FICHA TÉCNICA



Título obra Ángeles y payasos

Notas de Título Clowns and angels (título en el idioma original)

Autoría Ronn Marvin

Notas de autoría Jesús Cárdenas / traducción

Dirección Luz Alba

Elenco Luz Alba, Tamara Garina, Carola Alena, Mario Lavalle, Ricardo Fuentes, José Luis Caro, León Escobar, Francisco Pando, Roberto Safon, Jenaro Vacca, Otilia Larraña, Mercedes Pascual, Débora Velázquez, Tomás Seijas, Edmundo Mendoza, Jorge Caro

Escenografía Antonio López Mancera

Vestuario Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Esperanza Iris

Referencia Armando de Maria y Campos, “Un espectáculo dramático coreográfico en el teatro de Esperanza Iris”, en Novedades, 16 octubre 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Un espectáculo dramático coreográfico en el teatro de Esperanza Iris

Armando de Maria y Campos

Doña Luz Alba, ciudadana de los Estados Unidos de Norteamérica, es una enamorada del teatro, al que ha consagrado sus mejores años y sus más nobles energías. Vino a México hace más de tres lustros a hacer teatro, y creo que sus primeras actividades fueron como actriz, a las órdenes o bajo la dirección de Fernando Wagner, cuando este recitador y director teatral después, dirigió exclusivamente teatro en inglés y para las colonias norteamericana e inglesa, con el denominador común de Teatro Pan Americano. Luz Alba se independizó de Wagner, abandonó las tablas como actriz, y se hizo directora teatral, yendo y viniendo a Hollywood. Como todos los directores teatrales de origen extranjero que trabajan para México desde hace más o menos quince años, Luz Alba ha tenido en sus diversos grupos a casi todos los aficionados que han surgido durante ese mismo tiempo, tomándolos o dejándolos, cambiándolos o prestándolos, contribuyendo a que se hicieran, en fin, marcándolos con el sello de una dicción extraña a veces, siempre "poco nuestra", fenómeno que es común a casi todos los discípulos de Wagner, Moreau, Vernal, Seki Sano, Duprez, Rooner, etc.

A fines de 1944, Luz Alba montó en el Bellas Artes una Salomé –la de Óscar Wilde– con María Douglas en la protagonista. Entre las intérpretes femeninas figuraba una joven rusonorteamericana de nombre o pseudómino Tamara Garina, que es la misma que ahora hace la parte principal en la pieza Ángeles y payasos de Ronn Marvin, que Luz Alba ha venido desde Hollywood a poner sobre el escenario del teatro de Esperanza Iris, sin duda el segundo de la República, y el primero nuestro en importancia comercial. A Luz Alba y a Tamara Garina acompaña desde la Meca del Cine, o más bien desde Los Ángeles, Cal., la bailarina y ahora también actriz Carola Alena.

Ángeles y payasos, en inglés Clowns and angels es un melodrama con incrustaciones de ballet, necesarias, porque su acción ocurre "en cualquier país del mundo donde actúe una compañía de ballet". Como se desarrolla su tema entre figuras y elementos de una compañía de bailarines, el autor ha señalado la conveniencia de que sus intérpretes en general sean bailarines del género de ballet, entre más profesionales mejor. Así fue presentado Clowns and angels en el Pasadena Play House, de California, primero en 1950, después en 1951. Con Ronn Marvin, que figura como autor de esta pieza... bailable, colaboraron si no en su redacción material, sí en su plan, en su construcción, aconsejando escenas, sugiriendo personajes, injertando anécdotas íntimas de la vida deslumbrante del ballet entre bastidores, la propia Luz Alba y Tamara Garina, ambas profesoras de una escuela de arte dramático en California, muchos de cuyos alumnos integraron el reparto de las representaciones que en Pasadena Play House se le han dado a Clowns and angels. El papel de Joel Winters lo hizo en Norteamérica Mario Lavalle, y Tamara Garina y Carola Alena los mismos que han venido a México a interpretar.

Luz Alba, quien había regresado a los Estados Unidos para hacer un poco de dinero y con él retornar a México a hacer teatro, lo reunió, trabajando como profesora en una escuela de arte dramático e interpretando algunos papeles cortos en varias películas rodadas en Hollywood. Regresó, de prisa y corriendo, hace cuatro o más meses, y desde luego se dedicó a montar esta obra con la que iniciaría la serie de posturas de novedades teatrales que había preparado largamente para presentárnosla. La postura de Ángeles y payasos, que es difícil, y que en verdad le ha resultado propia y suntuosa, y el largo periodo de ensayos, que se inició con la búsqueda en las academias de baile de bailarines a los que ella haría actores o actrices, la dejaron arruinada, al grado que en vísperas del estreno tuvo que empeñar su reloj de pulsera para solventar los últimos gastos.

Ángeles y payasos es una larga pieza teatral que tiene de todos los géneros teatrales en pintoresca mixtura, y no es fácil concretar qué cantidades de melodrama, de folletín escénico, de ballet y aun de recursos cinematográficos, lo integran en definitiva. Como pieza de teatro concreto está sin cuajar, inmadura verdaderamente, de acción varia y dispersa. Larga, reiterativa, divertida finalmente. Su tema –rivalidades entre bastidores, la estrella que declina, el sol que se levanta, el chulo actor, en este caso bailarín, el empresario que tiene por amante, es la tradición, a la primera figura–, es viejo, manoseado y sobado, en el teatro de todas las lenguas y de todos los tiempos. Pero siempre interesa. Creo que sí le sobra "libro", y que también ganaría la acción si le cortaran escenas de baile. A través de la traducción de Jesús Cárdenas –que a veces desciende a lo chabacano deliberadamente–, la pieza de Ronn Marvin se escucha con interés y entretiene con regocijo.

Con excepción de cinco actores –Ricardo Fuentes, José Luis Caro, León Escobar, Francisco Pando y Robert Safon–, el resto del reparto fue integrado por bailarinas y bailarines profesionales. De Hollywood vinieron Tamara Garina y Carola Alena; aquí se contrató a Jenaro Vacca, resto del naufragio de la compañía de revistas italianas de Oriani. Los tres contribuyeron a darle a la pieza un tono exótico con su acento extranjero. El resto fue sacado de la Academia de Danza de Bellas Artes, excepción hecha de Otilia Larrañaga, bailarina y actriz en cierne. Luz Alba se preocupó de la propiedad de los personajes. Le hacían falta tres jóvenes bailarines homosexuales, y los halló; dan alegre nota extraña y pintoresca a la representación. Mercedes Pascual y Débora Velázquez, bailarinas en todo momento, se portan discretas como actrices, y hablan con claridad.

La interpretación se resiente de falta de unidad en la dicción. Extraña al oído el acento de Tamara Garina, que cumple como actriz y bailarina; de Carola Alena, que ejecuta el más absurdo de los bailes españoles que pueda imaginar un habitante de Hollywood, menos actriz y bailarina que la Garina; de Jenaro Vacca, quien no pasa de estar discreto. El galán José Luis Caro –quien antes fue o intentó ser novillero–, compone muy bien su papel, al que le ayuda su presencia y temperamento. Creo que la mejor interpretación descansa en Otilia Larrañaga, como actriz y bailarina, preciosa de figura y exquisita de sentimiento. Su porvenir es espléndido, cualquiera que sea el camino que elija. Nos es posible dejar de decir de los bailarines... pintorescos –Tomás Seijas, Edmundo Mendoza y Jorge Cano–, autorrepresentan con mucha desenvoltura. El resto del largo reparto cumple, bajo el signo directorial, y con el sello inconfundible, de Luz Alba.

Ángeles y payasos está presentada con más que lujo y propiedad, suntuosamente. El decorado –escenografía y vestuario– de Antonio López Mancera, simple, funcional, del mejor gusto; muy bien resuelto el interior de un teatro en cualquier lugar, a las seis de la tarde, durante una función de ballet, y otra hora más noche.

De todos modos, Ángeles y payasosClowns and angels– de Ronn Marvin resulta un espectáculo intersante.