FICHA TÉCNICA



Título obra La leyenda de Rudel

Autoría Henry Brody

Dirección Charles Lailá

Elenco José Sosa, José Mendieta, Aurora Woodrow, Bety Fabila, Alicia Aguilar, Rosendo Gómez, Miguel Botelli, Javier Iriarte

Escenografía Antonio López Mancera

Coreografía Marta Bracho

Música Ricardo Castro

Notas de Música Eduardo Hernández Moncada / director concertador

Vestuario Antonio López Mancera

Grupos y compañías Academia de Ópera del INBA, Ballet de la Academia de la Danza del INBA, Coro del Conservatorio Nacional, Orquesta Sinfónica Nacional

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Notas Con motivo de la presentación de La leyenda de Rudel, el autor comenta sobre las funciones de esta ópera en el teatro Arbeu en 1906

Referencia Armando de Maria y Campos, “La leyenda de Rudel, ópera mexicana de Ricardo Castro, en el Palacio de las Bellas Artes. I”, en Novedades, 28 octubre 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La leyenda de Rudel, ópera mexicana de Ricardo Castro, en el Palacio de las Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

La Academia de la Ópera –del Instituto Nacional de las Bellas Artes– ha presentado –23 y 26 de octubre– la ópera en un acto de Ricardo Castro, libreto de H. Brody La leyenda de Rudel con José Sosa (y José Mendieta), Aurora Woodrow, Bety Fabila (y Alicia Aguilar), Rosendo Gómez, Miguel Botello y Javier Iriarte, bajo la dirección musical de Eduardo Hernández Moncada y la escénica de Charles Lailá, con escenografía y vestuario de Antonio López Mancera y la cooperación del ballet de la Academia de Danza del INBA, según coreografía de Marta Bracho. Intervinieron también el Coro del Conservatorio Nacional de Música y la Orquesta Sinfónica Nacional.

La leyenda de Rudel era una modesta leyenda en nuestra larga historia operática. Muchos la mencionaban; pocos la habían escuchado. Se decía que había sido estrenada a principios de siglo, y eran muy escasas las noticias de su estreno, por cierto, por una gran compañía de ópera integrada por italianos. He tenido la fortuna de oír esta vez La leyenda de Rudel, muy bien tocada, estimablemente interpretada y estupendamente presentada con magnífica escenografía, de la que destaca la postura y presentación del cuadro 2o. el de la tempestad, digna producción de nuestro máximo teatro. Ahora, La leyenda de Rudel ha dejado de serlo, y pasa a ser una obra de repertorio de la Academia de Ópera de México.

Para que no se pierdan algunos detalles del estreno de La leyenda de Rudel, la noche del 1 de noviembre de 1906, en el teatro Arbeu, voy a evocarlos brevemente en ésta y en próxima crónica.

La noche del 4 de septiembre de 1904 debutó en México la Compañía de Ópera que había traído de Italia la empresa A. Barilli y Cía. El elenco era estupendo: Ernestina Poli-Randacio, soprano dramática; Josefina Picoletti, soprano lírica; Alicia Zepilli, soprano ligero; Virginia Guerrini y Teresina Ferraris, mezzosopranos; Guisela Ferrari, soprano; Merina Sollini, mezzosoprano; Patini Sirena, comprimaria; comendador Emilio de Marchi, tenor para funciones extraordinarias (así fue anunciado); Alfredo Cecchi, tenor dramático; Angel Pitucci, tenor lírico; César Spadoni, tenor "utilité" Cav. Antonio Magini-Coletti, barítono para funciones extraordinarias Mario Rousell, Pedro Gravina y Fernando Giagnoli, barítonos; Enzo Bozzano, primer bajo; Fernando Gionoli, bajo cómico; Natal Cerví, bajo; Hércules Masini, bajo "utilité" Víctor Mingardi, maestro, director y concertador; Francisco Garibotti, maestro sustituto; Arnaldo Dominici, maestro de escenario; Ottorino Vertova, maestro de coros; César Cappini, coreógrafo; Hércules Masini y Fernando Villa, directores de escena Alberto Amay, violín concertino; Pietro Casellato, apuntador; Rita Villa, arpista y Pietro Gallevarri, jefe de maquinistas. Carletto Jacopini, sastre y Reinaldo Sardi, archivero.

La orquesta estuvo compuesta por 54 profesores del Conservatorio Nacional y de los principales teatros de Italia. Coro de 52 personas, de las cuales 30 venían de Italia, con las obras bien sabidas. Cuerpo de baile formado por 16 bailarinas de fila, 100 decoraciones completas y 2,400 trajes, todo completamente nuevo y especialmente construido para esta temporada. He querido apuntar estos detalles, para que el lector de ahora vea y comprenda, por qué "había teatro en México entonces" y era muy favorecido y bien pagado, por un público numeroso, y para empezar a destruir la leyenda (otra leyenda como la de la ópera de Castro), de que ahora, o desde hace unos quince años es cuando "hay teatro en México". ¡Crímenes son de la ignorancia, más que de la estupidez!

Continúo revelando –casi descubriendo, minúsculo mediterráneo de nuestro teatro– los detalles de aquella temporada, histórica, inolvidable por muchos motivos. "Casas proveedoras: Sastrería, Chappa, de Milano; attrezo, Rancatoi, de Milano. Decoraciones: Sormani, Bertini y Pressi, y Magni, todas casas de Milano. Maquinaria, Rey y Vago, de Milano. Aparatos eléctricos, de Beretter, también de Milano como de esta procedencia eran la zapatería, de Bartoletti y las pelucas, de Michelitti. En Italia se pintó todo el decorado para los estrenos de esa temporada: La condenación de Fausto de Berlioz, La leyenda de Rudel de Castro, Siberia de Giordano y Madame Butterfly de Puccini. También se trajo decorado nuevo para Aída, Sansón y Dalila y Hugonotes, óperas muy gustadas en México. Los bocetos y telones para la nueva ópera mexicana La leyenda de Rudel fueron ejecutados por los pintores escenógrafos Constantino Magni y Cía., de la Scala milanés y todo lo concerniente a la mise en scene por las casas Giovanni Ansaldo, E. Sormani, Bertini y Pressi, italianos.

La empresa Silgadi abrió un abono para 24 funciones, pero dio, del 4 de septiembre al 29 de diciembre de 1906, la fabulosa cantidad de ¡77 funciones! La leyenda de Rudel se cantó del 1, el 2 y el 4 de noviembre, correspondiéndole las funciones 45, 47 y 48. No toda la temporada se desarrolló en el Arbeu. Las últimas funciones se celebraron en el Renacimiento, después de una breve gira por los estados; en el Renacimiento se estrenó Madame Butterfly. Fue una temporada extraordinaria, y más, si se tiene en cuenta que en el Principal se desarrollaba ¡simultáneamente! otra temporada de ópera, con María Barrientos como primera figura, que dio ¡32 representaciones! ¿Y sabéis por qué la compañía de Silgadi tuvo que abandonar el Arbeu y salir de gira, y refugiarse en el Renacimiento? Sencillamente porque al Arbeu venía a debutar, a fines de 1906, casi nadie: ¡Ermette Novelli!, con 26 elementos de Compañía sin contar con el administrador general, el secretario, dos apuntadores, dos attrezistas y dos maquinistas. Primera figura de la Compañía de Novelli era Olga Giannini.

¿Verdad que es una necesidad del tamaño de la cuenca del Papaloapan asegurar que hasta ahora México empieza a tener teatro?

¡Qué pena que se acaba el espacio ahora que llegaba a la fecha de la primera representación de La leyenda de Rudel, de Ricardo Castro! Tengo delante, y es lástima que no sea factible reproducirlas, cuatro fotografías de su escenografía –tres sin personajes, la otra con la compañía "a bordo"– realmente interesantes para la historia de la escenografía en México. La de la tienda de la condesa de Trípoli, en Siria, magnífica y suntuosa, y admirable la que reconstruye la barcaza en que el poeta Rudel navega, con cuarenta personas a bordo. También contemplo los retratos de Virginia Guerrini, que cantó la Condesa, hermosura frondosa, rostro de muñeca; de Josefina Picoletti, también hermosísima; del gallardo Angel Pintucci, como Rudel; de Giacomello, de Cervi, de Spadoni. Imposible imaginar, viendo sus desvaídos retratos, cómo cantarían Pitucci, la Guerrini, la Picoletti. Unos apuntes de un pariente testigo, que ahora consulto, dicen que "la Guerrini fue una encantadora condesa", que la Picoletti "estuvo deliciosa, como siempre" y que Pintucci, "además de cantante dio pruebas de ser notable músico, interpretando correctamente, su difícilísima parte."

En la próxima crónica traeré a esta columna la opinión del maestro Eduardo Trucco sobre el estreno de La leyenda de Rudel, hace justamente cuarenta y seis años.