuos que ocupan palcos, lunetas y asientos por temporada, contribuyan con lo que gusten". La solicitud de Juan Medina, empresario del Coliseo, fue conocida, según el trámite acostumbrado entonces, por el fiscal de lo civil, de apellido Borbón, quien la llevó al acuerdo del virrey Berenguer de Marquina, el 16 de diciembre.

Su Excelencia el virrey dictó el siguiente acuerdo: "Es laudable el destino que pretende darse a la cantidad que produjere la entrada; pero por lo mismo, debe atenderse a que la función teatral sea en un grado que corresponda a llenar el honesto gusto del público, que contribuye en un día con el estipendio de dos de los de entrada corrientes; para lo cual, opina el fiscal, que el alcalde ordinario juez en turno del Coliseo, con sus conocimientos, y tomando los que faltaren, deberá previamente calificar el mérito de la función, cuidando de que se desempeñe con exactitud y esmero, para que pueda justamente devengarse la entrada doble.

"En la contribución voluntaria, se comprometen los sujetos que lo hacen, a emulaciones odiosas, sujetándose por otra parte a la censura del Impresario, de los Cómicos, y aun de los dependientes de éstos, que salen a colectar en fuentes.

"Por lo mismo, debe cortarse este abuso, no sólo en la función que ha motivado este ocurso, sino en todas las demás que se ofrecieren en el Coliseo, sean con el objeto que fueren; y para que se verifique el que los individuos que ocupan palcos, lunetas y asientos por temporada, no se eximan de la contribución (a que por otra parte se les podría considerar acreedores por depender de las que continuamente hacen, la subsistencia del Teatro) le parece al fiscal, que podrá establecerse la cuota señalada para los días de fiesta, adoptándose por punto general esta providencia en las funciones extraordinarias, como debe regularse la que se pretende hacer, y otras semejantes que ocurran, y deberá acaso ser alguna otra muy rara en el año, previa calificación... por ser forzoso ir remediando el abuso de recargar a los que tienen palcos y asientos de temporada.

"Con dicho, se equilibra la justicia de la contribución con respecto al servicio que puedan imponer las compañías de teatro; en la inteligencia de que las referidas funciones, indistintamente se deberán ejecutar en días que no sean los de las comedias ordinarias, y siempre de mérito y circunstancias recomendabilísimas, pues de lo contrario, a toda función de trabajo y visualidad de mérito regular y aun apreciables, tiene derecho, todo el que ocupa palco, luneta u otro asiento, por año o meses, aunque se ejecute en días diversos de los que por práctica y en favor de los intereses del Ympresario, se representa comúnmente.

"Por todo, en obsequio de los derechos del público, pide el fiscal (sea concedido) el permiso que se solicita para exigir la entrada doble, en la función de que se trata; con la prevención de que el Impresario se sujete enteramente a las cualidades y condiciones indicadas, y de que en lo sucesivo excuse del todo semejantes pretensiones, a no ser como queda indicado en ocurrencias, cuya novedad, erogaciones y mérito extraordinarios acaso den margen a concederle igual gracia, todo con analogía al verdadero espíritu de las condiciones de su remate".

El acuerdo del virrey, propuesto íntegramente por el fiscal de lo civil, se remitió al alcalde ordinario y juez en turno del Coliseo, que lo era don Ildefonso José Prieto de Bonilla, regidor perpetuo y alcalde ordinario más antiguo, y corregidor en turno de la "nobilísma ciudad de México", quien, a veintinueve de diciembre de 1800, quince días después de que el empresario Medina elevara el ocurso, dictó a su vez el acuerdo que sigue: "Téngase presente lo resuelto por el Excelentísimo Señor Virrey en su superior decreto que antecede, para que haciéndose saber a los señores alcaldes Ordinarios que se eligieren para el año próximo entrante de ochocientos uno, cuiden de su cumplimiento, y practicada igual diligencia con el asentista del teatro, devuélvase este expediente a la secretaria del Excelentísimo Señor Virrey como tiene mandado". Tomás Hidalgo, escribano real y público dio fe, con su firma, al lado de la del regidor perpetuo, alcalde ordinario y corregidor en turno.

Electos los alcaldes ordinarios el día 1 de enero de 1801, que lo fueron Bassoco y Chávarri, entéranse de la Superior resolución el 7 de enero, y ese mismo día el escribano real y público, Tomás Hidalgo, lo hizo saber a Juan Medina, asentista –es decir, empresario– del teatro la resolución virreinal, quien la oyó y firmó.

Así se llevaban las cosas del teatro en la "nobilísima ciudad de México", capital de la Nueva España, el año uno del siglo XIX. Con seriedad por parte de las más altas autoridades –el virrey–, que escuchaban las opiniones de sus subordinados reponsables –el fiscal de lo civil–; respetándose los intereses del público en primer término, y no obstante las significativas causas y razones –solemnizar el culto de la milagrosa aparición de Nuesta Señora de Guadalupe–, y sin desconocer la autoridad de quienes en los puestos subalternos y responsables que desempeñaban –el juez en turno del Coliseo–, eran los encargados de hacer cumplir las disposiciones oficiales.

Traigo a esta columna la anterior curiosa información inédita, porque tres circunstancias distintas la hacen de actualidad: la elaboración de un nuevo reglamento de diversiones (que incluirá el de teatro), la rebeldía de algún empresario de minúsculo coliseo para cumplir con el actual Reglamento de Espectáculos, y la inminente representación, en el teatro de Esperanza Iris, de una comedia para solemnizar el culto de la milagrosa aparición de Nuesta Señora de Guadalupe, que recomendará al público católico y guadalupano el señor arzobispo de México, doctor Luis María Martínez, con las siguientes palabras que tomo de un autógrafo que tengo a la vista, todavía inédito: "El drama del RP Carlos de Heredia, S.J., es una excelente versión artística de las apariciones de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Recomendamos a todos los católicos asistan a estas representaciones".

1 Tomo 473, del ramo de "Historia". Archivo General y público de la Nación.