FICHA TÉCNICA



Título obra Doña Beatriz

Autoría Carlos Solórzano

Dirección Max Aub

Elenco Carmen Montejo, Alicia Montoya, Augusto Benedico, Carlos Llopis, Indiano, Beatriz Caso de Solórzano, Paloma Gorostiza

Escenografía Manuel Fontanals

Grupos y compañías Compañía de Teatro Universitario

Espacios teatrales Sala Molière

Notas El autor menciona a los integrantes del patronato de Teatro Universitario de la UNAM

Referencia Armando de Maria y Campos, “Estreno de Doña Beatriz de Carlos Solórzano, por la compañía de Teatro Universitario, en la sala Molière”, en Novedades, 7 octubre 1952.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Doña Beatriz de Carlos Solórzano, por la compañía de Teatro Universitario, en la sala Molière

Armando de Maria y Campos

Estima el director de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma de México, Lic. Horacio Labastida, ex rector de la Universidad de Puebla, que una de las tareas de la Universidad es enriquecer la cultura en todos sus aspectos, buscar en el teatro realzar los valores e ideales que nos sustentan y que, en consecuencia, no se limitará la UNAM, en su programa de Teatro Universitario "a la mera presentación del drama o a la cuidadosa elección de las obras", sino que, además, abriga "la ambición noble de señalar caminos, ofrecer limpias oportunidades y educar y mostrar las excelentes concepciones de la sensibilidad dramática de todos los tiempos". Se propone, pues, el Teatro Universitario, trabajar "en las salas de la capital y del interior del país, y saldrá a los barrios, a los poblados, a las rancherías, a las zonas agrícolas e industriales, llevando al anchuroso campo de la patria el mensaje generoso del aula universitaria."

Ya hizo su primera salida por los campos de... Talía, ocupando la sala Molière para representar la pieza en tres actos –auto la llama su autor–, Doña Beatriz, la sin ventura de Carlos Solórzano, joven autor de 30 años, de origen guatemalteco, que cursó todos sus estudios en la UNAM, hasta obtener el grado de doctor en Letras, y que con esta obra inicia su carrera de autor teatral. (Estreno, 25 de septiembre). Para darle forma comercial al Teatro Universitario, la Universidad Nacional Autónoma permitió la integración de un Patronato, que ya quedó formado por las siguientes personas: doña Beatriz Velasco de Alemán, doña Soledad Orozco de Ávila Camacho, doña Rafaela García Pimentel de Bernal, doña Ángela Zevada de González de la Vega y doña Yolanda Margain de Lazo de la Vega, y por el Lic. don Luis Garrido, rector de la Universidad de México; don Antonio J. Bermúdez, Lic. don Antonio Carrillo Flores, Lic. don Antonio Castro Leal, Dr. don Rafael Pascasio Gamboa, Lic. don Horacio Labastida, Arq. don Carlos Lazo y Dr. en Letras don Alfonso Reyes. Ejerce la presidencia ejecutiva del Patronato, doña Beatriz Caso de Solórzano.

El "drama íntimo de Conquistadores", o auto histórico, Doña Beatriz, fue publicado por Cuadernos Americanos, la gran revista de don Jesús Silva Herzog, y después en separata, en 1951. Entonces contenía tres actos fundamentales, y "un prólogo y un epílogo innecesarios", y tanto, que para poder llevarla a escena su autor, los suprimió formando nuevos personajes y creando nuevas escenas, que intercaló en lugares convenientes de la acción. "A raíz de su publicación –me conversó Carlos Solórzano–, don Jesús Silva Herzog, don Alfonso Caso, don Antonio Castro Leal y otras personas, me dijeron que la idea del prólogo y del epílogo resultaba antiteatral. Por eso decidí suprimirlos y agregar, en vez de ellos, las cuatro breves escenas que, entre otras cosas, presentan a un personaje del que sólo se hablaba: el hermano de doña Beatriz. Hice aparecer al confesor en el primer acto y a don Jorge en el tercero. Hice, además unos cortes en el diálogo del segundo acto entre doña Beatriz y doña Blanca, pues según consejo de las personas citadas, resultaban demasiado estáticas para el público. La creación de las nuevas escenas, trajo como consecuencia la necesidad de anunciarlas en las que parecían invariables, mediante parlamento de tipo funcional. A Carmen Montejo le hace mucha gracia el hecho de que yo le cambiara alguna de las frases que ella debía decir, sobre todo porque esto sucedía en el curso del mismo ensayo, pero es que, ante el escenario, se opaca el valor de lo que creíamos más agudo y se destacan las más inesperadas situaciones o palabras. De este modo he trabajado todo este tiempo durante los ensayos y fuera de ellos. No sé si esto es un resultado de mi inexperiencia, pero era para mí muy difícil negar un cambio que los actores solicitaban o sostener una frase que les era difícil pronunciar o situar dentro del movimiento escénico. Tal me aconteció con las "frases del telón", en donde la actriz reclamaba la mayor fuerza dramática. Estas son las razones de los cambios que he hecho a la obra. Usted verá si ha ganado su valor escénico, como dicen unos, o si como dicen otros, ha perdido, en cuanto a que los problemas no viven con igual intensidad en el alma de los personajes. Yo no podría saberlo por mí mismo..."

He tratado de comunicar al lector fielmente la conversación con Solórzano, porque su contenido, por sincero, es de gran valor. Sí; la pieza de Solórzano ganó, y no perdió gran cosa, con las necesarias modificaciones. Es la de Solórzano pieza histórica, una dramática página de la historia de la conquista de Guatemala, en la no aliviada ciudad de Santiago de los Caballeros. Ocurre la acción en la antigua Guatemala, en el palacio del conquistador don Pedro de Alvarado, y figura principal en ella es doña Beatriz de la Cueva, sobrina del duque de Alburquerque, su mujer, desventurada Beatriz, no aclimatada nunca en el corazón de Alvarado, ni en el de la América que había conquistado su marido, cruel, católico y voluble. Cruza como un relámpago de hierro y sangre la figura de don Pedro; lo vemos morir después. Doña Beatriz, desventura y amor, orgullo y sacrificio, está revivida de modo excelente. La historia de Guatemala camina por la pieza de Solórzano con soltura, con respeto y con fidelidad. El lenguaje certero y exacto fluye del pasado, y es como una flor seca entre las páginas de un libro antiguo, raro y exquisito. La acción eslabona las escenas con natural precisión y la comedia o auto –la historia de un amor desventurado, de una vida, que se agota por propia voluntad– se desarrolla con lógica dramática y culmina en la muerte voluntaria de doña Beatriz, en medio de la enorme catástrofe que borra del mapa a la antigua Guatemala, espuma de amor y cresta de sacrificio en la tremenda tempestad que provoca el volcán implacable...

Doña Beatriz, la sin ventura es una excelente pieza de teatro americano, y ya, desde luego, orgullo del teatro guatemalteco; su corte clásico indudable, su lenguaje castizo, "muy antiguo y muy moderno", como aconsejaría Rubén, su arquitectura equilibrada, bien compuesta, revelan a un autor que conoce todos los caminos que llevan al teatro clásico español y que, de vuelta de aquellos modelos, con elementos arrancados de la realidad, recrea personajes históricos, les infunde vida, en fin, sobre la escena. A muchos extrañará este corte de teatro, heroico y romántico, pero será porque no se encuentran familiarizados con el clásico –no es lo mismo que antiguo–, del que devienen Solórzano y su pieza, modelo, además de teatro universitario.

Carmen Montejo, como Beatriz, tiene la mejor actuación dramática que le he visto. En corola fresca y radiante, su madurez artística –opulenta de voz, señorial en el ademán, tempestuoso el temperamento–, crea una doña Beatriz de la Cueva que no puede ser mejor. Carmen Montejo es, sin duda, una de las mejores actrices dramáticas de América. Su Beatriz sin ventura y de Alvarado, no deja lugar a dudas. Otra gran satisfacción es ver a Alicia Montoya –la doña Blanca de Padilla–, actuando mejor que nunca, voz y ademán magníficos, seguridad de quien nació para representar bien. El resto de actores –Benedico, Llopis, Indiano, etc.–, aunque discretos, qué lejos de la Montejo. Una excepción, lógica por demás, en lo borroso de la interpretación general, son doña Beatriz Caso de Solórzano y Paloma Gorostiza, que pisan las tablas por primera vez, ambas muy seguras y conscientes, mejor, desde luego, la señora de Solórzano, en doña Leonor de Alvarado, por la importancia del personaje y la categoría de las emociones de que habita a la hija del conquistador y una india.

Sobrio, propio y de buen gusto el decorado de Manuel Fontanals. Discreta la dirección de Max Aub.